El
dinosaurio
Cuando
despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
De:
“El paraíso imperfecto”
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
El
dinosaurio
Cuando
despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
De:
“El paraíso imperfecto”
La
tortuga y Aquiles
Por
fin, según el cable, la semana pasada la tortuga llegó a la meta.
En
rueda de prensa declaró modestamente que siempre temió perder, pues su
contrincante le pisó todo el tiempo los talones.
En
efecto, una diezmiltrillonésima de segundo después, como una flecha y
maldiciendo a Zenón de Elea, llegó Aquiles.
De:
“El paraíso imperfecto”
El
fabulista y sus críticos
En
la Selva vivía hace mucho tiempo un Fabulista cuyos criticados se reunieron un
día y lo visitaron para quejarse de él (fingiendo alegremente que no hablaban
por ellos sino por otros), sobre la base de que sus críticas no nacían de la
buena intención sino del odio.
Como
él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra
se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.
De:
“El paraíso imperfecto”
El
perro que deseaba ser un ser humano
En
la casa de un rico mercader de la Ciudad de México, rodeado de comodidades y de
toda clase de máquinas, vivía no hace mucho tiempo un Perro al que se le había
metido en la cabeza convertirse en un ser humano, y trabajaba con ahínco en
esto.
Al
cabo de varios años, y después de persistentes esfuerzos sobre sí mismo,
caminaba con facilidad en dos patas y a veces sentía que estaba ya a punto de
ser un hombre, excepto por el hecho de que no mordía, movía la cola cuando
encontraba a algún conocido, daba tres vueltas antes de acostarse, salivaba
cuando oía las campanas de la iglesia, y por las noches se subía a una barda a
gemir viendo largamente a la luna.
De:
“El paraíso imperfecto”
La
fe y las montañas
Al
principio la Fe movía montañas sólo cuando era absolutamente necesario, con lo
que el paisaje permanecía igual a sí mismo durante milenios. Pero cuando la Fe
comenzó a propagarse y a la gente le pareció divertida la idea de mover
montañas, éstas no hacían sino cambiar de sitio, y cada vez era más difícil
encontrarlas en el lugar en que uno las había dejado la noche anterior; cosa
que por supuesto creaba más dificultades que las que resolvía.
La
buena gente prefirió entonces abandonar la Fe y ahora las montañas permanecen
por lo general en su sitio. Cuando en la carretera se produce un derrumbe bajo
el cual mueren varios viajeros, es que alguien, muy lejano o inmediato, tuvo un
ligerísimo atisbo de fe.
De:
“El paraíso imperfecto”