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martes, 30 de septiembre de 2025

EMMA VAMARÍ

 

 

 

Parecen máquinas

 


Las vieron subordinadas al frío

que el cielo no se llevó

Veo a mi abuelo con todos sus difuntos

a toda prisa en esas parábolas

Lo veo corriendo hacia mí

con asombro crudo tapándole la boca

pero no la voz

pero no lo marcial

y juntos removemos el espacio del tiempo

y solo quedan los autómatas

destrozando los cimientos del mundo

porque también les cayó el monte encima

y no queremos saber de un Dios sin demonios

Mi abuelo es un niño que llora

porque no quiere que me muera

Sus lágrimas también son paleadas hacia la calle

se cuelan por todos los rincones del minuto

y se hacen bolita en el regazo del conticinio

Veo que ese tipo de casas guardan todo

Veo a mi abuelo arrumbado en una esquina

No tarda en llegar el ejército

por nuestra tristeza

 

 

 

miércoles, 24 de septiembre de 2025

EMMA VAMARÍ

 

  

Los retumbos (fragmento)

 


Estábamos esperando a alguien al otro lado de una línea

que nunca abandonaba su terminal,

pero sus resoplos se cuelan de tal o cual forma

en nuestras ansias.

Las ansias huelen a la última primavera

de un corazón a contrarreloj,

y las ventilas de medio metro cuadrado

son incapaces de atenuar cualquier cosa atenuable,

sus mosquiteros frenan en seco a las monedas

que se hunden en los malecones

y ya no podremos zambullirnos en nuestras voces electrónicas

sin volver a sentirnos furtivos ante el atardecer.

Y al borde de la tabla,

en el valle del adormecimiento,

estamos lo bastante cerca para olisquearnos

—hueles a esmog de invierno y propranolol y lidocaína—,

correteando con los ojos cerrados bajo las torres

y estoy lo bastante despierto para saber que he estado dormido

y tu agua está lo bastante liviana

para que sea imposible mantenerte en una sola pieza.

 

 

 

 

jueves, 18 de septiembre de 2025

EMMA VAMARÍ

 

 

Las fantasmas de Santa Mónica (fragmento)


VIII

 

Chunches nacimos, mamá.

Mamá Mónica.

Chunches nacimos entre las piernas

  y chunches nos habíamos de morir.

Virtud del arte, tal vez,

  o pena de la astucia;

el arte sabe descollar en los chunches

que nítidos llegan a las cuerdas enmohecidas

y las poesías se empujan por papiros vitrificados,

miran al cielo, te llaman

irradiados por la ira, tu sangre,

la arena que quedó en penumbras

al alzarse la cruz, y allí estuvimos, mamá, ¿te acuerdas?

¿Te acuerdas de la espalda de María

corriendo entre nuestros dedos como esa arena?

No nos consta qué tanto de igual o distinto

tienen aquellas nubes a las que hoy

durmieron en tu mirada.

Mamá, te esperamos

chapeadas y taquicárdicas bajo el mediodía,

pero llegaste tarde a este tu santuario.

Si nos buscas, podríamos encontrarnos

en esta Puebla metamorfoseada,

o entre las pisadas fantasmagóricas

de nosotras: los chunches nuevos.

 

 

 

 

viernes, 12 de septiembre de 2025

EMMA VAMARÍ

 

  

 

Tercer descenso

 


A las seis de un jueves algo retumba

La polvareda se asienta suavemente en el pétalo de un suplicio

donde los rezos se estiran hacia las guerrillas del tiyat

la tierra de todos los colores

excepto el nuestro

Y son las seis y algo de un cinco de junio

y las seis y algo de una advertencia

en oleajes que se interrumpen de pronto

y cambian de dirección hacia afuera de las rocas

hacia el futuro

donde los tonos aguardan a ser descubiertos

por los cantores que palpan

solo si se dejan palpar de vuelta

(así sienten las rocas)

Los cantos viejos reverberaban otras seis

otras innombrables seis, otras chingadas seis

otras seis chingadas canciones

seis ahuates restregándose por los techos

que resienten las seis y poco más

de un dos mil tres

una vez cuando todos los flotes 

volvieron al abuso

en otra enfermedad un pez cualquiera

Nunca nadie nos dio una voz

que pudiésemos hinchar con agua hasta la muerte

Primero llegaron a decirnos

que somos “el lugar encima de la cueva”

y luego nos llamaron hoyos

“el lugar que encubre un vacío”

por eso todo llega a desplomarse aquí

a llenar los sumideros a como dé lugar

y tal vez por eso todos nuestros rezos

no suben más allá de nuestros ojos

y amamos a tientas y sin sostén entre decepciones

y por eso los cantos siempre hablan de lo mismo:

el hijo infinitamente nacido

de la calavera

Y a las seis desboca un saquito de pasión

Galopa el cuz-cuz

Limpia la montaña

Ya no chispea

A las seis un humano

que apaga un cigarrillo

mira al único verso

imposible de teclear

y se desboca

y empieza a venir

Viene sin forma

Viene hirviendo

Viene viva

Se levanta el telón

—habemus carroña renovada—

Se prenden las cámaras

Se agitan las tumbas

Se abrazan las piedras

Se abrasan las piedras

Reciben en alfombra roja el trancazo

y el valle se amodorra

Se apoxcahua

 

 

sábado, 6 de septiembre de 2025

EMMA VAMARÍ

 

 

 

Cuando llegaron las simetrías (fragmento)

 

 

Pero ya no les dije—
Por fuera de los sueños, en el sudor del insomnio,
los ventrículos aún funcionan por costumbre para los telares;
se montan en los camiones, pasean los dolores,
se convierten en diálogos calixpintos
que ignoran lo sagrado en las disparidades de las masas
cuando se acurrucan encima de lo poco que aún golpea
​​ 
en esta parte del río,
en donde la memoria del agua despierta suavemente por las torsiones
y los pastizales despeinados con risas delicadas (burbujas en el fuego);
en donde hay el sitio preciso para los compases cardíacos
que conducen hacia alguna narcolepsia
​​ 
de la luz cuando se infusiona en el mar.