martes, 23 de diciembre de 2025


 

REYES GUILLÉN

 

 

Escuchar

 

 

No le pude poner cara al dolor, pero sí sonido

Un caballo inmóvil que golpea el suelo
insistentemente

Un tumulto absurdo

Una flor marchita que me grita ciega
suplicando agua

Les pedí la calma, me trajeron truenos

y una lluvia tensa que golpea el vientre
sin pedir perdón

Me pedí perdón, me concedí consuelo

El consuelo amargo del que ignora todo

No le pude poner cara al dolor
pero ya
silencio

 

MARITZA CINO ALVEAR

 

 

  

destinos
las cartas que escribí a mi madre
cruzaron el océano
llevaban
los primeros trazos del amor
la distancia
nos recuerda que estamos solos
en un cosmos de orfandad
las cartas que escribí en el encierro
en la cama en el altillo en la azotea
viajaron con su humedad habitual
inocentes insurgentes
las entregué al anonimato
cometas estropeadas
fraguaron incendios y hecatombes
arrasaron con todo lo incorpóreo
las inventé
las quemé
me escondí de ellas
me escondí en ellas
con la ventana abierta
el buzón cerrado
cartas que perdí con el sello del secreto
circularon escondidas / escindidas
en desorden
robadas / profanadas
con recados inconclusos
donde el amor quedó

 

 

ALLAN BARRERA

 

  

El fondo está herido

 

 

Este no saber qué ocurre con el frío de los muertos que aún no viven
Este diálogo póstumo de ceniza que mantengo con los vivos
Aquello que no he sido y me repetí sincero en el espejo
El reloj que murió de tristeza en mi confianza y desató
los rostros de mis rostros en el filo de dios.
Aquel corazón sin alas que hice mío sin abrazar al mundo
La madre de mi voz que susurra en mi geografía del olvido
aquella música desierta cantada en el centro de mis sombras.
Todas las cosas sobrevienen desconsolada
Vuelven hacia mí por la cavidad de la noche
Vuelven a cruzar el silencio como islas irrepetibles.
¡Qué importa el lugar donde se pone el alma!
cada recodo que recorro -el más acá o el más allá
sólo un lenguaje de sombras malgastadas
un racimo de pequeñas muertes encendidas.
Adiós estatuas apagadas,
adiós paredes ciegas que no me verán crecer,
adiós brazos vacíos y humedad en la nostalgia
adiós mayúscula ternura infante.

 

FERMÍN HERRERO

 

 

 

Con las dos manos hago un cuenco y cojo
el agua de la fuente, apenas logro humedecerme
la boca. Varias veces, inclinado, repito
el gesto y, entre medias, observo las nubes
bañándose en la poza, los zapateros. Quedarse
con la miel en los labios, me digo, sin levantar
cabeza, lo que no quita para perseverar
con una mansedumbre de yunta
uncida, conociendo en lo poco aquello
que nos aguija, algo. Algo a lo que poder sujetarse.

-EL SABOR DEL AGUA-

 

De: “Endechas del consuelo”

 

 

SUSANA SZWARC

 

 

Plegar

 

Aclara: se leerá la letra
entrecortada.
La cabeza ida y vuelta
nos miramos
ida y vuelta suspiramos.
Sostenemos el sombrero
la respiración.

¿Cómo no ahogarse?
Parecieran hablar
los ojos
pero no todos juntos sino
uno por vez.
Pasar
de ojo de hoja de lengua.
Sacar
una
poner otra
del/en
el Libro.

¿Libro iría
siempre con mayúscula?
Sería un centeno un sustantivo
colectivo (sería)
un plural aunque tú
singular.

Si moviéramos las hojas
las aguas.
Como la vid
vida. ¿Cuál vida?

Bebamos agua de los mares
que se vuelva
dulce.

 

De: “El Libro (no) de los Salmos”

 

 

VÍCTOR RUIZ POLANCO

 

 

 

Vivo entre dos ciudades: cuando viajo
cojo un primer bus hasta el aeropuerto
y un vuelo a una tercera y otro bus
de ese aeropuerto a la estación de donde
sale un último bus a mi destino.

Es un vivir aún falto de metáforas.
Ese destino del que yo hablo, ¿cómo
va a ser igual que el de quienes podían
figurarse su vida en un camino?

Camino poco y nunca en línea recta.

(resumen de ruta.)

 

De: “Plano de una ciudad”