"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 30 de marzo de 2016
LARISSA ORELLANA
III
Primavera regresa
con nieve en el alma,
una crisálida invisible
y árboles callados.
De: Primavera blanca.
LÊDO IVO
El
portón
El
portón se abre el día entero
pero en la noche yo mismo lo cierro.
No espero ningún visitante nocturno
a no ser el ladrón que salta el muro de los sueños.
La noche es tan silenciosa que me hace escuchar
el nacimiento de los manantiales en los bosques.
Mi cama blanca como la vía láctea
es breve para mí en la noche negra.
Ocupo todo el espacio del mundo. Mi mano desatenta
derriba una estrella y ahuyenta un murciélago.
El latir de mi corazón intriga a las lechuzas
que, en las ramas de los cedros, rumian el enigma
del día y de la noche paridos por las aguas.
En mi sueño de piedra quedo inmóvil y viajo.
Soy el viento que palpa las alcachofas
y enmohece los arreos colgados en el establo.
Soy la hormiga que, guiada por las estaciones,
respira los perfumes de la tierra y el océano.
Un hombre que sueña es todo lo que no es:
el mar que deterioran los navíos,
el silbo negro del tren entre hogueras,
la mancha que oscurece el tambor de queroseno.
Si antes de dormir cierro mi portón
en el sueño se abre. Quien no vino de día
pisando las hojas secas de los eucaliptos
viene de noche y conoce el camino, igual que los muertos
que aunque jamás verán, saben dónde estoy
–cubierto por una mortaja, como todos los que sueñan
se agitan en la oscuridad, gritan palabras que huyeron del diccionario y respiran el aire de la noche que huele a jazmín
y a dulce estiércol fermentado.
Los visitantes indeseables atraviesan las puertas atrancadas
y las persianas que filtran el paisaje de la brisa y me rodean.
¡Oh misterio del mundo!, ningún candado cierra el portón de la noche.
En vano fue que al anochecer pensara en dormir
solo
protegido por el alambre de púas que cerca mis tierras
y por mis perros que sueñan con los ojos abiertos.
En la noche, una simple brisa destruye los muros de los hombres.
Aunque mi portón amanece cerrado
sé que alguien lo abrió, en el silencio de la noche,
y asistió en lo oscuro a mi sueño inquieto.
Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres
pero en la noche yo mismo lo cierro.
No espero ningún visitante nocturno
a no ser el ladrón que salta el muro de los sueños.
La noche es tan silenciosa que me hace escuchar
el nacimiento de los manantiales en los bosques.
Mi cama blanca como la vía láctea
es breve para mí en la noche negra.
Ocupo todo el espacio del mundo. Mi mano desatenta
derriba una estrella y ahuyenta un murciélago.
El latir de mi corazón intriga a las lechuzas
que, en las ramas de los cedros, rumian el enigma
del día y de la noche paridos por las aguas.
En mi sueño de piedra quedo inmóvil y viajo.
Soy el viento que palpa las alcachofas
y enmohece los arreos colgados en el establo.
Soy la hormiga que, guiada por las estaciones,
respira los perfumes de la tierra y el océano.
Un hombre que sueña es todo lo que no es:
el mar que deterioran los navíos,
el silbo negro del tren entre hogueras,
la mancha que oscurece el tambor de queroseno.
Si antes de dormir cierro mi portón
en el sueño se abre. Quien no vino de día
pisando las hojas secas de los eucaliptos
viene de noche y conoce el camino, igual que los muertos
que aunque jamás verán, saben dónde estoy
–cubierto por una mortaja, como todos los que sueñan
se agitan en la oscuridad, gritan palabras que huyeron del diccionario y respiran el aire de la noche que huele a jazmín
y a dulce estiércol fermentado.
Los visitantes indeseables atraviesan las puertas atrancadas
y las persianas que filtran el paisaje de la brisa y me rodean.
¡Oh misterio del mundo!, ningún candado cierra el portón de la noche.
En vano fue que al anochecer pensara en dormir
solo
protegido por el alambre de púas que cerca mis tierras
y por mis perros que sueñan con los ojos abiertos.
En la noche, una simple brisa destruye los muros de los hombres.
Aunque mi portón amanece cerrado
sé que alguien lo abrió, en el silencio de la noche,
y asistió en lo oscuro a mi sueño inquieto.
Traducción: Carmen Gloria Rodríguez y Vania Torres
LETICIA CARRERA
Ser
de este tiempo
Cubres
mis ojos.
Platicamos
durante dos horas.
El
café se toma fuerte y sin azúcar.
Los
silencios son cobijas.
Las
miradas no se cruzan.
Caminamos.
Hablamos
un idioma común.
La
carcajada es picante.
Mañana
es nosotros.
Esperar
un minuto las palabras.
Regalar
los sueños propios.
La
casa nos habita.
El
tacto nos revela.
La
tranquilidad es entraña.
Hoy es
regalo.
RENEÉ ACOSTA
En la
biblioteca de Tokio
En la
biblioteca de la escuela imperial de Tokio
hay
un libro donde un niño dejó en 1958
una
mariposa muerta en uno de los poemas
de
Saito Mokichi por la muerte de su madre
En
1962, una estudiante pidió de préstamo
ese
mismo libro y colocó una flor junto
a la
mariposa, dos días después de la muerte
de su
madre
En
1968, un profesor de literatura japonesa
del
siglo XX, pidió el libro para impartir
su
clase
leyó
solamente las primeras páginas
porque
tenía prisa y devolvió el libro
Ese
mismo año un estudiante pidió el libro
encontró
la mariposa y se llevó la flor
mientras
que la mariposa permaneció
otros
años más en los libreros
indescifrada
con los signos
CARMEN INÉS PERDOMO
Sentencia
Invento
tu piel,
como
el fuego que nace en mis pupilas.
Hoguera,
labios pálidos,
voces olvidadas.
La
muerte me diluye en tu cuerpo.
MOISÉS VEGA
Habrá
otros días bajo el castaño
para
oírnos correr entre las hojas
otra
será la sangre contenida
sobre
las voces de la tierra
habrá
otros senos maduros y dóciles
donde
descansar la cabeza
y
también ese dolor será en vano
De: Namasaga
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