Autorretrato
En
mi lanza
llevo ensartados panes.
Por mi lanza
escurre vino de Ismaros.
Apoyado en mi lanza,
de pie, en el alto,
sano, sereno, impasible,
como y bebo.
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Autorretrato
En
mi lanza
llevo ensartados panes.
Por mi lanza
escurre vino de Ismaros.
Apoyado en mi lanza,
de pie, en el alto,
sano, sereno, impasible,
como y bebo.
La estación de la fuga
…si
bajo poderosa fuerza de un dios
no hay que llamarlo flojera o vileza,
está bien que nos lanzáramos a huir de males devastadores. Huir tiene su
temporada.
También una vez Télefo, el descendiente de Arcas, él solo,
espantó a todo el ejército de los argivos, y no mucho resistieron
esos valientes (tanto los espantaba la suerte de los dioses
a ellos, que iban armados con lanzas). El río Caicos, de buena corriente,
quedó atestado de los que caían muertos, y también
la llanura misia. Sobre la orilla del mar muy estruendoso
eran masacrados por la mano de ese despiadado mortal
los aqueos de buenas grebas, que se dispersaban a la desbandada:
con entusiasmo corrían a embarcarse en las naves que cruzan el mar
estos hijos y hermanos de inmortales, a quienes Agamenón
llevaba a hacer la guerra a Ilión, la sagrada.
Pero en ese momento, desviados de su camino, habían llegado a esta costa
y recalaron en la espléndida ciudad de Teutras;
allí resollaban la furia, lo mismo los hombres que los caballos,
inmensamente afligidos los ánimos en su desvarío,
pues se figuraban que ya asaltarían la ciudad de los troyanos, de altas
puertas,
y en vano pisaban Misia, rica en grano.
Y vino a su encuentro Heracles, clamando por su hijo de corazón bravo, Télefo,
despiadado centinela en la guerra devastadora,
el que excitó en los dánaos la vergonzosa estampida
cuando los enfrentó él solo, complaciendo a su padre…
Estas son las palabras que yo le dije
Estas
son las palabras que yo le dije;
y a la muchacha entre las flores
exuberantes abracé
y la hice acostarse; con un blando
manto la cubrí, apoyando en mis brazos su cabeza,
temblando de miedo
como un cervatillo
dulcemente con mis manos acaricié sus pechos.
Corazón, corazón de irremediables penas agitado
Corazón,
corazón de irremediables penas agitado,
¡álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles
el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente
con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes,
ni, vencido, te desplomes a sollozar en casa.
En las alegrías alégrate y en los pesares gime
sin excesos. Advierte el vaivén del destino humano.
Algún Sayo alardea con mi escudo, arma sin tacha
Algún
Sayo alardea con mi escudo, arma sin tacha,
Que tras un matorral abandoné, a pesar mío.
Puse a salvo mi vida. ¿Qué me importa el tal escudo?
¡Váyase al diantre! Ahora adquiriré otro no peor.