martes, 3 de noviembre de 2026

VÍCTOR BRIONES ANTÓN

 

 



FOMO¹

 

Cuando supe a ciencia cierta
que estar tirado en el sillón
toda la tarde sin hacer
nada de lo que manda la culpa
no conlleva pena
de prisión ni multa ejemplar,
empecé a atreverme
a caminar delante de esos hombres
que saben de todo más que nadie
sin que importara lo más mínimo
su opinión y sus consejos.

Cuando llegué a la certeza
de que cuidar y ser cuidado
es parte de lo que nos hurtan,
de que lo nuevo no vale un duro
si solo nace para esquilmarte,
para depredar tu atención
y que no la pongamos en los regazos,
pude dejar de hacer para ser visto,
cortocircuitar el ansia,
permitir a los ríos su discurso,
y a las vidas sus dignidades.

Aprendí a desembocar en la ignorancia.

Algo sospeché con eso que decía
Le Guin sobre sus cuentos:
que no eran necesarias
tantas epopeyas, que ya es hora
de ánforas y de renuncias,
que ya no tiene sentido adorar
la cultura del mordisco y la lanza.

Cuando vi que es posible dar de lado
a toda esa inercia de polígonos
y sueños en salmuera, cuando no caí
apuñalado por el enemigo fantasmal,
cuando no se cumplió la amenaza
y la doctrina siguió su curso bala
imposible de doblegar, respiré y
me dispuse a ser tachado
de persona improductiva.

 

De: “Galgos”

 

1.- Nota: FOMO (por sus siglas en inglés, Fear of Missing Out) es el miedo a perderse algo. Se define como una ansiedad o malestar psicológico al pensar que otras personas están viviendo experiencias divertidas, interesantes o importantes de las que uno está ausente.

 

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