"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
lunes, 10 de septiembre de 2018
ADELFA MARTIN
Tiempo sin tiempo
Veo
hacia adentro de la oscuridad.
De mi interior nacen los gritos que escucho a lo lejos,
porque vienen de las voces que no me pertenecen.
De mi interior nacen los gritos que escucho a lo lejos,
porque vienen de las voces que no me pertenecen.
La
tristeza no emana de mí,
viene de aquellas aves que no saben cantar
porque les arrancaron los ojos.
Su canción es muda y sorda.
viene de aquellas aves que no saben cantar
porque les arrancaron los ojos.
Su canción es muda y sorda.
Las
flautas que suenan lejanas,
atormentan a mi alma que descansa.
¡Oh paz interior que ya no te recuerdo!
...siento los pasos de los hombres
que me acechan día y noche...
Mis ropajes naranjas son
una mueca de alegría;
una burla cruel...
atormentan a mi alma que descansa.
¡Oh paz interior que ya no te recuerdo!
...siento los pasos de los hombres
que me acechan día y noche...
Mis ropajes naranjas son
una mueca de alegría;
una burla cruel...
¿Cuántos
años aquí?
¿Que sucedió que no puedo recordar?
El tiempo se detuvo sobre las nubes de aquella montaña
que no ha cambiado en años...
¿Que sucedió que no puedo recordar?
El tiempo se detuvo sobre las nubes de aquella montaña
que no ha cambiado en años...
Canta
ave, canta...
yo prometo reponer tus ojos
que me miran desde la profundidad
del alma de las aves...
yo prometo reponer tus ojos
que me miran desde la profundidad
del alma de las aves...
La
soledad es un mito que me acompaña.
La alegría, una sombra igual
al sonido del tren lejano y cercano.
Resuenan nuevamente los pasos
de los hombres solos
que no duermen nunca...
La alegría, una sombra igual
al sonido del tren lejano y cercano.
Resuenan nuevamente los pasos
de los hombres solos
que no duermen nunca...
La
sangre se secó, y no puedo seguir escribiendo...
ALEYDA QUEVEDO ROJAS
Fin de mi suerte
Mi
útero reposa
en la
bandeja de cirugía
se
vuelve ceniza
en los
basureros hospitalarios
no
tengo por qué mantener
compromiso
con el misterio
no
adivino más la suerte
he
quemado el tarot.
ÁLVARO FIERRO
Newtoniana
Me
miran.
Lo que
yo necesito es respirar
y no tantas preguntas.
y no tantas preguntas.
Les
hablo
y cuando ya no las espero suenan
mis palabras y sobra ese sonido
de sirena de buque que naufraga.
y cuando ya no las espero suenan
mis palabras y sobra ese sonido
de sirena de buque que naufraga.
Vejez
de pronto
y no saber valerse. Incontinencia.
y no saber valerse. Incontinencia.
Si no
doliera tanto
sería interesante esta postura
como de entrega al suelo,
como de siesta plácida en verano
pero ya es hora
de irme levantando y apagarme.
sería interesante esta postura
como de entrega al suelo,
como de siesta plácida en verano
pero ya es hora
de irme levantando y apagarme.
Adiós,
fresno. Que te corten.
ÁNGEL CRUCHAGA
¡Otra vez solo! Agita la muerte sus anillos...
Yo la tenía cerca como una trizadura
del corazón. Y era mi único regocijo
sentirla andar, reír. Mi alma ya no la busca...
Yo la tenía cerca como una trizadura
del corazón. Y era mi único regocijo
sentirla andar, reír. Mi alma ya no la busca...
Se fue de mí. No pudo mi red echada al día
tomarla toda. Huyó tan lejos de mis alas
que al conversar conmigo yo la siento perdida
y sólo me consuela el pensar que fue amada.
tomarla toda. Huyó tan lejos de mis alas
que al conversar conmigo yo la siento perdida
y sólo me consuela el pensar que fue amada.
Era el único orgullo quererla en el reposo.
Para sentirla más vivía en el silencio
y corría a lo largo de sus ojos
como un infante que tuviera miedo.
Para sentirla más vivía en el silencio
y corría a lo largo de sus ojos
como un infante que tuviera miedo.
Yo la sorprendí que estaba lejos siempre
que a mí no me quería, ni al sol ni a la montaña.
Estaba más lejana que la muerte...
¡pero yo amaba su perfil de lágrima!
que a mí no me quería, ni al sol ni a la montaña.
Estaba más lejana que la muerte...
¡pero yo amaba su perfil de lágrima!
MARCIA RAMOS
En el estiércol de tus dulces labios
No hay estómagos más vacíos que los de los hombres mirando su pasado,
sentados albergando la esperanza de una bruma adentro de sus recuerdos
algo que les permita imaginar una brisa de frescura sobre sus manos rotas.
¿Has visto el agua combinarse con la moribunda araña del cerebro y la lepra que solloza
por la noche o la mirada de una joven que reconstruye tus palabras cuando hay
soledad?
¿Un clavo extraviado en el latente secreto del cuerpo al decir su nombre?
En el momento de iniciar la lumbre en los extremos de las costillas
como dos mariposas sumergidas en acido sulfúrico
los suspiros te persiguieron puesto que guardaste su desnudez,
la fotografía de su sexo que palpita en el fondo
en una serie de laberintos bajo llave.
¿Qué ocurrió con la memoria agresora?
Acaso no hay respuesta para las noches donde abrasaste el desliz de un vestido
arremangado,
una nota que dejaste en el bar de licor mutante donde el cielo caía sobre sus senos de
Tantra,
una luna menguante que te acompañó cuando todo se hacia trizas,
no puedes existir debajo del traje de la muerte ni soñarla,
en los ojos te has hundido,
de tus dulces labios salió el estiércol al pronunciar mi piel sobre una tumba.
ISABEL RODRÍGUEZ BAQUERO
Dulce furia
Qué fulgor derramado esta luna de cera,
qué imparable este río
de mis venas abiertas
vertiéndose incesante en tu mar sin orillas.
Qué raudal de agonía
desatinada y plena,
de mi boca a tu boca,
de tu mar a mi arena.
Qué deslumbrante herida,
qué llama inapagada,
qué dulce y ardua furia de cuerpos anudados,
qué tierna la derrota después de la batalla...
Qué fulgor derramado esta luna de cera,
qué imparable este río
de mis venas abiertas
vertiéndose incesante en tu mar sin orillas.
Qué raudal de agonía
desatinada y plena,
de mi boca a tu boca,
de tu mar a mi arena.
Qué deslumbrante herida,
qué llama inapagada,
qué dulce y ardua furia de cuerpos anudados,
qué tierna la derrota después de la batalla...
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