sábado, 20 de mayo de 2023


 

GABRIELA AGUIRRE SÁNCHEZ


 

 

Él amaba tres cosas en la vida:
las canciones vespertinas, los pavos reales blancos
y los mapas desgastados de América.

Anna Ajmátova

 

NO COCINA
porque siente que pierde el tiempo.
Pero le gusta el frío guardado en la gelatina
y el calor que habita en los espárragos
y en las alcachofas
cuando el aceite de oliva
les ha cambiado el color.
No cocina.
Pero le gusta mi comida,
la carne preparada por mis manos
y la lasagna gratinándose
en el horno eléctrico.
No le gusta ir al supermercado
ni los niños gritando en los carritos
cuando hacemos fila para pagar.
Prefiere regalarle al mundo sus esculturas,
el brillo del lápiz sobre el papel cuando dibuja
y la resina mezclándose con el agua.
 


De: “La isla de tu nombre”
 

ADRIANA DORANTES MORENO

 

 

 

Testimonios 2

 

Contra lo esperado,
encontró a alguien que la quiso gorda y se casó con ella.
En la boda usó un vestido amplio con detalles púrpuras
y una tiara de flores naturales.
Después de varios años
todavía piensa en aquel otro atuendo:
un vestido entallado, modelo y talla única en la tienda,
que no pudo usar porque le quedó chico.
Piensa en la joyería que habría preferido para combinar con ese vestido soñado;
           en los recuerdos que hubieran sido diferentes,
           en las flores de la tiara, de otros colores,
           incluso en la decoración del salón y los manteles de las mesas.
Sobre todo, en ese vestido con detalles naranjas, hermosos,
que su talle no le dejó usar.

 

De: “La costumbre del vacío”

 

CARMEN OLLÉ

 

 

 

Teléfono silencioso

 

Sombras desde el amanecer
el corazón late en vano
copas de vino desde el alba hasta
la luna llena
pérfido músculo

vacío       embriaguez
muro       hiedras púrpuras
pútridas   hiedras
un efebo  una aparición
sin piel     sin límites

 

 

TIMO BERGER

 

 

  

 

Estación del sur

 

            …milenramas, cardos pegajosos,
rudbeckias, datura…

            Colocaron un banco
en el camino que bordea
las vías.

            En el fondo, unas vallas
que cortan
el paso;

            más allá, un matorral
aún por aplanar.

            Barrios hay en que
las obras públicas demoran

            hasta el inicio
de la próxima crisis.

            …margaritas, tréboles,
gordolobos, lecherinas, achicorias
amargas…

            Un domingo de verano
en compañía de las silenciosas
máquinas, sentado en ese mismo banco,
           
            festejo con la pala mecánica
a la hormigonera,
este barranco artificial a mis pies

            por donde pasa el tren del sur.
No sabría decir si me lleva a Buda
o a la Peste.

            Enfrente se refleja el sol,
en el viejo cuartel de los soldados
prusianos donde un pionero

            de la aviación, en un balón,
intentó subir al cielo
donde otros, antes, caían.

            Presos de las rachas
con sus alas de las varas del mimbrero
y cotón encerado.

            Chilla el eurocity rumbo a Praga;
se esfuma ni bien pasado
el limbo de la capital.

            Y el puente peatonal
sigue cerrado.
Hace rato el cielo se limpió y

            arriba del otro extremo
del puente, creo percibir
un hombre

            flaquito y tambaleándose
con unas alas gigantes
y un bigote

            en el viento ascendente de la tarde.
Mientras la estela de alta
velocidad hace

            temblar al balasto,
busco la salida
del montaje del alambrado.

            Me topo con buldóceres
y grúas que aún no transformaron
lo que fue una idea

            en parte transitable de la urbe.
Desde lejos —en la Estación
del Sur— se

            escuchan las próximas partidas.
Una langosta recorre
las tablas color tabaco del banco.

            Me lanzo a la jungla seca
que recupera vías y obras
abandonadas

            y diviso una brecha:
la vuelta
al mundo civil.

            …amapola silvestre, botón de oro,
flor de pascua, chiribitas,
lavándula…

 

 

ROBERTO LÓPEZ MORENO

 


 

 

Facial imante

 

Luna de facial imante
y de galáctico albergo,
en diálogo verba y verbo
desciñen albo cuadrante.
Maga, de menstrés menguante
cuando no en radiales plenos,
elíptica suma versos,
crece en el risal radiante.
Alfa-omega destilante
desde el geométrico vuelo,
nebulosa que en su cielo
astronomiza al mirante.
Luna en la fotografía.

 

 

CÉSAR CAÑEDO

 


 


La niña quisiera no tener que usar nunca
faldas cortas.
Quisiera meter debajo de su vestido
las horribles mangueras de sus zapatos ortopédicos,
esos aparatos
que no combinan con ninguna infancia.
Desearía no tener que correr nunca;
que usar las piernas
no la hiciera parecer estar quebrada,
en pedazos, ante los otros
(como un rompecabezas de sí misma)
y poder tocar el suelo sin tantas dudas
y que sus sueños no estén atados a un par de plantillas.

Mataría por ser
como la chica de su pintura favorita.

 

De: “Sigo escondiéndome detrás de mis ojos