A
las cuatro de la mañana
Gritó
el fantasma azul marino
Del señor Belaker,
El alegre coctelero negro,
«¿Por qué cantó el gallo,
Por qué estoy perdido,
Arrojado por el camino infinito hacia el Infinito?
Las hojas tropicales susurran blancas
Como agua; corro con el viento en mi huida.
Las casas de encaje blanco son llevadas
Por la marea; flotan lejos, se mecen.
Blanca es la niñera en el paseo.
¿Es real, mientras coquetea conmigo sin temor?
Corrí entre hojas blancas como agua…
Fantasmagórico, fluí sobre la niñera, la atrapé,
La dejé… bordeando la arena lejana
Está la espuma del Metropole y del Grand de las sirenas;
Y por el paseo soy arrastrado y perdido,
Lanzado por el camino infinito hacia el Infinito.
Las casas emplumadas como gallinas duermen…
En una vi llorar la hierba solitaria,
Donde sólo el viento galgo y gimiente
Me perseguía, me corría, buscando qué hallar.»
Y
allí, en las negras y velludas ramas,
Qué lento, qué frío crece el viejo Tiempo,
Donde las palomas que huelen a pan de jengibre,
Y los búhos con gafas que tanto leen,
Y las dulces tórtolas de leche cuajada
Contemplan el vestido de seda de la Infanta
En la sala fantasma alta donde la institutriz
Gesticula lento y camina andante.
«Señora, las princesas deben obedecer;
Pues ahora conviene una medicina—
De cinco ingredientes—una diapente»,
Dijo la institutriz, desvaneciéndose lenta…
Y entonces, por la ventana, miró él,
El fantasma azul marino del señor Belaker,
El alegre coctelero negro—
Y su rostro aplanado como la luna vio ella—
Negro rinoceronte (un mar en flujo).
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