sábado, 2 de mayo de 2026


 

ROCÍO ROJAS-MARCOS

 


 

Algunos miedos

  

Hay muchas cosas que te dan miedo no

que se vaya la luz

no un trueno

pero sí el rayo

no un fantasma

pero sí su nombre

porque cuando las cosas tienen nombre existen

pesan y deambulan.

A veces, incluso tienen un pasado

y ese tiempo superado es tiempo ignoto aunque

finjas leerlo en manuales de historia aunque creas

haber estado allí.

Ese tiempo pasado se olvida

como se olvida el color de las olas en retirada como

se olvida el sonido de las hojas al moverse

como se olvida la última sonrisa de una vida antigua.

Cuesta trabajo el recuerdo

quebrado

fracturado en imágenes que se agolpan y

ocupan espacio

que se atascan

como se atascan las risas y el llanto (llanto

singular, risas plural)

eso también da miedo.

 

Miedos reales e irreales, dicen los expertos:

miedos con nombre propio y otros incluso con número de DNI.

Estos últimos

aún no los puedes clasificar

porque parecían irreales hasta hacerse corpóreos

porque un documento nacional de identidad es un rectángulo de plástico y de

repente puede convertirse en alguien con nombre y apellidos alguien que sonríe

y saluda

alguien con ideas de futuro-proyectos-cerveza fresquita los viernes.

Lo que da más miedo

cuando se hace real

es que sonría.

pues al mirar de frente una sonrisa confías sin pensarlo mucho

-truco manoseado sonrisa

trampa-

cuando tienes las ventanas abiertas y

la puerta sin la llave puesta

es cuando esa sonrisa se fosiliza te

mastica y escupe

te pisotea y escupe.

 

De: “Miedo”

 

JOSÉ MANUEL FAJARDO

 


 

El cementerio

  

Crece un rosal salvaje sobre la tumba

en la que el cuerpo medita su ruina

un rosal alto y retorcido

fiera cruz que guarda arisca

el secreto que le sirve de alimento.

Piedra que crece

sobre el lomo erizado de esta ingrata colina

donde el olvido musita sus palabras de hierba

y la tierra enseña sus uñas pardas

entre las tristes ranuras de las lápidas.

Hay una calma de siesta

en el cementerio.

Hay una verja abierta

y una fosa abierta

y un pájaro diminuto que se posa en un arbusto

y un vuelo fugaz de gaviotas

cuyos gritos secos son la única oración

que entona el cielo.

En vano teje la araña del tiempo

su mortaja de silencio

pues la húmeda voz del cementerio lanza al aire

sus mudas palabras de arena y mármol y gravilla

sus murmullos de césped y caléndulas.

Y en la hondura del valle

se hacen eco los perros

y la lluvia se aquieta

y se aplacan las iras del viento

y el rosal despliega el suspiro de su aroma

como un himno a los muertos.

 (Getxo, 1993)

 

De: “Perfecta sombra”

 

JUAN CARLOS MESTRE

 

 

 

Ta Tung

  

Me enamoré de ti en el restaurante chino de la Plaza Mayor

Ese día bajo los dragones dorados

Tú eras todas las dinastías que ha tenido la Tierra

Tú eras el delta de los ríos y la cascada de los encantamientos

El curry que tiñe de sol el lazo de las servilletas

El día que me enamoré de ti comenzaba el año del gato

Y las nubes maullaban sobre los tejados

Celebrando la lluvia de estrellas y la cosecha de arroz

Demonios, al salir tiraste sin querer el buda de escayola

Y todos los buenos presagios se hicieron añicos

Nena, ya nada ha vuelto a ser como entonces

Cuando sabías a las bolitas de helado Familia Feliz

Y yo te acariciaba con palillos de bambú los brotes de primavera

 

De: “La casa roja” y la antología “Asamblea. Poesía reunida 1975-2025”

 

 

 

VITAL AZA

 

  

 

Ego sum

  

Al despuntar la mañana,
tras una noche serena
y en fecha ya muy lejana
nací en la Pola de Lena,
hermosa villa asturiana.

Como nací no lo sé;
no recuerdo la postura,
porque yo no me fijé;
pero hay gente que asegura
que yo he nacido de pie.

  

 

JUAN AROLAS

 

 

 

Sé más feliz que yo

  

Sobre pupila azul, con sueño leve,
Tu párpado cayendo amortecido,
Se parece a la pura y blanca nieve
Que sobre las violetas reposó:
Yo el sueño del placer nunca he dormido:
                    Sé más feliz que yo.

Se asemeja tu voz en la plegaria
Al canto del zorzal de indiano suelo
Que sobre la pagoda solitaria
Los himnos de la tarde suspiró:
Yo sólo esta oración dirijo al cielo:
                    Sé más feliz que yo.

Es tu aliento la esencia más fragante
De los lirios del Arno caudaloso
Que brotan sobre un junco vacilante
Cuando el céfiro blando los meció:
Yo no gozo su aroma delicioso:
                    Sé más feliz que yo.

El amor, que es espíritu de fuego,
Que de callada noche se aconseja
Y se nutre don lágrimas y ruego,
En tus purpúreos labios se escondió:
Él te guarde el placer y a mí la queja:
                    Sé más feliz que yo.

Bella es tu juventud en sus albores
Como un campo de rosas del Oriente;
Al ángel del recuerdo pedí flores
Para adornar tu sien, y me las dio;
Yo decía al ponerlas en tu frente:
                    Sé más feliz que yo.

Tu mirada Vivaz es de paloma;
Como la adormidera del desierto
Causas dulce embriaguez, hurí de aroma
Que el cielo de topacio abandonó:
Mi suerte es dura, mi destino incierto:
                    Sé más feliz que yo.

 

JUAN JOSÉ ARREOLA

 

 

 

Gravitación

  

Los abismos atraen.
Yo vivo en la orilla de tu alma.
Inclinado hacia ti,
sondeo tus pensamientos,
indago el germen de tus actos.

Vagos deseos se remueven en el fondo,
confusos y ondulantes en su lecho de reptiles.

¿De qué se nutre mi contemplación voraz?
Veo el abismo
y tú yaces en lo profundo de ti misma.
Ninguna revelación.
Nada que se parezca al brusco despertar de la conciencia.
Nada sino el ojo implacable  que me devuelve mi descubierta mirada.
Narciso repulsivo, me contemplo el alma en el fondo de un pozo.

A veces, el vértigo desvía los ojos de ti.
Pero siempre vuelvo a escrutar en la sima.

Otros, felices, miran un momento tu alma
y se van.
Yo sigo a la orilla, ensimismado.

Muchos seres se despeñan a lo lejos.
Sus restos yacen borrosos,
disueltos en la satisfacción.

Atraído por el abismo,
vivo la melancólica certeza
de que no voy a caer nunca.