Los
espejos de feria
no siempre son graciosos.
Al
final de tus piernas,
hay patas de gran felino;
llevas la presa aún viva
entre los dientes.
En
la sala vecina, el actor
grita siempre el mismo grito.
De:
“Un ser cercano”
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Los
espejos de feria
no siempre son graciosos.
Al
final de tus piernas,
hay patas de gran felino;
llevas la presa aún viva
entre los dientes.
En
la sala vecina, el actor
grita siempre el mismo grito.
De:
“Un ser cercano”
A
solas con esta carne nueva
que el cristal me entrega,
con este amor límpido
que tus manos me devuelven.
Los
símbolos desfilan alegres
sin que yo pueda tomarlos;
ahora soy lo más cercano
que conozco a un enemigo.
De:
“Un ser cercano”
Es
mi carne un instrumento
que se toca: su mano
toda cosa aviva y florece.
En
su boca hay un camino
que no puede deshacerse:
dice mi nombre y mi amor acude.
De:
“Un ser cercano”
Al
volver, la casa apestaba:
la vergüenza es un animal
que orina sobre toda cosa.
Y en
el suelo de mi cuarto,
mi gata había vomitado
unas flores mías
que se había comido en secreto.
A
veces la memoria, me dices,
es como un perro enrabiado,
pero la palabra tiene la mandíbula
más robusta.
De:
“Un ser cercano”
Un old
fashioned en la mesilla;
un verso aún en las yemas.
Nos salía de la boca un agua sucia
que inundó todo el barrio.
Al
amanecer los vecinos
llamaron a la gendarmería
y el sol nos mordía los ojos
como una abeja asustada.
De:
“Un ser cercano”