lunes, 20 de abril de 2026


 

ANTENOR SAMANIEGO

 

 

Desacuerdos (IV)

  

¿Decís la escuela nueva? Prosa pedestre, prosa
donde la ineptitud esconde su orfandad,
meretriz desgreñada, Mesalina rabiosa
que taladra el oído con tal vulgaridad.
Prefiero el contrapunto musical, no esa cosa
elemental y rústica. La originalidad
reside en la palabra renovada y jugosa,
y mejor todavía si es con profundidad.
¿Vallejo? Bien. ¿Huidobro? También. ¿Y en la paleta?
Picasso en esos tonos azules de que gusto.
¡Jamás el verso – libre de los falsos poetas!
Por eso he vuelto al álgebra que tienen las palabras,
al orden, no al tropel. Más hermoso es el busto
de Venus, no los testes de Dioniso y sus cabras.

 

JOSÉ RUIZ ROSAS

 

 

Meteoritos

 

Un hombre fue cierta vez
al firmamento
a pintarlo con sus pensamientos
mezclados con el resplandor de las estrellas.

Poco después, sediento, exhausto, rígido
por el asombro y el terror
ante la realidad del infinito,
trató de retornar y algunas veces
lo vemos vanamente transformado
pues aquel magno esfuerzo convirtió su cuerpo,
hecho ya mole en el espacio,
en enormes e innúmeras partículas
de algún ígneo metal no planetario.

De cuando en cuando asoma su rauda pincelada
cual velocísimo trasgo
por entre los resquicios
que permite el inmenso andamiaje de la noche.

Cada período, quién sabrá de cuantos años o milenios,
logra llegar hasta nosotros
algún retazo de aquel fantasma suyo
tan al azar diseminado,
y espanta toda vida en su contorno
dejándole al planeta
una redonda cicatriz, y al centro,
como costras del tiempo,
qué pesados fragmentos, esos bólidos ya quietos,
fríos, negros, herméticos y mágicos.

 

SEBASTIÁN SALAZAR BONDY

 


 

Sobre los dioses

 

No crezca, dios, en tu puño, tu corbata,
tu seno abrigador, leche y desgano,
sino tu pie sangrado y tu caballo,
alto espíritu malo en mi verano.

 

 

CLAUDIA HERNÁNDEZ

 

 

 

Guerra y paz

  

Quito el polvo de habitaciones y muebles,
de la sábila y de los libros.
¿Para qué limpiarlo?
Volverá pronto a recobrar sus sitios,
el polvo que es la tierra, la tierra que es roca,
la roca sólida que se transmuta.
Aquí, donde van y vienen disparos,
matadero de veinte guerras simultáneas,
recibo el pan fresco del día,
la fruta recién cortada,
lo álgido del café,
el cuerpo de un hombre.
Se está cayendo a pedazos todo, allá afuera.
A veces cuesta dormir, conciliar imágenes
de migración y destierro.
Sin embargo recibo el ritmo de otra sangre,
su pulso de silencio enamorado,
su gestión de perfectos pormenores.

 

 

MARÍA BELÉN MILLA ALTABÁS

 

 

 

Poema del vello

  

Leal a su mandato solar
                                     leal a su fauna
              crecí sana en el nuevo orden
nos comprometimos con los hechos naturales
                                                   y las guerras
hubo pezones, derrames,
frutas
        muy azules, una mujer como un alambre pelado en
el centro de lo real
escandalizamos al restaurante con la estampa
        del santo local martirizado por su fe
a cambio confiamos
                    en un dios que hervía
              en su sombra nos congregamos para besar
                    y ondular con dignidad la casta y el corazón
              en una serie de encabalgamientos y decretos
              y dolce
                    stil novo y toda
        esta sinceridad de la naturaleza trovando
              la lengua el brillo labial la placenta
                                                                 el Pentecostés
y el amor perlado como una novia sudando
adiviné sus nalgas, sus cosas propias
            y su vello
digno como es digno el vello de quien
                          está esperándote en las fronteras
              para endurecernos como bóvedas
                                                                             y muerdo
su pubis tornasol, muerdo
                                                  las bóvedas
                 muerdo las fronteras
                       todo me funda
                            en la espalda el amor
                       y creo en los dientes
                       y el corazón a dónde
                       dónde el corazón siamés
                                    si la vida es un decir inmenso
                       si creo en un muslo
                                    avanzando río plateado
               hacia mi boca:
                               témenos
                                    como un anzuelo brillante
el cuerpo es una flecha que disparamos sin ver

 

 

DOROTHY MILES

   

 

Desafío

  

Si yo fuera yo,
no diría esas cosas agradables que digo;
no sonreiría ni asentiría con la cabeza
cuando tú dices
¡No!
no soportaría, restringiría, reprimiría mi desacuerdo,
sino que discutiría cada punto hasta herir
entonces sonreiría
si yo fuera yo.

Si yo fuera yo,
no permanecería encadenado a la cooperación;
daría mi mano humildemente a tu liderazgo
en tu camino
¡No!
desataría el anillo que ata mi cuello y me amordaza
y dejaría que mi gran odio vomitara en tu cara
entonces ¡reiría!

si yo fuera yo.