Te
levantó la bruma esta mañana. Lo hizo cuando se iba
y te
dejaba en absoluta indefensión ante la luz.
La
luz era tan nueva, tenía algo de las epifanías
que
los pintores de íconos salían a capturar.
Se
salían de sí, lo hacían dotados de un color tan salvaje
que
sólo de los campos agrestes de la fe brotaba.
Enceguecidos,
guiados por visiones,
previeron
esa luminosidad que hoy te rodea
y te
hace parpadear.
De:
“Espiga de los días”
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