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viernes, 11 de abril de 2025

MARGE PIERCY

 

 


La muñeca Barbie

 

 

Esta niñita nació como de costumbre
y le regalaron muñecas que hacían pipí
y estufas y planchas GE en miniatura
y pintalabios de caramelo de cereza.
En plena pubertad, un compañero le dijo:
tienes la nariz grande y las piernas gordas.

Era sana, probadamente inteligente,
poseía brazos y espalda fuertes,
abundante impulso sexual y destreza manual.
Iba de un lado a otro disculpándose.
Pero solo veían una narizota sobre unas piernotas.

Le aconsejaron que se hiciera la tímida,
la exhortaron a que se animara,
haz ejercicio, dieta, sonríe y seduce.
Su buen carácter se desgastó
como la correa de un ventilador.
Así que se arrancó la nariz y las piernas
como para devolverlas a la fábrica.

En el ataúd, expuesto sobre un velo de satén
yacía con el maquillaje de la funeraria,
la nariz respingona de masilla,
vestida con un camisón rosa y blanco.
Qué bonita se ve, decían todos.
Por fin la consumación.
Un final feliz para cualquier mujer.

 

 

 

jueves, 10 de abril de 2025

MARGE PIERCY

 

 

 

La más clara alegría

 

 

La más clara alegría
es el cese de un gran sufrimiento.
Cuando la campana de hierro se quita de la cabeza,
cuando el clamoroso choque se apacigua en los nervios,
cuando el cuerpo se desliza libre
como la carnada del anzuelo
y el pútrido aire de la ciudad
empieza a bullir en los pulmones.
La luz resbala en miel sobre los ojos.
El austero techo se vuelve merengue.
El cuerpo se desenreda, se despliega
prodigiosamente vacío como un lirio.
Respirar es bailar.
Muda y enteramente
como la albahaca en la ventana
levanto la nariz al sol.

 

 

miércoles, 9 de abril de 2025

MARGE PIERCY

 

 

  

Promesas de invierno

 

 

Tomates rozagantes como las nalgas perfectas de los bebés,
berenjenas brillosas como guardabarros lustrados,
ajíes impecables de neón violeta
y reluciente, chauchas trepadoras prolíficas
que crecen como el tallo de Jack bajo los efectos del Viagra,
grandes como ruedas de camión, las zinias que el hongo
nunca marchita, las rosas colgadas
de un arbusto que el chancro jamás tocó,
los arbolitos frutales valientes que ladean
sus adornos inmaculados de frutas de vidrio:

estoy acostada en el sofá, cubierta
de catálogos de semillas, queriendo comprar
demasiadas. Por la ventana cae
aguanieve y un viento ribeteado de
cuchillos de hielo se mete por cada hendija.
Miéntanme, mercaderes de jardines:
Quiero creer en todas las promesas,
creer en tomates de dos kilos
y en dalias más brillantes que el sol
que se comió la escarcha hace unos días.