martes, 30 de diciembre de 2025

OPHIR ALVIÁREZ

 

 

Avispas en la boca

  

Asumo la mañana como en la famosa imagen del mulo al que no detiene el abismo y con la rudeza de unos dedos aburridos de vagar en cuerpo propio, racimo el declive, los embates, las arrugas de una piel que ya he empezado a bruñir para asentar lo insalvable, la prolongación de las letras, el algodón empapado, las preguntas que no quiero responder para no rozar la costra, ni lo crédulo. Porque las coyunturas gimen cuando abandono la silla y es rancio el humor de la oreja que recuerda, no importa que digan, no hay a salvo pues salvar es relativo y la relatividad va en proporción directa con la calma —y con la gula—; con el mismo cerebro que sabe que, aunque entregue todo, no hay cómo abreviar la vida en una página.

Asumo el tono, me revelo. Fantasía y pifia adornan el cuero; la lengua y los clavos que aún no escupo, los caballos del 5 y 6 de los domingos en los que deseaba un cromosoma Y que revolviera mi X —osado—, las noches en que la luna se perdía y el hambre aún no hacía chinchorro en mi sexo. Era la época de las avispas en la boca, tan vivas…

 

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