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viernes, 10 de enero de 2025

STEFHANY ROJAS WAGNER

 

  


 

El rock de los pobres

 



Nosotros los pobres

caminamos con los pies desnudos

sobre el pavimento caliente del futuro.

Descubrimos el rostro a la aurora

y nos escupen las palomas.

Naufragamos en nosotros mismos.

Tenemos el bolsillo roto,

el pan duro del desespero,

el brote de ruda en la billetera.

Nosotros los pobres

bailamos la pólvora de diciembre

embutidos en ropa de segunda mano.

De niños nos sacan los piojos

sobre un pañuelo,

nos aplastan el cabello con saliva

y nos echan café en las heridas.

Somos los desposeídos de sentido común,

los amputados de fantasía,

los que se limpian la nariz con los dedos.

Nosotros los pobres

incomodamos la vista, olemos raro

y viajamos apretujados en los buses.

No sabemos qué es el Banco Mundial,

pero bebemos de su agua putrefacta.

Nuestras manos atrapan la luz del firmamento,

estamos desesperados por vivir,

sacamos nuestro ataúd

del hocico de la locura.

Lo sabemos, el contrato se rompió

y el delirio se rompió.

Este nombre no nos pertenece,

este cuerpo está vacante.

Nosotros los pobres

caminamos con los pies desnudos.

Nadie se detiene y nos lleva a casa.

Rompemos la guitarra contra el concreto.

Somos esta deliciosa música.

 

 

 

 

jueves, 9 de enero de 2025

STEFHANY ROJAS WAGNER

 

  

 

Atado de claveles rojos

 


Si fui débil antes, voy a ser débil ahora,

estoy diciendo que soy un ser inagotable,

voy por las calles y el viento me enloquece.

Mis amigos dicen, Stefhany cuídate un poco,

y le doy vueltas a la botella de ginebra.

Sí, mi amor, soy frágil, pero no tanto como tú,

ya me voy a dormir entre tus brazos,

cruzo la ciudad sobre mi cohete envenenado.

Sí, mi amor, me voy a poner la pijama,

no quiero pensar en esta cicatriz durante diez años más,

estoy aprendiendo a dibujar autorretratos,

no duermo las cinco horas que te dije

y perdí el apetito hace dos semanas.

Estoy bien esta noche,

llena de humo y sillas vacías,

repitiendo poemas como si fueran plegarias.

Mis amigos dicen que lo piense con cabeza fría,

la ginebra sigue dando vueltas en mis manos.

A veces siento que no hay nada que pueda hacer.

Sí, mi amor, cuando muera

siembra claveles en mi boca,

llévame a casa.

 

De: “Breve tratado de la melancolía

 

 

 

 

miércoles, 8 de enero de 2025

STEFHANY ROJAS WAGNER

 

 

 

Rock and roll a diez mil pies de altura

 



Elvis toca sobre la línea ecuatorial

en un avión que viaja al sur,

huye de un país con hambre,

huye del cementerio.

Se sienta en mis piernas como un niño,

con la nariz rota y un infarto irremediable.

Mira la piel metálica de este buitre;

los picos de las montañas alumbran

a través de la ventana de polietileno.

Todo es bello cuando se oxida

y se pierde en el espacio.

Es este reflejo pálido de la noche

lo que me pone neurótica

entre la sangre y la niebla.

Le digo: espera hago una llamada, cariño,

espera que hay un hombre al otro lado de la línea.

Sí, estoy enamorada, sí, es como la cocaína.

 

Hola, te llamé con mi caja negra,

¿Ves la luna desde la tierra?

Aquí estoy con Elvis y la vemos.

Suponemos que salimos de la atmósfera,

suponemos que lo distante es nuestro reino,

los muros de la capital que nos vomitan.

Dime, ¿ves los satélites?

solitarios como nosotros,

hostiles en el tiempo como nosotros,

perdidos en el firmamento

entre esquirlas y astronautas.

Te estoy abrumando, ¿verdad?

Vuelve a la cama.

Adiós.

 

Elvis pregunta por qué vuelo con él

kilómetros lejos de casa,

no es por la montaña blanca de mis pulmones,

no es por el aceite bajo el músculo muerto,

no es por el agua envenenada del hígado;

hay esperanza,

hay una ducha con sales minerales,

hay palabras de fantasía en la boca

de este hombre en el teléfono.

Lo siento, Elvis, tengo que dejarte en este asteroide.

Tengo que marcharme de este manicomio.