xi.
las
calles estaban en llamas.
cómo
saber que nos enfrentaríamos
a la basura entre las junturas
de lo que debería hallar en sí
su condición de celeste
—no era celeste nuestro cielo, no—,
a los cuerpos en las alcantarillas,
a la sangre de un cuerpo tras otro
traspasado, en un puente
hecho un ovillo de brazos y piernas aferrado a la existencia,
eso que nos queda,
las placas de zinc agujereadas a los costados
y sigues vivo.
cómo
saberlo.
éramos
quizá demasiado jóvenes
para nombrar la guerra
y decir del horror «presencia».
………..el
horror cósmico es un género sagrado
………..atribuido a Lovecraft,
………..de naturaleza indescriptible: el horror
………..cuando es nombrado
………..deja de ser cósmico, atractivo,
………..pierde para el lector ese carácter deseable
………..de ensoñación, de andar dormido
………..mientras camina imaginando
………..reinos devastados por fuerzas insondables,
………..mistéricas, aterradoras.
demasiado
jóvenes —seguros
de una inmortalidad que jamás nos fue concedida—
para entender que de nuestras vidas
solo cabía esperar la amenaza,
de nuestras vidas solo escapar
del cielo temblor boca negra abierta en llamas:
no era celeste nuestro cielo, no,
para en el fuego de la ciudad
ver algo más que la emoción de la epopeya
atravesando un paisaje que arde salvando
escombros y camiones carbonizados
las explosiones el gas escociendo
los dedos ocultos las balas por encima de la cabeza
para llegar a una sala de ensayo.
y
pensar que este fue para nosotros
el comienzo del teatro.
De:
“Ejercicio de aniquilación”
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