Progreso
El
calor de la ciudad es como un velo de plomo—
Sus lámparas bajas brillan en la medianoche
Como gigantescas polillas naranjas que revolotean
En el oscuro tapiz de la noche.
Las
altas casas negras aplastan
A los mendigos que se arrastran abajo,
Que caminan pensando en brisas frescas,
En cuerpos de plata bañándose en un estanque;
O en árboles que susurran en algún pueblo lejano
Cuyo sosiego los crió, cuando creían
Que aquello era solo metal, no una tumba de tierra
Donde los hombres entierran lo bello y lo puro.
Cuando
podían perseguir mariposas enjoyadas
Por senderos verdes con olor a helecho,
O suspirar por el futuro, rico y raro;
Cuando, sin saberlo, sus llantos de bebé
Eran tan hermosos como esas mariposas.
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