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lunes, 28 de diciembre de 2020

MARIO ALBERTO SANTOYO

 

  

 

Curutchet

a Le Corbusier

 

 


Esta naturaleza brota del asfalto.
La nueva Arquitectura construye los horizontes.

 

Las paredes nos persiguen,
caminamos con ellas:
nos habitan.

 

El espacio es una importación de dimensiones,
mezcla y cristal solitario
donde las Terrazas
elevan el vuelo
y se convierten en Quintas fachadas.

 

Lo tradicional se vuelve moderno:
colmenares de Hormigón
sobre Pilotes.

La vida es una carrera hacia el anonimato,
vista por los aviones de un Buenos Aires extranjero.

 

Cae la mudez sobre la tierra.

 

martes, 22 de diciembre de 2020

MARIO ALBERTO SANTOYO

 

 

 

Casa Estudio

 

 

Soy la mente que se imaginó
esta casa cuando aún era jardín,
el pensamiento que en las habitaciones la soledad somete.
soy el jardín con su flor incendiada,
la escalera, los colores,
la galería de sombras huecas,
el tiempo sin horas.
Soy una pared más en este patio
y me quedo tranquilo dentro de la casa.
Es ahí donde vivo,
donde sé
que no hay un poeta en el mundo
que le escriba a Barragán como yo.

 

 

jueves, 10 de diciembre de 2020

MARIO ALBERTO SANTOYO

 

 

 

Domus Áurea

a Alberto Campo Baeza



 

Hundo en las caderas de la luz mi rostro,

camino por su pecho

como un surtidor

que tintinea cegado

entre las paredes blancas.

Voy del perfil a la transparencia,

de cuarto en cuarto

como un soplo.

Músculo solar,

ópalo incoloro, cuyo cuerpo

harto de ornamentos

busca

durante la mañana

la Desnudez. 

 

viernes, 4 de diciembre de 2020

MARIO ALBERTO SANTOYO

 

 


 

Camino Real

 

a Ricardo Legorreta

 

 

Camino encerrado por la luz,
por el día que tropieza a cada hora
y nos empapa con su incandescencia
entre la ciudad
a la mitad de abril y de anzures.

 

Nos asedia el color,
de pronto tiene cuerpo,
como las flores se desgrana:
pétalo celeste que revienta
a la mitad del patio.

 

En la recepción las cosas son distintas:
el cuarzo vuelve a ser cuarzo,
la luz se carboniza en el mural.

 

Los espejos de la sed
se cortan y se despliegan
por el viento inmóvil en el salón.
Es más seguro ahí dentro.
Las sombras nos desconocen fuera,
las paredes amarillas,
la lluvia horizontal de la fuente:
el color nos asedia
pero sigue siendo color.