viernes, 29 de mayo de 2026


 

ALFREDO ZITARROSA

 

 

Mire amigo

  

Mire amigo no venga
con esas cosas de las cuestiones,
yo no le entiendo mucho,
discúlpeme, soy medio bagual;
pero eso sí le digo:
no me interesan las elecciones;
los que no tienen plata
van de alpargatas,
todo sigue igual.
Fíjese por ejemplo
en Don Segismundo con tres mil cuadras;
tiene dos hijos mozos
que son doctores en la ciudad;
yo tengo cuatro crías
y a la más grande tuve que darla;
ninguno fue a la escuela
y pa’ que hagan muela
me falta robar.
Mire amigo no venga
con que los gringos son gente dada;
yo lo vi a Mister Coso
tomando whisky con los del Club,
pero nunca lo vide
tomando mate con la peonada.
No dirá que chupaba
ni que brindaban a mi salud.
Mire amigo, disculpe,
no se moleste, no tomo nada;
yo no sé si usted sabe
que pa’ la trilla hay que madrugar,
los que nacimos peones
no conocemos las trasnochadas;
ando muy mal comido,
y si tomo un vino me da por pelear.

 

 

MAHFÚD MASSÍS

 

  

 

El brazo invisible

  

Te contemplo en mí, poderosa materia, funeral pá,pano,
fugaz y vulnerable en tu forma, indestructible en tu discurrir eterno,
descubre por una vez esta lúgubre quijada,
el tramo sepulcral de mi rostro aquilino.
Invita esta noche a Barrabás, al papa negro,
no quiero ser el ángel castrado, el hijo del inmigrante en derrota.
Recoge el velo de esta aventura:¡acompáñame, pordiosero!
Asesiné la alegría; cambié la luna por esta piedra que llevo sobre
el pecho.

Alguien destruyó mi familia cierta noche. Ignoran
que soy un faraón de piedra, un ave
patriarcal que limpia el legendario Río.
¿Quién me desgarró el hombro? ¿Quién
me mordió la quijada? ¿Quién destrozó la cabeza de mi vástago?
Unos cráneos grises me comen la hierba del corazón,
la pimienta de unos ojos muertos. Un brazo oscuro,
terrible, como el ojo de Tutankamón bajo la fosa,
señala el cuero miserable de mi cabellera,
el piojo que preside mi sueño invernal, mientras acepto
la limosna del asesino, del comerciante en carbón o piedras
preciosas.

¡Oh, magos! Si existís en algún lugar, debajo de la tierra,
acordáos de mí. ¡Largos brazos, buenas piernas en mis sueños!
Que pueda matar con la mirada abierta.
Sin que el gigante sentado sobre mi alma, sin que
los remordimientos
destruyan el acto espiritual. ¡Sin que las lágrimas
me partan en dos el caballo negro del pecho!

 

OSBERT SITWELL

 

 

 

Progreso

  

El calor de la ciudad es como un velo de plomo—
Sus lámparas bajas brillan en la medianoche
Como gigantescas polillas naranjas que revolotean
En el oscuro tapiz de la noche.

Las altas casas negras aplastan
A los mendigos que se arrastran abajo,
Que caminan pensando en brisas frescas,
En cuerpos de plata bañándose en un estanque;
O en árboles que susurran en algún pueblo lejano
Cuyo sosiego los crió, cuando creían
Que aquello era solo metal, no una tumba de tierra
Donde los hombres entierran lo bello y lo puro.

Cuando podían perseguir mariposas enjoyadas
Por senderos verdes con olor a helecho,
O suspirar por el futuro, rico y raro;
Cuando, sin saberlo, sus llantos de bebé
Eran tan hermosos como esas mariposas.

 

 

JOSÉ JOAQUÍN CASAS

 

  

 

Mayo

  

Alivio de las ásperas faenas,

de llovizna rasgando el cortinaje
ya trisca sobre el húmedo paisaje
Mayo gentil, ceñido de azucenas.

Del soto por las bóvedas serenas,

murmura de la vida el oleaje,
y se acendra, temblando, entre follaje
el nectáreo festín de las colmenas.

Pintados al fulgor de las mañanas,

púberos lirios y vírgenes pomas
para el altar acopian las serranas,

oyendo allá, tras de repuestas lomas,

el discreto rondel de las fontanas

y el arrullo de amor de las palomas.

 

 

JAMILA MEDINA RÍOS

 

  


Estrategias de babosas

  

Una de estas noches que se pasan en blanco
sin erratas sin dormir
ven, tigre, a devorar hipopótamos/ gacelas
sobre mi mano adormilada
herida por mil picas por mil hielos.

Ayer en una fiesta
tuve la visión del tempo de las actrices porno
los productores de televisión y las cantantes mundanas
de cabaret

oíamos el último disco del trovador iluminado
y una mujer orinaba
—la saya rosa dejando ver el pubis sin rasurar
estremecido—
en un cuadro contra la pared.

En nuestra única noche
quiero reunir todas las sensaciones probables
pitos de trenes
tremando
perdidos sobre rieles
oros del horizonte disueltos en la arena
de playas privadas vacías
el sabor de las aceitunas negras en vinagre
chocolates con semillas
helados de menta
vinos y yogures de fruta
hongo
de quesos azules holandeses
vello púbico
de una princesa sefardí.

Cuando caiga la noche no me dejes dormir
he preparado un mus
un striptease/ un baile de disfraces
he llenado la alacena
y he secado la leña
puse geranios junto a la ventana
cortinitas suaves
y margarina entre mis nalgas
como en aquellas
tostadas francesas
que te comías en París

hay agua fría en la nevera
y agua caliente en la ducha
si no lo hacemos
por lo menos no dirás
nadie
me atendió en esta casa.

La naturaleza es sabia:
hay serpientes que se pasan por muertas
hay palomas ratas ranas
que despiden un hedor de cadáver
cuando las asfixia el miedo
el pez vampiro se protege virándose al revés
con una capa de espinas de goma
alardes celebración y mímesis.

Gira conmigo hasta que ya no sienta el suelo
fornica conmigo hasta que deje de temer.

Las babosas de mar
convierten el agua en una gelatina viscosa
una baba que se queda entre las manos
mientras escapan mararriba hechas un nudo.

Voy a ponerme bocabajo
tengo miedo del tedio
voy a ponerme bocarriba y de costado
hazme la quinta posición
cuando se ponga la luna
no me dejes dormirme
no me dejes caer
no dejes

no.

 

 

ÁNGELA DE MELA


  

Canto XIV

  

Entender
en pleamar el ascua del Océano
frutos las piedras de ignotas descenciones
curso engastado
la coralina y el zircón frente al liquen
joyero que abre a nuestra andadura
su puerta milenaria
colgantes de amonite una vez más regresan
y el rosetón del fósil
rehace sus colores frente al cuarzo
uniformes en la rara aspillera
en mi regazo joyas
que tus manos recogen a trasmundo
abalorios que apremian desde el fuego
cresta de pedrerías
berilos y obsidianas
es la hoguera la tarde
y el tiempo en lo insondable mece a los minerales
unánime el rumor de anfibia mansedumbre
parpadeo la ruptura del hueco en la ternura
definitivo pliegue la saga de las aguas
asida soy lo suyo
de su propia manera
recuerdos que adornarán mi cuello
e iremos zozobrando en el turbión de vuelta.