"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 27 de julio de 2026
ANDRÉS GARCÍA CERDÁN
Agujeros
Encuentro
en el armario
un jersey que llevé de adolescente.
Está arrugado,
deshecho.
Tiene agujeros de distintas formas.
La lana que eligió mi madre
—antes rojo burdeos—
se desvanece en la erosión.
La vainica es un libro
que se ha descuadernado,
un ovillo de signos
dados de sí.
¿Al otro lado de esos agujeros
hay alguien?
¿Quién nos escucha en su indolencia?
El descosido, la rotura,
las hebras sueltas:
semántica
de un texto lleno de agujeros,
unas pocas palabras destrenzadas
en las que algo
se está perdiendo siempre,
en las que siempre hay algo más.
De: “El
gran amor”
GIL COLUNJE
El
canto del Llanero
Nuestros hijos sabrán nuestras acciones.
Espronceda.
Coro
¡Llaneros,
a caballo! ¡Lanza en ristre,
venid al punto a combatir!… ¡Volad!
¡El pecho ardiente en fuego de venganza,
vamos a redimir la Libertad!
¿No
véis allí, de polvo entre esa nube,
hirviente muchedumbre que se agita?
Piérdese, de ella en la espantosa grita,
de una mujer la dolorida voz…
Es de una virgen, cual ninguna, hermosa,
acosada de canes en traílla,
que saltan y que hieren su mejilla,
¡hartos de rabia, con crueldad feroz!
¡Llaneros, a caballo!…
Rasgada
está la túnica que viste:
desordenado su cabello ondea:
su pie desnudo, de dolor flaquea;
requema el llanto su abatida faz…
Ora logra escapar a las rechiflas,
y sus lánguidos ojos torna al cielo:
no halla paz en la tierra, ni consuelo;
¡a nadie apiada su dolor tenaz!
¡Llaneros, a caballo!…
Miradla,
confundida, despreciada,
su intensa pena devorando sola,
cual se ve en el desierto la amapola
que el viento ha quebrantado en su furor…
¡Que! ¿nos os conmueven su afligido rostro,
su dulce voz, sus ayes lastimeros? …
Oídla demandando a los Llaneros
¡que la presten su ayuda y su favor!
¡Llaneros, a caballo!…
¡Vedla!
Ya seco el manantial del llanto,
y en su dolor más bella todavía,
que no ha logrado la infernal jauría
¡apagar en su frente el arrebol! …
¡Esa es la Libertad! La que bajara
al suelo de los Andes entre nubes,
al celeste cantar de los querubes,
¡en los rayos de luz del almo sol!
¡Llaneros, a caballo!…
¡Oh!
¡Se encienden en ira vuestros ojos!
Viéronlos, y se aprestan, los Leones;
relinchan impacientes los bridones,
¡que oyeron del clarín bélico son! …
¡Montad, volad, llaneros esforzados!
Después del triunfo, la ración ligera:
el adalid de Libertad no espera,
para lidiar por ella, su ración.
¡Llaneros, a caballo!…
¿Qué
mucho, si nos mira allí la diosa
y nos tiende sus manos suplicantes? …
Llaneros, conoció Vuestros semblantes;
isus hijos vio, su amparo, su sostén! …
Hincad los acicates! Desbocados,
vuestros corceles arremetan fieros;
que si sacais triunfantes los aceros,
¡la misma diosa os orlará la sien!
¡Llaneros, a caballo!…
¡Id!
que así arrancaréis nuestros derechos,
a rudos botes, del tirano impío;
y rota su corona a nuestro brío,
¡entre el cieno y su sangre rodará!
Altivos la hallarán nuestros caballos,
con abierta nariz, boca espumante:
La Libertad de América, triunfante,
¡en nuestros fuertes hombros se alzará!
¡Llaneros, a caballo!…
Ella
será la herencia a nuestros hijos,
que no tendrán ni sátrapas ni reyes:
sólo serán esclavos de las leyes,
inspiradas por Dios y la Razón.
Y en galardón a nuestro esfuerzo raro,
y eterno en ellos nuestro heroico ejemplo,
tendrá la Libertad de amor un templo
¡en cada americano corazón!
¡Llaneros,
a caballo! Lanza en ristre,
¡venid al punto a combatir!… ¡Volad!
¡El pecho ardiendo en fuego de venganza,
vamos a redimir la Libertad!
ÁLVARO OJEDA
4
Se
sabe cansado:
el débil zumbido del trompo
la púa en ángulo de muerte
la húmeda voracidad de la memoria
las rudas sinestesias del olvido
las inútiles amnesias provocadas.
Se
supo cansado
y trató de tramar
siervo de la gleba
la penúltima sublevación.
Se
sabe cansado
su perro lo comprende
desde la tibia morosidad de sus ojos
sin embargo lo espera
ambos se esperan
en una tensa
amable
ecuanimidad.
CLAUDIA MARÍA JOVEL
Mi
poesía
Mi
poesía —con esperanza
con amor,
con odio—
busca contribuir con versos
en el caminar seguro de la
historia.
VERA RICH
Bonjour,
faiblesse!
¿Por
qué mentí?
La respuesta es clara:
tan débil fui,
¡no pude en pie, mi amada!
ARTURO BORRA
Arriesgar
lo no vivido: repetir/ aquel gesto cuando te asomabas/ al borde de una ventana
para mirar sobre las nubes.
Y
entregarse así, con ojos de asombro, a la cifra de lo mínimo.
Aquel
gesto fuera del desencanto/ inapelable/ abrazando
lo entrevisto.
De: “Todo
tanto”
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