"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 28 de mayo de 2026
ALFREDO ZITARROSA
La
canción quiere
Fruto
maduro del árbol
del pueblo
la canción mía
siempre porfía.
Puede morir pero quiere
cantarle sólo a la vida
que no la olvida.
No tiene miedo a la bala
ni a la bomba, ni al infierno;
canta pudiendo.
Lleva en las manos heridas
una flor con una espina
agua y harina.
Canto del pueblo que ama
también canta por dinero
como un obrero.
Sombra de Ganzio
y de Mora
de Fernández
de Mendiola
no canta sola.
Quiere ser flor y se cierra
como un puño; que la cuide,
eso me pide.
Nombra la carne horadada
de la vida más amada
la desarmada.
Fruto maduro del árbol
del pueblo
la canción mía
siempre porfía.
Quiere ser flor y se cierra
como un puño;
que la cuide, eso me pide.
MAHFÚD MASSÍS
Nocturno
del piano
El
piano, con su quijada negra, con sus dientes blancos cruzados de gusanos,
canta como un papa melancólico. Sus notas
caen como los huevos del esturión muerto
sobre mi corazón en esta noche.
Mata al demonio del piano, amiga mía, ahoga en su vientre la furia escarlata.
Rompe su levita de caballero velado;
pero déjame solo, ahorcado en la cama.
El virrey baila el tango mientras lloramos,
agita sus orejas como toneles,
evocando a Francisca, a Leonor, a otras luces devoradoras,
(doblando un pliego de su carne, realizando hechizos sobre el fuego),
pero el piano, mi niña, resuena imperial, desierto, triunfando siempre de la
fatiga,
en tanto el virrey ríe, quimérico y hostil, mostrando su halcón de oro.
Mata al demonio del piano, amiga mía;
escucha cómo resbala sobre los gladiolos, rompiendo
los sacos de la memoria, antiguas sombras, y vacila
como hembra preñada
encendiendo un candil, una muerte nueva en el ciervo blanco del pecho,
una segundo vida que desconozco, y que rechazo
como la horma negra a la nube.
OSBERT SITWELL
Babel
Por
eso su nombre fue Babel.
Y aún permanecíamos mirando
Hacia aquella ciudad de brasas
Que cada golpe del destino
Había reducido a su base.
Demasiado
tarde llegó la serenidad.
Casas rotas contemplan
El laberinto infestado de ratas
Que una vez elevó neblinas rosadas
Hacia la eternidad.
Los
contornos, antaño firmes,
Son ahora pensamiento o burla
Para los muertos que lucharon…
Cimientos de un futuro.
Las
arenas donde jugaban niños
Son desoladas, temerosas
De la oscura humanidad de la noche,
Que rehace a los muertos con su frescor
Y no culpa a nadie
Por el fuego, el plomo y la ruina
Que cayó sobre nosotros.
Cuando
todo lo bueno que conocimos
Cedió ante el torrente del mal,
Y mitos monstruosos de hierro y sangre
Oscurecieron la claridad de Dios.
Hundida
en pecado, esta estrella trágica
Se hunde más, y lucha contra sí misma,
Sembrando los mares de víctimas
De una enfermedad del mundo.
Y
nos deja beber
Las heces de la terrible profecía de Babel.
JOSÉ JOAQUÍN CASAS
La
casa en Ruinas
El
techo de mi estancia ya encalvece;
yerbas brotan en él mustias y canas;
entra turbia la luz por las ventanas;
ya la armazón se dobla y desfallece.
Ya
el huerto, exhausto de vigor, no ofrece,
sobre el bardal colgantes, sus manzanas;
do emporio fue de púrpuras y granas,
zarza y cardón sin avecillas crece.
La
casa de mi cuerpo anuncia ruinas:
ya es fuerza que hasta el polvo la destruya
la muerte en sus profundas oficinas;
Huye,
alma, pues, de la posada tuya,
hasta que al fin del tiempo, en sus colinas
Dios a propia mansión te restituya!
JAMILA MEDINA RÍOS
Ovación
Entro
en el submundo de los veedores del fútbol
como en las arcas del Infierno –por supuesto–
hay risas gritos humo de cerveza
y ese olor tan característico…
hay torneos:
los veedores se piden las cabezas
se amenaza con violar al cabecilla
o a la novia del cabecilla
de cada bando contrario.
Tiemblo
me pregunto quién será el cabecilla de nuestro bando
sé que a esta hora
ningún striptease los sacará de quicio
los meterá en cintura
con el ojo en el gol
pero
también sé que si perdiéramos
si fueras tú el cabecilla
olvidado de ti
me violarán 1-2-3 mil vencedores
no mirando mi carne
sino la portería.
Maldito
cuerpo de mujer
con esta forma de falsa valla
red encubierta
que no tiene el valor de la penetración en público.
A
fin de cuentas
qué es un gol sino una violación
cien mil veces aclamada
–bajo el cielo–
en la garganta abierta del estadio.
ÁNGELA DE MELA
Canto
IV
La
casa es un espacio
el temblor es más terco
donde las transparencias
en espinas de rocas
confunden a la suya
hará girar la grieta
lo que abisma y se yergue
en estampida
codiciosos postigos
cuando llegue la hora
las heridas
la piel
nada será olvidado
hará valer el tiempo
debajo de las cosas
el mar como a su encuentro
pondrá fin a un naufragio
el viento a su velamen
y a ese obstinado suelo
donde la luz padece
el ocre en los armarios
los pliegues de la blusa
el cajón que amontona
polillas en las dunas
temblorosos retratos
las pequeñas e inmóviles
ensenadas del polvo
como centros del agua
pasarán a ser gloria del sitio
mansamente
al sajuan perfumado
y al búcaro atendido.
