Estación del sur
…milenramas, cardos pegajosos,
rudbeckias, datura…
Colocaron un banco
en el camino que bordea
las vías.
En el fondo, unas vallas
que cortan
el paso;
más allá, un matorral
aún por aplanar.
Barrios hay en que
las obras públicas demoran
hasta el inicio
de la próxima crisis.
…margaritas, tréboles,
gordolobos, lecherinas, achicorias
amargas…
Un domingo de verano
en compañía de las silenciosas
máquinas, sentado en ese mismo banco,
festejo con
la pala mecánica
a la hormigonera,
este barranco artificial a mis pies
por donde pasa el tren del sur.
No sabría decir si me lleva a Buda
o a la Peste.
Enfrente se refleja el sol,
en el viejo cuartel de los soldados
prusianos donde un pionero
de la aviación, en un balón,
intentó subir al cielo
donde otros, antes, caían.
Presos de las rachas
con sus alas de las varas del mimbrero
y cotón encerado.
Chilla el eurocity rumbo a Praga;
se esfuma ni bien pasado
el limbo de la capital.
Y el puente peatonal
sigue cerrado.
Hace rato el cielo se limpió y
arriba del otro extremo
del puente, creo percibir
un hombre
flaquito y tambaleándose
con unas alas gigantes
y un bigote
en el viento ascendente de la tarde.
Mientras la estela de alta
velocidad hace
temblar al balasto,
busco la salida
del montaje del alambrado.
Me topo con buldóceres
y grúas que aún no transformaron
lo que fue una idea
en parte transitable de la urbe.
Desde lejos —en la Estación
del Sur— se
escuchan las próximas partidas.
Una langosta recorre
las tablas color tabaco del banco.
Me lanzo a la jungla seca
que recupera vías y obras
abandonadas
y diviso una brecha:
la vuelta
al mundo civil.
…amapola silvestre, botón de oro,
flor de pascua, chiribitas,
lavándula…
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