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miércoles, 26 de febrero de 2014

PILAR ADÓN




No puedo abrir los ojos…


No puedo abrir los ojos.
Cerrados persisten con un peso que duele e inquieta.
Ya no ensayo más amplias sonrisas.

Los labios secos de ayuno y de sed.
El irrespirable sol irrespirable. Sol.

Estudié el origen de la energía.
Ejemplos de dilatación del tiempo,
anomalías excéntricas y anomalías medias.
Calculé el área de un círculo (πr²).

Las mareas de los agujeros negros.
El horizonte de sucesos.

Y, sin embargo, ¿dónde la fórmula de la existencia?
¿Dónde la teoría de la conservación?

¿Y la ecuación para evitar el acabamiento?

¿Dónde la permanencia?




lunes, 24 de febrero de 2014

PILAR ADÓN




La ciudad interior



Desde fuera, la existencia de un ser pausado
parece más bien sencilla.
Eleva las manos hacia el cielo cuando observa las nubes
y recuerda que en China, desde hace siglos,
los suelos se diferencian por su color:
la tierra negra del noreste;
blanco, el suelo del desierto;
la tierra roja al sur del Yangtsé.
Azul o verde el fértil suelo del sur.

Sencilla, parece la realidad del ser pausado
que se detiene, al caminar, y observa con gesto dubitativo
las intersecciones del camino.
Tranquilo y reservado,
perdió los textos sagrados durante su último viaje.
Olvidó seguir las rutas más seguras.
Exploró, sin sus compañeros, los mandatos de la belleza.
Sacrificó las horas en dirección a un oasis
y, quizá, consideró las audacias de su serenidad.

Lamentó, en ocasiones, ofrecer un rostro tan triste.
Lamentó, en ocasiones, presentar un aspecto tan cansado.
Lamentó, con frecuencia, no ser otro. No ser nada,
mientras la lentitud de su nombre arrastraba, una vez más,
sus pasos desconcertados
hacia la gloriosa lejanía de la antigua Ruta de la Seda,
que pasaba ante las montañas de Xinjang.


sábado, 22 de febrero de 2014

PILAR ADÓN




Alimento



Yo… Lo sé. Tengo ese miserable aspecto
del que va demandando cariño por las puertas.
“Quiéreme un poco. Quiéreme un poco…”
Los ojos nostálgicos hacia el coche que se aleja
y la espalda estrecha que se detiene por última vez para decir adiós.

Yo… Lo sé. Persigo la mirada comprensiva de todas las madres
y a veces las manos grandes de cada padre.
El susurro al teléfono que me diga: “todo está bien”
mientras la niña del pañuelo negro gira y gira
esperando la llegada del sosiego.
El apaciguamiento de la marea oscura que sube.
Y sube a la boca desde el alma que se creía ya aliviada
pero que no. Porque el alma, aunque se suponga el éxito sobre ella,
cuando es dolorosa y cuando tiene la tez de la angustia,
sobrevive.

Yo… Lo sé. Me estoy ahogando y no entiendo nada.
Dejé que tomara mi mano y me arrastrara hasta la orilla.
“Vas a ver un milagro”, me dijo.
Y la niña de los zapatos negros con lacito
me miraba a la cara y me mostraba sus dientes de conejito.
“Perdón. Perdón. Perdón.” Parecía suplicar. “Yo no fui. No fui yo…”

Yo… Ahora cuento las varillas azules que se insertan
en aquel jarrón transparente y me pregunto:
(uno, dos tres…)
¿Por qué lo haces?
(cuatro…)





jueves, 20 de febrero de 2014

PILAR ADÓN



Cuidar del padre…


Cuidar del padre. Tapar al padre.
Dejar las botas bajo las mantas,
pegar con celo el papel de la pared.
Cerrar con cuidado las puertas
y esconder el whisky
en el armario vacío del rincón.
Apagar el cigarrillo y repasar las novelas de forajidos.
Sin más carreras. 
Dejarán los caballos de trotar al amanecer.
No habrá más viajes en coche.
No más paseos hacia el puerto.
Los pescadores con la marea
y las sardinas tostadas sobre una reja. 
La piel no será blanca; la tersura no parecerá tal.
El aroma de las margaritas no traerá la primavera.
Los humedales ofrecerán un color gris
y el suave hojaldre devendrá en filo
de roces y fracturas.
El clima variará el color de las hojas, de la arena. 
Amar al padre. Respetar al padre.
Querer ser otra.
No la mujer asustada que mira esquiva
y se envuelve en una bufanda. Ser alguien más.
Tirando del mismo equipaje. 



miércoles, 19 de febrero de 2014

PILAR ADÓN




Vuelvo a clavar


Vuelvo a clavar por los marcos
rajados de humedad
las chinchetas de cabezas rosadas
y puntas fieles
que ingresan en la madera
y se asientan como flechas
para soportar el peso invariable
de las manitas
de mis muñecas.
  Con vestidos de niña
aterciopelada.

Vuelvo a observar el susto aterrado
de las caras andrajosas
de mis muñecas hembras.
Y vuelvo a temer (imaginar)
un temblor en sus ojos.
De harina.




martes, 18 de febrero de 2014

PILAR ADÓN



Galanteo


Garantízame una melodía polaca
fabricada de nieve y barro
con gotas de marginalidad.
Ofréceme un viaje de madera
por las vías de un tren en desuso
con verdes mareas y guaridas
habitables.
Cántame como Piaf rota
y luego ocúltame.

No vendas más planos
de pinturas inacabadas,
y deja de perseguir amapolas
por los pasillos encalados que desembocan
siempre
en el mirador.

La sonrisa arrugada de piel mordida
no provoca ya memoria
y tus manos, blancas, de artista expatriada
mendigan tantos méritos,
que los círculos van rotando
en direcciones opuestas.

Recluye con tu genio
la sofisticación de miradas nuevas
y mañana procura salvar del ahogo,
sin súplicas,
  a la niña muerta que descansa en todos tus cuadros.