jueves, 8 de enero de 2026


 

ALFRED DOUGLAS

 

 

Una oración

 

 

A menudo el viento del oeste me ha cantado,
hubo voces en ríos y en lagunas quietas,
y árboles dolientes me hablaron, Dios, de Ti:
y no escuché. ¡Oh, abre Tú mis oídos!

Los juncos susurraron quedo al pasar yo:
«Sé fuerte, amigo, sé fuerte, deja miedos vanos,
no aflijas tu alma con dudas, Dios no miente»:
y no escuché. ¡Oh, abre Tú mis oídos!

Muchas estrellas guiaron mis pasos,
a menudo la luna delicada, al oír mis suspiros,
rasgó las nubes y mostró una calle de plata;
y no vi. ¡Oh, abre Tú mis ojos!

Ángeles me llamaron sin descanso,
y caminaron conmigo; y desde cielos sombríos
el mismo Cristo tendió sus manos hacia mí;
y no vi. ¡Oh, abre Tú mis ojos!

 

 

JENNY WASIUK

 

  

Lágrimas:

 

 

Limpiad mis ojos
empañados
por un amor inesperado

Surcad mi rostro
tatuado
por sus besos

Salad mi boca
almibarada
por su boca

Desbordadme!!!
Sólo en vosotras
me equilibro…

 

 

WENDY COPE

 

  

Gente deportista

  

La tomé por alguien como yo
y fue un buen sobresalto
cuando mi nueva amiga reveló
que, hace tiempo,
fue campeona juvenil de tenis del condado.

¿Cómo pudo pasar?
¿Cómo pude yo, por accidente,
hacerme amiga de una campeona de tenis?
¿Cómo pudo una campeona de tenis

hacerse amiga mía?

No era tonta. Leía libros.
Nunca fue cruel conmigo
por ser mala en los juegos.
Decidí perdonar
su desafortunado pasado.

La gente deportista puede estar bien.
Claro que puede.
Más tarde conocí poetas
que jugaban al fútbol.
Eso todavía me cuesta asimilarlo.

 

 

DAVID WAPNER

 

 

Campo

 

 

Volviendo al campo
no entiendo a dónde empieza y en dónde termina:

El campo es el resultado de la muerte de una alfombra:
la alfombra de la especie más grande ha muerto y se pudrió.

Todos los bichos del mundo nacen de esa muerte
y de la alfombra no queda más que la idea que se tiene de ella:
que es el campo, que la alfombra es el campo,

y el campo, ya lo dijimos,
el campo está muerto.

Pobre vector.
Pobre línea del campo
que no flota, ni pisa, ni excava:

¡Pobre vector del campo,
pobre sombra que se quema,
porque el sol es malo y no perdona!

Pobre rayo que cae de arriba,
pobre abajo,
¡el vector del campo!

Campo, hijo,
campo verde como una botella,
verde de esa raza de animal extinto
que se llamaba campo,
y qued
ó así, cortado de cuajo,
culo abierto al cielo,
a la buena de Dios.

 

 

 

BERLIE DOHERTY

 

 

Más silencioso que la nieve

 

 

Fui al colegio un día demasiado pronto
y no pude entender
por qué el silencio colgaba en el patio como sábanas,
nada que ondear ni girar,
ni crujidos,
ni estallidos de voces, solo aire.

Y el aparcamiento vacío de coches de profesores,
solo las primeras hojas de septiembre
cayendo como papel.
Sin filas de bicis,
sin piernas que patean, sin peleas,
sin voces, risas, nada.
Y aun así la puerta estaba abierta.
Mis pies se hundían por el pasillo.
Mi reflejo caminaba conmigo junto al salón.
Mi aula no olía a nada.

Y el silencio rodaba como un trueno en mis oídos.
En cada pupitre un niño inmóvil me miraba.
Los profesores atravesaban las paredes y volvían.
Las puertas de los armarios se abrían, y salían arrastrándose

más niños silenciosos, y aún más.
Caminaban de puntillas a mi alrededor,
me tocaban con manos heladas
y abrían la boca en una risa
que era
más silenciosa
que la nieve.

 

 

LILIANA ANCALAO

 

  

Las chicas de Cushamen

a la memoria de las Meli: mi abuela Peti, mi mamá Eugenia y mis tías Cecilia y Segunda

 

 

voy a honrar a esta memoria
que me avisa
que ya viene
en las ancas de mi sueño

debo tener preparado el corazón
y lo amaso en una mesa de cuatro patas
traigo una matra
la doblo y cubro el banco
-asiento asiento-
y mi corazón se pone laboreado

soplo en las cenizas
el aliento mi newen partido
-Anciano Fuego Anciana
despierten
vengan a mirar
a las chicas
que vinieron de visita-

chiñoras parecen
con cabello enrulado
con pintura en los labios
-chiñoras- les digo
para escuchar su risa
en el tiempo que regresa

allá
el día comienza
a la misma hora siempre

el marido se pone el mameluco los botines
y se trepa a un camión, el de la empresa
y una se pone las zapatillas y el pañuelo
de sirvienta por hora
y camina hasta la casa central
de la patrona

y cada lunes tiene que estar almidonado el guardapolvo de los hijos
y su poesía de memoria y las tablas

el tiempo es un filo que cae sobre una
y te corta lo que sobra:
las palabras
el llanto
el mirar largo a tus crías
para que salgas
puntual y rendidora
hacia el trabajo

ahora se miran en la cara de mi abuela Peti
y el tiempo es un caballo que descansa en el potrero

y yo que nunca pude manejar el tiempo
estudié para dar clases de cuarenta minutos
y me sobraban diez

o me faltaban cinco

ahora escribo
eso se ve en mis manos
sin paspaduras y sin callos
no aprendí a carnear un capón
ni cuidé un cordero guacho en el invierno

en las vacaciones de la escuela
nos estaba permitido el viaje
un trecho hasta la hilera de los álamos
un infinito hasta el puente del río cakel
hasta ver el azul que me volvía adentro
donde la malasangre
se aquietaba

pasar el tramo de los teros y las avutardas
llegar a los abrojos y al neneo
a la huella seca
al ladrido de los perros