"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 18 de diciembre de 2025
ANA ROMANO
Leontina
Panaderos
en
los libros y su quietud
Leontina
parpadea
frente
a los nardos
y
sucumbe
ante
unas mariposas.
LOREDANA VOLPE
xi.
las
calles estaban en llamas.
cómo
saber que nos enfrentaríamos
a la basura entre las junturas
de lo que debería hallar en sí
su condición de celeste
—no era celeste nuestro cielo, no—,
a los cuerpos en las alcantarillas,
a la sangre de un cuerpo tras otro
traspasado, en un puente
hecho un ovillo de brazos y piernas aferrado a la existencia,
eso que nos queda,
las placas de zinc agujereadas a los costados
y sigues vivo.
cómo
saberlo.
éramos
quizá demasiado jóvenes
para nombrar la guerra
y decir del horror «presencia».
………..el
horror cósmico es un género sagrado
………..atribuido a Lovecraft,
………..de naturaleza indescriptible: el horror
………..cuando es nombrado
………..deja de ser cósmico, atractivo,
………..pierde para el lector ese carácter deseable
………..de ensoñación, de andar dormido
………..mientras camina imaginando
………..reinos devastados por fuerzas insondables,
………..mistéricas, aterradoras.
demasiado
jóvenes —seguros
de una inmortalidad que jamás nos fue concedida—
para entender que de nuestras vidas
solo cabía esperar la amenaza,
de nuestras vidas solo escapar
del cielo temblor boca negra abierta en llamas:
no era celeste nuestro cielo, no,
para en el fuego de la ciudad
ver algo más que la emoción de la epopeya
atravesando un paisaje que arde salvando
escombros y camiones carbonizados
las explosiones el gas escociendo
los dedos ocultos las balas por encima de la cabeza
para llegar a una sala de ensayo.
y
pensar que este fue para nosotros
el comienzo del teatro.
De:
“Ejercicio de aniquilación”
ELISA LERNER
329.
«El
sueño me devolvió un amigo muerto hace años, fino de mucho humor, transformado
en feroz bandido casi oriental y el rostro ornado por una temible barba que era
como una corona de atroces dientes negros. No tuve ocasión de implorarle que
recordara tiempos antiguos y más clementes. Menos mal que ciertos sueños
adversos tienen la ventaja de ser jugarreta escurridiza, pasan página muy
rápidamente», dijo una dama pequeña y delgada en cuyo sombrero de grandes alas
se habrían quizá mecido muchos recuerdos.
ANTONIO ARROYO SILVA
Las
reliquias sagradas son las que no te han dicho:
Más que el hogar, el hueco que tú llenas
y el hueco que vacías. Más que el tuyo, el que llenaron
en ti tan sin ropaje. Más que el calor, la mano
que de sí se desprende para dártelo en la tiniebla.
Más que el agua,
los ríos de saliva
que intuyen las aguadas de abril
bajo el rojo paraguas de la carne.
¿Y
por qué no guardar de cada instante un trozo,
una astilla, la uña que escribe en el rocío del cristal
o ese deslumbramiento que recibimos
en las tardes oscuras del hambre?
Las
reliquias sagradas no dan rentas,
no son sagradas, dicen los doctos.
Junto al zapato viejo las dejan los inútiles,
los que no heredarán el reino de la luz.
No
lo saben: las cosas a veces no son cosas
sino el cerco de nuestra desnudez, el vestido
de ser bajo la lluvia. Y es que
las reliquias sagradas no
son las que te han dicho.
De: “La
memoria del roce”
