"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 30 de diciembre de 2025
LOREDANA VOLPE
i.
renuncia
ocupar
el destierro,
habitar sagradamente el mundo.
de las formas que creíamos recordar
ser parte.
De:
“Ejercicio de aniquilación”
ELISA LERNER
231.
«En
mis sueños los recuerdos se arrastran como un viejo vestido de novia, como una
cúpula azul que el oleaje derriba como un perro atroz salido entre las aguas»,
dijo la soñadora.
ANTONIO ARROYO SILVA
Crujen
las articulaciones del
efímero animal que baja y nadie
ve, moviendo el rabo
entre la multitud que camina
o se sienta y extiende como un biombo
el diario. Crujen como si una avispa
se fuera a hospedar en el tembleque
de las taladradoras. Y nadie escucha
esa voz supurando
dentro de cada cual. Cada amargura
está servida: mucha azúcar
en tan poco café. Pero, a veces,
al fondo de la taza, se refleja
el viejo rostro de animal que somos.
De:
“Las horas muertas”
JUANA M. RAMOS
Golpe
de memoria
Muerdo
escarabajos
………..como cuerpos
de vez en cuando mastico
las luces mortecinas
………..de una ciudad
………..pasada por agua
de una ciudad de hormigas
que un día se alimentaron
de las hojas que brotaban
………..de mis manos.
Muerdo de vez en cuando
la orilla del cántaro
que arrodilló mi sed
de ojos y de labios.
De vez en cuando muerdo
la boca alfarera que se mira
en los espejos trasnochados
tras la sosegada puerta
que lamió soberbia
mi angustiado puño.
Muerdo el olor de tu cuerpo
manso olor sereno olor
………..golpe de memoria
memoria de tu nombre fértil
nombre de parto y luna
de ciervo atravesado por tu flecha.
De vez en cuando muerdo
escarabajos como cuerpos.
OPHIR ALVIÁREZ
Avispas
en la boca
Asumo
la mañana como en la famosa imagen del mulo al que no detiene el abismo y con
la rudeza de unos dedos aburridos de vagar en cuerpo propio, racimo el declive,
los embates, las arrugas de una piel que ya he empezado a bruñir para asentar
lo insalvable, la prolongación de las letras, el algodón empapado, las
preguntas que no quiero responder para no rozar la costra, ni lo crédulo.
Porque las coyunturas gimen cuando abandono la silla y es rancio el humor de la
oreja que recuerda, no importa que digan, no hay a salvo pues salvar es
relativo y la relatividad va en proporción directa con la calma —y con la
gula—; con el mismo cerebro que sabe que, aunque entregue todo, no hay cómo
abreviar la vida en una página.
Asumo
el tono, me revelo. Fantasía y pifia adornan el cuero; la lengua y los clavos
que aún no escupo, los caballos del 5 y 6 de los domingos en los que deseaba un
cromosoma Y que revolviera mi X —osado—, las noches en que la luna se perdía y
el hambre aún no hacía chinchorro en mi sexo. Era la época de las avispas en la
boca, tan vivas…
