El
fondo está herido
Este
no saber qué ocurre con el frío de los muertos que aún no viven
Este diálogo póstumo de ceniza que mantengo con los vivos
Aquello que no he sido y me repetí sincero en el espejo
El reloj que murió de tristeza en mi confianza y desató
los rostros de mis rostros en el filo de dios.
Aquel corazón sin alas que hice mío sin abrazar al mundo
La madre de mi voz que susurra en mi geografía del olvido
aquella música desierta cantada en el centro de mis sombras.
Todas las cosas sobrevienen desconsolada
Vuelven hacia mí por la cavidad de la noche
Vuelven a cruzar el silencio como islas irrepetibles.
¡Qué importa el lugar donde se pone el alma!
cada recodo que recorro -el más acá o el más allá
sólo un lenguaje de sombras malgastadas
un racimo de pequeñas muertes encendidas.
Adiós estatuas apagadas,
adiós paredes ciegas que no me verán crecer,
adiós brazos vacíos y humedad en la nostalgia
adiós mayúscula ternura infante.
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