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lunes, 23 de agosto de 2021

ANA CORVERA

 

  

Signos

 


Me lo dijo la primera noche

que dormimos juntos:

—mi amor es una niebla,

un destino que se apaga

sin remedio.

 

Su belleza destruyó

a otros seres

que lo amaron.

 

Por eso, la primera noche juntos

no hicimos el amor.

 

Nos quedamos vestidos

con nuestras historias.

 

Tejí un amuleto rojo

para mi sostén,

uncí mi pecho

con el llanto de mi árbol.

 

Lo besé a la misma velocidad

con la que descubrí el mundo,

me mudé de país,

le oculté los defectos

de mi otra mejilla.

 

Hice todo para cambiar la suerte

pero lo terrible me abrasó.

 

El futuro se destruye

por encima de cualquier promesa.

 

Repetimos la palabra “nosotros”

hasta hacerla ruido,

hambre.

 

 

martes, 17 de agosto de 2021

ANA CORVERA

 

 

Epílogo

 


α)

Conozco la historia desde el corazón de cien hombres.

En entrevistas hechas por diversas causas lo confesaron:

casi nadie soporta la herida del verdadero amor.

 

Muchos tienen una mujer distinta en la boca, en las manos, en el sexo,

cuando hablan de lealtad ante sus hijos o los hijos de sus hijos.

 

El dos por ciento supo hacer a un lado su prejuicio

y quemó en sus adentros los miedos, las máscaras,

la tela de araña que circunda la vida tácita de cada hombre

para abrir un espacio a la mujer que de cualquier forma

iba a dejarles huella.

 

 

Noventa y ocho de los encuestados eligieron la comodidad frente a la duda.

Por eso se quedaron con mujeres que tuvieron el cabello de anuncio televisivo,

la piel del color de una medalla que se gana sin esfuerzo,

la voz que se repite sin hilos negros.

 

Yo no sé si cada hombre elige no quedarse con el amor que lo sacude,

si esa posibilidad lo haría feliz. Yo sé que el dos por ciento

de los hombres prendió fuego a sus certezas

y llovió sobre la ausencia de alguien que no fue memoria.

 

β)

 

Él quiso irse cuando vio su fragilidad en el color de mis ojos.

 

Negro un futuro donde no estaba sólo su nombre.

Negra su herida al no saberse sólo bello sino transparente.

 

Él quiso irse pero escribe cartas, tararea canciones al amparo de la fibra óptica.

Pone un pie entre la mujer que lo salva ahora y mi nombre,

les dice a otros que no supo, que no fue capaz,

que cuando abrió los ojos ya estaba ella

y la vida sigue porque ya no importa el asombro sino saber estar.

 

Él les dice a otros que vengan y me digan que escuche,

que quizás con una palabra pueda, ahora sí,

quedarse para siempre.

 

Envuelta en mis heridas de imperfección y transparencia,

guardo silencio. Me digo que quisiera entrevistar a otros cien hombres

porque el amor no puede ser tan triste,

y que quizá por diversas causas uno de ellos acepte

que el fuego nos transforma y lo levante conmigo

aunque la zozobra nos estalle por dentro.

 

 

 

miércoles, 11 de agosto de 2021

ANA CORVERA

 

 


Hendidura

 


Cuando él habla desde el fondo

sus arrugas se diluyen.

 

En la frente aparece un niño

con el mismo nombre;

insiste en aplanar los surcos

y borrar su versión más triste

montado en un carrito,

en la sonrisa de la abuela.

 

Cuando llora desde el fondo

otra vez la pureza, lo simple.

El asombro al que renunció.

 

Verde la belleza de sí mismo

en el iris de su madre.

 

Verde y río las palabras

que quisiera decir.

 

Pero mi amor es de un hombre

que calla para no volverse agua.

 

Se va cuando lo aprieta el mundo.

 

Su pecho es ojo de tigre,

sol endurecido:

 

nada puedes pedir

si no está escrito

en alguna de sus manchas.

 

Mi amor pertenece a un hombre

que sueña con morirse piedra.

 

Nunca fui tan de nadie.