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martes, 28 de abril de 2020

FRANCISCO ESPADA





Espinos contra la esperanza



La esperanza es un camino de ida
y de no retorno, una mirada al frente
dejando atrás los calcinados
campos de la desolación,
un avanzar lento con los ojos puesto
en el objetivo de una vida superable,
vivible, habitable, donde el sol salga cada día
y amase con esfuerzo y sudor del trabajo
un trozo amargo de pan con el que saciarse,
con el que acallar en las tripas la música
de un larguísimo desentreno agónico.

El Sur se abrasa de sol y miseria
y prefiere abrazarse a los espinos
y a los aceros asesinos,
que vivir una noche interminable
donde sólo se sueña la escapatoria
de que la luna es un queso fresco;
porque, tras la noche, tras cada noche,
espera una noche más larga,
más interminablemente infinita.

No hay espinos, no hay vallas, no hay cuchillas
capaces de contener la desesperación
de ese desierto que va fagocitando
a los más débiles y debilitando a los fuertes:
cuando se acaba el pasto, las cabras ramonean
las acacias, los elevados espinos
y las conciencias  de los que vivimos
alrededor de la opulenta mesa del Norte,
a pesar de nuestras quejas y lamentos.



miércoles, 22 de abril de 2020

FRANCISCO ESPADA






Hambre



Hambre
sin eufemismos, hambre pura y dura;
ya está bien de tergiversar el vocabulario
buscando un perfil maquillado:
hambre, hambre, hambre...

Un joven
de veintitrés años y treinta quilos
es un Ecce Homo,
una criatura de Dios que ha sido
abandonado a su mala suerte
y embarranca nuestras conciencias
por el despeñadero
por el que cada uno se mira su ombligo.

Borren el epíteto rimbombante:
Consejería de Igualdad, Salud y Políticas Sociales,
¿dónde leches está la igualdad?
¿dónde la salud?
¿dónde las políticas sociales?

Para morir de hambre no se necesitan alforjas,
sino carecer de ellas;
los técnicos le llaman desnutrición,
el pueblo le llama hambre;
muerte a la que conduce el hambre,
hambre, hambre, hambre...



jueves, 16 de abril de 2020

FRANCISCO ESPADA





Concertina para el hambre



La vida golpea a todos 
con azotes de azar que nos desencuadernan;
llega el envés,
llega el viraje virulento
y se convierte en óxido
lo que antes era acero rutilante:
son hechos maltrechos,
deslucidos encajes del camino de la vida
y reveses de fortuna
que nos sacan de la senda
y nos orillan en la arista misma
con su pendular hacia la muerte.

Pero hay almas, al parecer blasfemas 
o ignominiosamente olvidadas,
que viven en la clausura del olvido
como reductos negros del desprecio
en la esquilmada tierra aborigen
y condenados sin juicio ni cordura
al olvido de los hombre y los dioses.

Nos hemos atrincherado 
en el reclamo de lo mío es mío
y lo tuyo vuestro
—siempre que no sea del interés general—
y alambramos el coto, y elevamos la cota,
con las debidas rendijas para los bienes
sin comunión con la negra y endémica
palidez del hambre. 
¡Hambre, hombre, hambre!

¿En qué pérfida y arrogante cabeza
anida la exclusión de tu látigo fiero?:
concertinas para el hambre
no es música bailable, sino holocausto
indignante, flagelo, picadura de áspid,
inmoralidad, indigencia, indecencia, infamia.



viernes, 10 de abril de 2020

FRANCISCO ESPADA





Canción a una niña muerta

   

Le robaron la muñeca que adormecía
en su infantil regazo,
y la ofrecieron a ella como flor inmadura
a un cuarentón de caudales babosos
que desgarró sus entrañas pueriles
segándola por el tallo.

Sus padres decidieron por ella
el instante en el que dejar de ser niña
y tronchar su espiga;
así, a un tiempo,
le evitaban ese espacio baldío
y onírico de la pubertad,
tan desorientada y sin otra lógica
que las chifladuras de la juventud;
era aún fragilidad, en formación,
y padeció el vértigo de ese salto al vacío
donde, privada de las ensoñaciones
con príncipes o emires, con coronas o turbantes,
imaginarse tejiendo camisones con hilos de oro.

Todavía era flor de harina,
no había posibilidad de levadura en su seno
y la sometieron,
la mancillaron siendo promesa de ázimo
al riguroso calor extremo del horno
de la fructificación,
donde sólo habita la codicia,
la sed irracional del néctar primerizo.

Era un durazno incipiente, verde y rechinante,
y no resistió el filo embotado de la navaja,
pues toda ella era candidez naciente
que soñaba con muñecas
y aún aplazaba para años venideros
las fantasía de mocita casadera.

Era apenas futuro no conjugado
y quedó para siempre en la lujuria
de unas sábanas ultrajadas con su propia sangre.


12 septiembre 2013

Noticia que motivó el poema: Una niña yemení de ocho años, fallece en la noche de su boda debido a múltiples lesiones sexuales...



sábado, 4 de abril de 2020

FRANCISCO ESPADA




Patria hostil



Hay una patria hostil,
una patria cautiva
de los poderes ocultos
que tejen en la trastienda
las tejas de la maquinación,
que empobrece
a los que ya se doblan
y enaltece a los poderosos;
una patria sin alma
que se olvida de los últimos
y expatria a los penúltimos,
a quienes gozan de currículos
de la excelencia
hacia el peregrinaje
de un rayo de esperanza
que se vislumbra fuera
de los mojones de esta hostilidad.

Hay una patria hostil,
una patria vomitiva
que hunde en el descenso
a los infiernos
a una gran multitud de sus hijos,
que esclaviza y envuelve
con sutiles seudónimos
las miserias de quienes
ya perdieron todo resquicio de luz,
que caminan ciegos, a tientas,
que los exilia a la desesperanza
sin posibilidades de retorno.