viernes, 5 de junio de 2026


 

AURELIO PASTORI

 


 

Apagón

  

Antes la noche era así
era de otro
de alguien
anterior
y nosotros
éramos vacilantes
como las sombras
cuando el fuego
alumbra.

Volverá la luz.
Volveremos
a ser de hoy
a movernos
en la claridad
y en la vida
con salud
sin estorbos
con una sombra nítida y fría
que ahora no vacila.

 

 

VÍCTOR FOWLER

 

 

 

El deslizamiento de la montaña

  

Cansancio sobre la colina habanera desde donde
observa la ciudad. Haya su lado una silla cubierta
de polvo y un poco más allá pequeños montones de
basura, duros ya como piedra. De repente lo gana el
deseo, bien sabe que absurdo, de numerar la silla lo
mismo que una casa, de asegurarse un lugar hasta
la muerte para gozar los acontecimientos. No siendo
parte, desde lejos, como si estar allí encima concediera
cierta inmunidad, cierta frialdad de juicio al juzgar
lo que ocurre. En días de solo lluvia dormiría bajo
la silla. En días de frío haría fuego con los desechos.
Mientras no llega el instante, simplemente descansa.
Cansado de esperar a que los hijos crezcan. Del pico
que golpea entre las olas. De las tormentas. De los
azares de la autobiografía. De la madrugada de 1994
en la cual lloramos mi esposa y yo porque el mundo
había cambiado al parecer para siempre. De escribir
estas líneas, incluso.

 

 

EDITH SITWELL

 

 

 

A las cuatro de la mañana

  

Gritó el fantasma azul marino
Del señor Belaker,
El alegre coctelero negro,
«¿Por qué cantó el gallo,
Por qué estoy perdido,
Arrojado por el camino infinito hacia el Infinito?
Las hojas tropicales susurran blancas
Como agua; corro con el viento en mi huida.
Las casas de encaje blanco son llevadas
Por la marea; flotan lejos, se mecen.
Blanca es la niñera en el paseo.
¿Es real, mientras coquetea conmigo sin temor?
Corrí entre hojas blancas como agua…
Fantasmagórico, fluí sobre la niñera, la atrapé,
La dejé… bordeando la arena lejana
Está la espuma del Metropole y del Grand de las sirenas;
Y por el paseo soy arrastrado y perdido,
Lanzado por el camino infinito hacia el Infinito.
Las casas emplumadas como gallinas duermen…
En una vi llorar la hierba solitaria,
Donde sólo el viento galgo y gimiente
Me perseguía, me corría, buscando qué hallar.»

Y allí, en las negras y velludas ramas,
Qué lento, qué frío crece el viejo Tiempo,
Donde las palomas que huelen a pan de jengibre,
Y los búhos con gafas que tanto leen,
Y las dulces tórtolas de leche cuajada
Contemplan el vestido de seda de la Infanta
En la sala fantasma alta donde la institutriz
Gesticula lento y camina andante.
«Señora, las princesas deben obedecer;
Pues ahora conviene una medicina—
De cinco ingredientes—una diapente»,
Dijo la institutriz, desvaneciéndose lenta…
Y entonces, por la ventana, miró él,
El fantasma azul marino del señor Belaker,
El alegre coctelero negro—
Y su rostro aplanado como la luna vio ella—
Negro rinoceronte (un mar en flujo).

 

ARMANDO CERÓN CASTILLO

 

 

 

El anhelante


En paisajes exóticos, lejanos,
las espirales de mis sueños y las colas del juego divergen,
Estoy ocupado, ábrete sobre los Misterios.

Sin responder a la sombra interrogante
Extrae la flor de mis reflejos.
y en círculos de múltiples especies
la luz en la depresión vacilante.

En soliloquios, desnudos de amargura
y hay lugares sorprendentes en la zona
…en este diapasón de remolinos!
y en el aire y viniendo de las chimeneas
No puedo entender si soy el mismo,
o un abismo hinchado de otro abismo

 

 

JAIME LIZAMA

 


 

La sagrada familia

  

Una sagrada familia es aquella que no quiere
Que nada cambie.
El Laguismo, por ejemplo, es una sagrada familia,
El freismo es una sagrada familia.
Las Sagradas familias de Chile no son inclusivas.
Son las que cierran filas en torno a si mismas
En torno al stablesment protector de la familia, la amistad,
La red social como pilar de esa estructura oligárquica.
La Sagrada familia que ya no es
La Sagrada familia de Marx y Engels.

 

GABRIEL ARTURO CASTRO

 

 


Sigilo

  

El sigilo está en la sangre que procede de la zarza,
de la edad y la humildad crujiente,
en la continuidad de los signos del cielo,
de ocuparse de rumiar sus vocablos y vestigios
esconder la voz en el dorso de la mano,
ir a los confines tras el pan y el vino,
inventar un ojo gigantesco
y hundirse en lo profundo de la jungla,
en la grieta del muro o en la inmensidad de la piedra.