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domingo, 5 de octubre de 2025

DARÍO RUIZ GÓMEZ

 

 

Imagen

 

 

Dónde estás viva certeza de lo que he sido
hasta hoy? Pequeños montículos de ruinas
ganados por el verdín y la indiferencia
de los días. Ni siquiera
una dirección equivocada
donde la carta daría vueltas
por la ciudad indagando
sobre vivos y muertos. Llegando,
finalmente, rota, manoseada, a un
destinatario analfabeto. Ni
“el que soy” me intriga como antes
pues la evidencia del día me basta.
Cortejo de pétalos, purísimos rostros
de muchachas
viento de sombras congeladas
Siquiera sí ese trazo
tenue que la mano del niño
dibujó sobre la hoja gastada.

 

 

sábado, 4 de octubre de 2025

DARÍO RUIZ GÓMEZ

 

  

A veces vuelves

 

 

A veces vuelves, en los entreactos de
una frase, en la vacilación de un verbo
que desconfía de toda calificación, vuelves
con un ritmo oscuro y tenue del agua
de un pozo ciego. Y es como si una puerta
se abriera hacia un afuera que carece
de entorno, que no tiene perfiles de
montaña, atardeceres: blanco sobre blanco
que se agita como una piel sobre sí
misma, golpeada por la fuerza impredecible
de un recuerdo: la sin nombre, la sin rostro,
la sin habitación:
Y cuyo cuerpo es un estremecimiento
ante el misterio, peso del aire,
sabor eterno de la espuma,
morbidez de la luz,
contundencia de un ala sobre la
quieta superficie de la sombra.

 

 

viernes, 3 de octubre de 2025

DARÍO RUIZ GÓMEZ

 

  

Poema

 

 

quien araña la pared no sabe que
a este lado de ella no hay nada: ni
el vacío, ya que éste supondría la
desocupación de algo: los gastados
procesos de una intimidad: una llave, un
trozo de servilleta, un clavo. O sea, rastros
de sentimientos, ácidos desperdicios de
cuerpos que se odiaron huyendo de la
mirada que hubiera podido salvarlos
del horror final. Y quien toca aún la
puerta ignora que ya no hay casa detrás
de ella: un árido campo de extramuro a
quien redimen la ortiga y la campánula
¿Quién puede arañar la pared?
¿Quién puede tocar a la puerta?

 

 

jueves, 2 de octubre de 2025

DARÍO RUIZ GÓMEZ

 

  

Poema del ausente

 

 

El empañado juego de luces que enmarca la línea de la
carretera, parece de lejos, la señal de una invasión aérea.
Por lo tanto lo que me embarga es una sensación
que no es perplejidad ni ese cosquilleo que se siente en las yemas
de los dedos cuando presentimos que algo nos va a suceder
y no estamos preparados para evitarlo. La vida en el último piso de
los edificios tiene esas características, llegar a creer en las ventajas de la
levedad. Las fronteras del cuerpo y el espacio están categóricamente
fijados por la gruesa pared de cristal que nos recuerda que estamos
confinados y que no cabe escapatoria alguna. Son las normas fijas de la
propiedad privada. Ni siquiera el sueño se ubica en lo etéreo,
Ya que el olor de los ductos, de los electrodomésticos, destruyen
la ilusión de haber escapado por el territorio de las nubes. No
ocultamos la suerte de las criadas extraviadas en los ascensores,
los azares de las correspondencias que no llegan al usuario: cuando
han desaparecido los adverbios se ha borrado la línea del alba,
Ya no está la taza de café, la hoja en blanco que nos
Permitió vivir por vivir, soñar descaradamente con las nubes.

 

 

martes, 23 de septiembre de 2025

DARÍO RUIZ GÓMEZ

 


 

Que los pasos

 


Que los pasos que han buscado la puerta

verdadera se detengan por fin. Y al entornar

el ala de la puerta sólo la claridad

premie los años de tortuosa búsqueda,

la falta de palabras, el monólogo convertido

en lágrimas cada amanecer. ¡Sólo tú bastas

claridad redentora para que el huerto frío

de mi pecho vuelva a conocer la bondad

de la floración, el silencioso brotar de

los pecíolos, imágenes perdidas que el sol

de otro estío recupera a los ojos asombrados!

 

 

 

jueves, 11 de septiembre de 2025

DARÍO RUIZ GÓMEZ

 

  

Corazón vacío

 

 

Corazón, alcanzado por la quietud del arroyo invernal, mudo ante
la itinerancia de las sombras que hace el medio día y se
dilatarán confiadamente hacia los mantos de estrellas, hacia los astros
que rubrican el confín arrobado. Corazón, enunciado mismo de
aquello que ha sobrevivido al caer de los días bajo la ruina de la
profecía: túmulos de arena que fueron el templo de una promesa
no cumplida, vagos senderos de hayas tapizados de hojas
rojizas, corazón que sobrevives en los arrabales urbanos
entre el acre olor del aceite quemado y los palimpsestos de
nuevas desdichas, corazón asomado al agua turbia de
las calles vejadas por los criminales: escucha corazón los
pasos del niño que huye, escucha corazón el agitado pecho
de la madre que borra sus huellas al enemigo
De todos los días.