"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 24 de febrero de 2026
RAFAEL CAMPOS LOZANO
Palabras
Las
palabras
si quieres verlas
tienes que abrir el libro
buscar y abrir el libro
solo así las ves como miras un cuadro
Pero con las palabras
puedes cantar canciones
y pueden ser oídas
y así son otra cosa
la misma cosa y otra
en el aire otra cosa
escuchar las palabras
volando por el aire
Hasta las más antiguas
escritas y encerradas todas bien ordenadas
en sus cementeritos
en las estanterías de ataúdes minúsculos
con tapas de colores tan bonitas
dormidas desde entonces
Mientras que puedes ver los cuadros cuando quieras
no puedes ver palabras así de fácilmente
tienes que despertarlas con cuidado
sacarlas de su libro
tienes que recordar dónde está el libro
y luego
si encuentras ese libro
tienes que recordar dónde están las palabras
las palabras precisas que quieres de ese libro
mirar en ese libro y recordar el sitio
donde estaban calladas
Ya no logras recordar esas cosas
a veces se te olvida dónde duerme ese libro
para resucitar las palabras que quieres
y llega antes la falta de la memoria antigua
se fatiga el deseo y olvidas las palabras
y te quedas suspenso entre una cosa y otra
buscando la memoria que está también dormida
entre los anaqueles de los ataúdes
y dejas de buscarlas
sin saberlo siquiera
y sin ningún remedio
las palabras queridas
Cada vez menos veces
consigues ya querer unas palabras
y menos veces ya
consigues descubrirlas y verlas o decirlas
como tanto querías
y por eso es por eso
de forma inapelable
te vas algodonando blandamente
entre las blancas nubes de olvido
en tu cabeza
tantas veces ilustre
De: “Inusitaciones”
LUIS CHAVES
Marino
Lo
bueno del mar es
cuando nadie se ahoga.
Pasó
ayer pero
lo cuento hoy
mientras escriben
ellas un nombre
en la arena
con un palo que vino
flotando entre bolsas
y hojas y pipas.
Escriben hoy
lo que conté ayer.
La
monotonía tiene un borrador
que llamamos olas.
Son
estas que te hacen
cosquillas en los pies
y luego se van.
Son
estas que borran
los pies o lo que alcancen.
Lo que toca el mar
le pertenece.
JESÚS RAMOS DÍEZ
Tu
ofensiva belleza
Tu
belleza, ofensivamente humana,
la palabra desnuda tras tu voz de giraluna,
estandarte, oriflama, es como la rosa hallada
en el vasto mar de tu pecho.
Giraluna
Tu
cálamo de numen humanista
es chispazo de mil aguamarinas
inundando por todas las esquinas
tu bello corazón renacentista.
Poliédrico,
versátil, preciosista,
antitético de las disciplinas,
cirujano del habla que dominas,
anacrónico, asceta, vanguardista.
Ni
agnóstico ni ateo ni creyente,
escéptico más bien de la fortuna,
verso suelto exquisito y diferente.
De
sueños tejedor desde la cuna,
melopeya lírica y sugerente,
una canción de amor, un giraluna.
De:
“Tu ofensiva belleza”
BENJAMÍN PRADO
Los
dos Joan Margarit
De
una noche con él se regresaba a casa
como
quien llega a puerto después de un largo viaje
a
una isla
donde
ha sido feliz
y
sin estar seguro de quién de los dos era
ese
hombre: ¿El de la risa alegre
o el
de los ojos tristes como un bosque quemado?
¿El
que odiaba a Neruda o el que amaba sus versos?
La
respuesta no está en su poesía,
porque
en ella hay lugar para el rencor
—esa
nieve que nunca olvida una pisada—,
se
siente la amargura de quien perdió una hija
y se
escucha la voz de la derrota,
el
ruido
de
cristales rotos
que
hacen
los
sueños al caer;
pero
no hay sitio para la venganza
ni
la ira.
En
eso eran iguales
el
autor y sus obras: de repente,
en
la mitad de un drama se volvía optimista,
encontraba
un motivo para seguir viviendo
y el
dolor se volaba con alas de Esfinge,
era
una niebla que se lleva el viento,
era
un lobo que vuelve a su guarida.
Le
conocí a la edad en la que, como él dice,
ya
se lleva el tiempo en la mirada,
pero
aún conservaba una ambición tímida
de
arquitecto que aspira a la literatura.
Llamaba
a los poemas
que
escribió la casa de la misericordia,
y
allí vuelvo a menudo a recordarle.
Los
creyentes
temen
a lo que rezan,
pero
el lector confía en sus maestros:
aunque
tenga sus dioses, en una biblioteca
nadie
se debe de arrodillar.
Muy
pocos días antes de irse con las tinieblas,
me
llamó,
sin
decir
que
era una despedida,
y
fingimos los dos
que
no estaba
al
borde de la muerte,
que
no se la escuchaba ya en su voz.
Si
es que eso es verdad,
porque
hace un instante,
Joan
Margarit estaba aquí mismo, a mi espalda,
se
han oído unos pasos
como
los que él daba al recitar, frente al público,
con
la vista en el suelo,
igual
que si buscase una idea perdida,
y me
ha dicho,
en
voz muy baja: —Són
menys
cada vegada els qui ens recorden.
Son
menos cada día los que aún nos recuerdan.
He
abierto un volumen de sus obras completas
y
había dentro algo misterioso,
una
especie
de
calor en el aire,
un
halo de energía
parecido
al que queda suspendido
en
la oscuridad
tras
el paso de un tren que se aleja en la noche,
como
si al notar que alguien llegaba
acabase
de huir el refugiado
que
vive
ahí
escondido.
De: “La
edad de los fantasmas”
RAQUEL JADUSZLIWER
Te
levantó la bruma esta mañana. Lo hizo cuando se iba
y te
dejaba en absoluta indefensión ante la luz.
La
luz era tan nueva, tenía algo de las epifanías
que
los pintores de íconos salían a capturar.
Se
salían de sí, lo hacían dotados de un color tan salvaje
que
sólo de los campos agrestes de la fe brotaba.
Enceguecidos,
guiados por visiones,
previeron
esa luminosidad que hoy te rodea
y te
hace parpadear.
De:
“Espiga de los días”
MANUEL ILLANES
Seguimos
un estrecho sendero que bordeaba el precipicio e iba girando alrededor de la
montaña, casi como si la abrazara, que avanzaba de manera interminable y
serpenteaba entre los riscos, siempre en ascenso, hasta culminar en una
explanada repleta de grandes piedras labradas extrañamente. Habíamos llegado
con la respiración entrecortada a la cima. Llovía con intensidad, estábamos
completamente empapados.
Hubo
unos minutos de silencio, en los que adoramos el cielo cubierto, apostados en
el Inti Huatana.
De:
“Las puertas del Edén”
