martes, 12 de mayo de 2026


 

ROBERTO MANZANO DÍAZ


 


El discurso de Omar Khayyam

A Jesús Aismar Zamora

  

Saquí! Exquisito es el vino, y el giro de tu mano escanciándolo es fascinante:
tu gesto tierno y el terrestre zumo son la gloria más alta del planeta!

Incitante es la oscilación de tu cintura bajo la cadencia del arpa,
y el rojo vino se desparrama en la copa suscitando una alegría sin medida.

Tengo setenta años, y me despabilo a tomar la copa que ofreces:
me reconforto viendo cómo chispea la vida en tu vehemente mirada!

Dudas tuve, pero ya no las tengo: lástima que resulte tan tarde:
ya tengo aprendido que manejamos sólo fórmulas del pasado o el futuro.

Todo se asienta sobre partículas: la razón es un acople funcional:
entre dos sombras despierta el instante, que es todo el intervalo del gozo.

La eternidad es sólo una centella: este ahora en que el vino se inquieta
derramado en el cristal por un ademán tuyo, ungido de música y delectación!

Te adelanto cómo son las cosas, para que estés bien decidida, saquí:
lo que vemos directamente es alucinante: la vida es misteriosa e involuntaria!

Esto que somos, saturado de anhelante temblor, es una eventual
simpatía de partículas: una breve y vanidosa asociación de materias!

Estamos en nosotros, pero sabemos poco de nosotros: el corazón
no comprende el enigma: los sabios cabales se encuentran perplejos!

Un parpadeo, y nos fuimos: y nunca estuvimos realmente a gusto:
viste que se marchitó de pronto el tulipán, y no volverás a verlo abrirse!

El tiempo es un alfarero: con arcilla torneó la estilizada cántara,
y el uso la devolvió a la arcilla, de donde volverá a extraerla en silencio…

Con la arcilla de nuestros cuerpos se moldearán ladrillos y cántaras:
el aprendiz que está cribando la tierra se encuentra cribando sesos y ojos.

Las bellas muchachas fueron cien veces partículas para nuevas jarras:
estoy viendo en las palmas húmedas del alfarero la mirada de mi padre.

Saquí, la alegría es mi auténtica dote: me caso con la hija de la vid,
y luego esparzan mis cenizas y empapen mi tierra con el fragante vino.

La yerba brota de continuo desde los labios de un ángel yaciente:
va la luna de llena a nueva y de nueva a llena, y en el muro canta el cuclillo.

En las ruinas del palacio ahora paren gacelas y reposan zorros:
sólo somos una gota de agua que al agua se suma y acaba en el mar.

Esto de existir o no existir en verdad es una quebradiza apariencia:
lo único tangible que tenemos mientras vivimos es el viento en la mano!

Cuánto gira el mundo: el mundo se encuentra sujeto a la rueda celeste:
no te vayas a entristecer cuando te alcance el instante de tu giración.

La copa de mi vida ya rebosa los setenta: levanto el vino y el tulipán:
maravilloso será atarse con la cabellera de mi amada, y que gima el arpa!

Todo fluye como el azogue: denme un trozo de pan, un poco de vino,
un libro de poemas, y tú y yo, mi amada, sentados en la orilla de un arroyo.

Alza la flor, y bebe vino: las páginas de existencia pasan sin cesar:
no estés sola: hay que tomarse de las manos con amor para irradiar la onda.

Como una cuerda es la vida: la tensión exacta da el más divino tono:
ahora que has entendido el giro canta con entusiasmo inmenso tu canción!

 

FLORA THOMPSON

 

 

 

A Ronald Campbell Macfie

  

Tuyos son los páramos, los mares ondulantes,
las altas montañas y las distancias azules.
Mío es un jardín junto a una cabaña,
colmado de caléndulas y resedas,
y de todas las flores silvestres que se atreven
a crecer sin el cuidado del jardinero.

Y, sin embargo, descanso plenamente dichosa
en mi oscuro y apartado nido;
pues desde el jardín de mi cabaña
puedo ver tus cumbres de nubes atravesar el cielo.

 

 

MATILDE LADRÓN DE GUEVARA

 

 

 

Desnuda

  

En medio de mis rosas, tu cabeza.
Siento latir tu propio pensamiento.
Y la espada jadeante de tu aliento,
entra, activa la luz, en mi belleza.

Con una queja besas la tibieza
que te ofrezco. Alígero y sediento
tu amor es como el fuego y como el viento:
pulso fugaz de la naturaleza.
Queman tus nervios rosas ancestrales.

Me educas en tus cálidos rituales
y me bebes en copas prodigiosas.
Quiebras el tiempo. Creas el olvido.

Abres la eternidad sin lo vivido,
con tu sol abismo entre mis rosas.

 

AURELIO PASTORI

 


 

 

Silueta

  

Nos hemos levantado
esperando
la agresión.

«Y que venga ya»
porque esperar
es lo peor.

Sin embargo
a esta hora
las calles
están llenas de piedad

una mano decente
gobierna
el combustible

todavía nadie gritó.

 

 

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

 

 

 

A orillas del Río Grande

  

Salgo a la hora en que el sol
Todavía es una realidad ausente.
Camino de la orilla
Las mujeres barren los pretiles
Y afilan la lengua
Para la calumnia del día.
Ya en el puerto se respira algarabía:
pescadores y comerciantes
ofician de malabaristas
sobre el borde de las canoas.
Huele a aceite caliente
y montañas de empanadas
se derrumban ante la penumbra del hambre.
El bagre soporta la crueldad del cuchillo
hasta expirar para que otros respiren:
es la vida revuelta con la muerte.
Las manos sudorosas y ensangrentadas
se confunden en un cambalache
De dinero, doncellas
y eructos con sabor a ñeque.
Un perro levanta la pata
y satisfecho orina
sobre un balde repleto de bocachicos:
recibe como premio
la entrada de una cuchillada en las entrañas.
Cuando el sol tortura
los piojos de los niños
regreso con una mancorna de pescado
en la mano izquierda
y el alma quebrada en la derecha.

 

 

ÓSCAR DELGADO

 

  

Breves canciones de antes

 

I

Yo vi crecer tu nombre
como una flor de ausencia y de silencio
bajo la madrugada de tus ojos.

(Yo vi crecer tu nombre…)

Los espejos nocturnos del silencio
cantan su líquida caligrafía,
y el hilo trágico de la distancia
va enhebrando sus gotas,
lloradas al amparo
de un recuerdo sola donde diciembre
abre sus abanicos
de pájaros
azules.

Yo vi crecer tu nombre
Como una flor de ausencia y de silencio
Bajo la madrugada de tus ojos.

 

II

Abramos la ventana de tu ausencia.

Y la brisa miriágona de un sueño
se plegará a la forma
celeste de los días
que me vieron sorber en tus cabellos
el perfume del sol.

Abramos la ventana de tu ausencia.

Y hacia la lontananza de tu nombre
como un ritmo de nubes
partirán
los pájaros alegres de la infancia
tras el acorde azul de tus pupilas.

 

lunes, 11 de mayo de 2026


 

ROBERTO MANZANO DÍAZ


 

Yo junto con las manos, con los ojos, con las sienes

  

Yo junto con las manos, con los ojos, con las sienes: siempre estoy sediento de seres y de cosas, hambriento de verdad y hermosura;

admiro los enlaces, las pitas invisibles, los eslabones finos, los engranajes más profundos, las hiladuras más aéreas;

todos los seres y cosas se me asocian en imágenes análogas como de padre a hijo, como de sobrino a concuñado;

por todos los senderos vienen hacia mis dedos, hacia el iris de mi corazón, veedor y tejedor incansable, turbinero fragante;

todo se arremolina en mi alma como un vórtice solidario, como un pozo que circula proyectando espirales sucesivas;

convergencia del oxígeno y del olivino, de las letras y los sentidos, de los ojos y las almas, de los astros, las yerbas y los bueyes;

padezco una vigilancia enorme, una haladura continua, todo lo atraigo a los bolsillos de mis versos, al jolongo sonoro;

estoy parado siempre, aunque me desplace, en un pozo a donde caen los seres y las cosas como las astillas regresando al tronco;

mi corazón crece como un frijol húmedo o un loco mamey procurando nitrógeno y pulpa, fijeza y dulzura;

mis brazos se alargan como ramas delirantes, tienen vocación de pulpos celestes, de grúa devolvedora del planeta;

me gustan las espigas balanceándose contra el viento, los caballos galopando por las playas solitarias, el silencio azul de las praderas;

me gustan las habitaciones extensas y altas, llenas de páginas y herramientas, de donde salen las sustancias y los pensamientos;

ay, tengo el dolor de los errores, de las culpas, de los tropiezos, de las caídas donde se malogra el destino;

pero tengo también la fe inoxidable, la pujanza del que levanta su lucero del lodo, del que acicala sus propias ánforas;

yo soy rápido de perdón, inválido para el rencor, conmigo puedes hablar como si los dos ya nos hubiéramos muerto;

todo lo junto, lo coso con la aguja de mi esperanza, con la algarabía de seres y de cosas que canta en mi pulso;

me gustan las cornucopias, que acumulan formas, y los relojes, que coordinan funciones;

prefiero la abundancia y el sistema, el desorden de la pasión y de la bondad, la claridad griega de la inteligencia;

todo lo junto con hambre, con sed, dentro de una extraña plenitud que desdeña lo partidario y lo fraccionario;

soy mílite de lo que crece hacia la luz, aunque no sepan los libros y los estatutos responder a ese crecimiento;

me acerco por todos los deltas del espíritu hacia el equilibrio que, como un eje móvil, nos adhiere al horizonte!

 

MATILDE LADRÓN DE GUEVARA

 

 

 

Testamento

  

No perdona el gusano las alturas
y en la flor, en el fruto generoso
va reptando con hambre, y alevoso,
deja su rastro en las corolas puras.

A veces logra con sus mordeduras
dañar el borde del contorso terso
y el gemido del pétalo es el verso
que más se aroma con las amarguras.

No sabe el ponzoñoso en su impudicia
del ascenso y los aires que acaricia
la voluntad, cuando al azul se lanza,

Y en ardimiento de aéreas esperanzas
por amistad y luz transfiguradas
tiende la mano al que clavó espadas.

 

 

FLORA THOMPSON

 

  


 

Luz de luna de mayo

  

Los abedules inclinan sus ramas para apagar
los verdes fuegos del día en el lago encantado.
A lo largo de la orilla, bajo los árboles,
un manto de pálidas anémonas
inclina la cabeza y tiembla y se desvanece,
llorando por la luna ahogada.

Las rígidas acacias lanzan una tenue
red de sombra para rescatarla.
Cautivas entre sus barrotes sombríos,
titilan innumerables estrellas
que arden anaranjadas, palidecen y mueren,
mientras la aurora se desliza por el cielo;
la alondra rasga el gris con su canto,
y la magia lunar se desvanece.

 

 

AURELIO PASTORI

 


 

Los parecidos

  

Llueve como sobre huesos
sobre
silencios
que no necesita
elegir.
Llueve sobre nosotros
los que esperamos el éxito.
Los despiertos.

 

 

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

 

 

  

Thelma y Louise

(A la manera de Ítaca, de C. p. Kavafis)

  

Cuando partas hacia tu abismo
pide que el asfalto arda
con soles candentes sobre la herida
que llevas en carne viva
en tu ultrajado corazón.

Pide hallar el engaño en cada sonrisa
de aquellos que te invitan
a libar la noche y las estrellas.
persigue tu abismo en todo príncipe
que, llegado el amanecer,
termina convertido en sapo.

Pide que el mapa que extiendes
en la cama del hotelito de paso
esté lleno de incertidumbres.
Y que la duda sea tu brújula.
No des crédito al amor:
él es sólo un pretexto
para que tu cabellera ondee libre
perseguida por el purísimo dolor.

Y cuando tengas ante ti el abismo,
amada Thelma,
sabrás entonces que desde el oscuro
país de los hombres
han venido a mirar consternados,
tu alto, desnudo y encumbrado vuelo.

 

 

ÓSCAR DELGADO

 

  

Luna para piano

  

Oye
la luna de la alberca.

(El agua
toca la luna escrita para piano
por Claudio Debussy).

Oye
la luna de la alberca…

 

domingo, 10 de mayo de 2026


 

ROBERTO MANZANO DÍAZ

 


 

Así a dónde vamos a ir, si necesitamos tanto?

  

Así a dónde vamos a ir, si necesitamos tanto? Si todo se gasta un jolongo de algo, un tranvía de eso y de aquello, un triste diapasón de utensilios;

porque no hay manera, no basta con las manos, no basta con añadir los pies, las rodillas, los codos, los hombros, la cabeza;

no basta: siempre urge una prolongación, un abarque mayor o menor, una hendidura más larga, una extensión casi planetaria;

en cuanto se viene desnudos y desnudos nos marchamos, debíamos tener una desnudez intermedia, pero no es posible;

nos vamos entretejiendo, envolviéndonos, esposándonos, hilándonos y deshilándonos, oh Penélope;

y nos vamos alargando, demorando, sucediéndonos repletos de botones, bocinas, barrenas, oh Odiseo;

grandes son las alforjas de nuestro destino, crecen como los gajos de un milagro, pues vivimos de adminículos;

dependemos de los artesanos que se especializan, de las industrias que se especializan, de los países que se especializan;

toda nuestra libertad radica en el aceite, la sal, la tinta, el petróleo, el papel, el fósforo, el antibiótico;

toda nuestra existencia pasa como un hilo por el que trae el ajo, el distribuidor hidráulico, el mecánico de las imágenes y los dientes;

oh Edison, cómo es posible? hacia dónde vamos a ir si ya necesitamos de este modo? hacia dónde, si somos tantos, y demandamos tanto?;

cuántas cucharitas de diversos tipos, cuántos cuchillitos para los pies, los panes, los pescados;

cuántos espejos y cremas, cuántas tenazas y esmeriles, cuántos títulos y expedientes, cuántos galones y planillas;

cuántas sogas y diademas, detectores y lentes, armas y bebidas, aviones y peinetas, espátulas y misiles;

y hemos olvidado los matices simbólicos del cielo, el sabor del rocío o de la yerba macerada bajo las caderas del amor;

a qué olían las costas de los ríos vírgenes, los langostinos de los arroyuelos, las manos de la amada dentro de las hojas del sasafrás solemne?;

fíjate bien, Tersites, que todo es agotable, insostenible, deleznable, expulsable, pero goza de un acabado perfecto;

fíjate que todo fosforece en líneas puras, pero es para un sólo golpe de boca o para el paréntesis fugitivo del mes;

qué se fizieron los ebanistas que levantaban aquellos muebles sólidos, aquellas mesas que atravesaban como barcos las aguas de los siglos?;

qué se fizieron los artefactos solos, que no formaban cadenas de cadenas, que eran inderivables unos de otros como zafados eslabones?;

oh Plutón, vivir para tantas cosas grandes y chiquitas, urgentes y bellas, frágiles y mancomunadas, terminables y extensas;

con cuántos racimos vive el hombre, dentro de qué férulas, árbol que nunca acaba de gajear hacia la totalidad del viento.


 

MATILDE LADRÓN DE GUEVARA

 

 

 

Quise ser la diosa que cautiva

  

Desde el bruñido bronce de tu cara
y el hondo gesto de tu altiva frente
me miraste y sentí una llamarada
que nacía en tus ojos envolvente.

Había en ella una inquietud curiosa,
llena de rebelión y de desvelos
como esperando que una joven diosa
cayera a tus pies desde los cielos.

Y quise ser la diosa que cautiva
y ser también la sierva enamorada
y sentirme a tu lado, sensitiva,

Para amarte y estar atormentada
y apaciguar mis ojos en tu vida,
en tu mirada triste y desolada.

 

FLORA THOMPSON

 

  


 

Brezo

  

Hablas tú de pálidas prímulas,
de frágiles y fragantes flores,
del junquillo y de la flor del cuco
que perfuman la pradera en primavera.
Pero dadme a mí el brezo,
el brezo con aroma de miel,
el encendido brezo gitano:
¡esa es la flor para mí!

Amas los senderos del jardín,
los céspedes pulidos y los valles,
los trigales y la umbría vereda,
y las velas de pescadores en el mar.
Pero dadme a mí el páramo,
el noble páramo púrpura,
el libre y lejano páramo sin fin:
¡esa es la tierra para mí!

 

AURELIO PASTORI

 

 

 

Mi palabra

  

Recorrí el campo
por última vez
antes de entregarlo.

Al irme y cerrar la portera
me fijé en el poste
que la sostenía:
un molle.

Lo pusimos
como provisorio
hace varios años
y vino a durar hasta hoy
igual que yo.
La polilla y los taladros
lo vienen acribillando.

Toqué su madera cansada
y le dije «adiós».
Escuché claramente mi palabra.

 

BEATRIZ VANEGAS ATHÍAS

 

  


 

Privilegios

  

Ayer durante la cena
Dijeron muerte
y la sorda entendió suerte.
Después pronunciaron dolor
y ella creyó escuchar amor.
Alguien habló de maldad
y enredada en los inútiles
laberintos del oído, la palabra
alcanzó a llegar como lealtad.
Al final de la tarde
alguien dijo que era largo el camino
y la sorda sonreída
levantó la copa
para que no faltara el vino

 

 

ÓSCAR DELGADO

 

 

 

Preludio en sol

  

Sol
de abril:
siete flechas
de música en los arcos
de los caminos trémulos de viajes.

Brisas recién nacidas juegan a la niñez
en los retoños cálidos del agua.

Los pétalos del aire se maduran
de sol.

Y sobre el agua polirrítmica
ríen el sol elástico
los retoños
del agua.

Flauta de sol inicia la lectura
de las livianas claves que aligeran
el moreno cuadrante del estío.

Largo retorno de horizontes lentos
en cristalino rumbo de alas limpias
multiplica los ángulos
del sol.

¡Flauta de sol licuada en claves gárrulas!
¡Angulo fiel del ágil sol de abril!

 

 

sábado, 9 de mayo de 2026


 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 


 

La tierra te necesita, campesino

  

No es tu rostro…
es tu mirada fatigada,
son tus manos,
son tus pies.

Caminante emborrachado de ternura
de dureza,
de guerra,
de paz.

Siempre anhelante tu pan
riegas cada mañana la esperanza,
fortaleces tu camino.
La tierra implora tu ayuda campesino,
porque abonas con sudor su destino.

 

 

LUIS ALFREDO ARANGO

 

  

 

Diálogo donde me sincero

  

Anoche hablé con Homero y le dije

Mire Don

¿ya se fijó qué tragedia?

No hay Ulises que valga porque

no sabemos griego,

no podemos deleitarnos

traduciendo sus hexámetros.

Pero eso no es nada:

¡Ni siquiera podemos entender

al Rey Pascual de Olintepeque!

Somos huérfanos de padre y madre;

nacimos en esta tierra tan linda y

tal vez aquí nos moriremos,

sin ser grecolatinos, ni quichés,

ni gachupines

¡Qué tragedia Don Homero!

 

 

CARMEN OLLÉ

 

 

 

Tat

  

30 años irreversibles
2 ó 3 décadas de recuerdos como islas de piedra
la edad en que si no avanzamos o nos movemos hacia una
meta nos devorarán las generaciones.
Entregadas al que-hacer, desesperadas o en busca del
amante ideal
decido partir sin metas
no hay Hacia
sino ¿Dónde?
Y ¿por qué debo aniquilar mi dulce experiencia espontánea
en razón del futuro incierto?
Anoche besaba a mi hombre le suplicaba una nueva pose
descontada la excitación me faltaba un poco de aire por
cierta contrariedad en la nariz para mantenerme de cúbito
dorsal
la pose es el esquema que traduce
la manera de constituirse en “los de arriba” o “los de abajo”
hombros –giba –senos colgantes –orificios dentales
¿soy yo esa viejita para dentro de 40 años?
Mi abuela se miraba a los 80 con resignación sin rabia
sin lamento, tuvo tiempo de reconocerse en el cambio
y no le correspondía ninguna rebeldía.
La sonrisa de la Monalisa indica el camino del envejecimiento
detenido por las cremas
los labios de la libertina y los de la distinguida tiñen
de púrpura los bordes de la sábana y también traducen
risa-volcán-gasto versus economía-sensualidad a dosis
con sus carcajadas o murmullos.
Escucho en el piso alto las risas de los vecinos
gemidos ruidos de catre risas congeladas por el aburrimiento
que caen al mar
las nadadoras desnudas y espléndidas se deslizan por la
orilla, entre los faros caminan tomadas de la mano
y vuelven al mar misteriosas y simples
admiro sus omoplatos anchos en la noche
y recuerdo mi timidez
en Lima la belleza es un corsé de acero.

 

JORDI DOCE

  


 


Voy haciendo pequeñas excursiones,
el barco no se aleja de la costa
y evito la intemperie, las posibles
tormentas, la voracidad
incansable de las gaviotas.
Mi horizonte no es el mar abierto,
sino el hilo brumoso
de los acantilados,
las dársenas de atraque,
las ensenadas: un confín curvo,
un cráneo adicional
donde la mente se acomoda
y alabea, rozándose
con las aguas, el cielo,
la roca negra.
Como quien ejercita
con prudencia
un miembro lesionado,
voy haciendo pequeñas travesías,
cabotajes,
la medida de un hombre
y el mar sin prisas del ahora.
El mundo cabe en una lente,
un objetivo,
la bola de cristal donde me observo
volver a puerto cada noche.
Nada me impide
lanzarla al fondo de las aguas,
romper el maleficio,
y sin embargo.

 

ROSANA HERNÁNDEZ PASQUIER

 

 

 

Situación doméstica

 

Un sonido de gozne
quebranta la tranquilidad del espacio,
ahora la casa es un cause
por donde vuelven voces y rostros.
La voz de la abuela navega
todo el desconsuelo que nos ampara,
porque mi abuela Ana Josefa
aparece florecida,
en la mata de fruta verada.

 



  

JESÚS MONTOYA

 

  

 

Huerta

a Bruna y Benício

  

Huerta en día libre

es luz de hormiga hosca.

 

Huerta que amanece

al cuerpo del bebé de brazos

abriéndose a las moras

como perlas.

 

Huerta ― solo la observación

musga del descubrir de las rosas,

el silencio hondo como casa;

sin explicación lo suficientemente

cadenciosa.

 

Huerta, la pausa por tinta

de chola encima de la tierra.

 

Lugar de trote débil hasta ascender

el claustro y mirar el primer

pájaro como un ser crédulo

trinar.

 

Huerta es barro al rostro, danza

del pequeño dragón debajo

del árbol de cereza.

 

Huerta por hierba viva.

 

Huerta por hierba que explota de átomos

sin hablar, como nosotros en el silencio

arrodillado

de vivir.

 

 

 

 

viernes, 8 de mayo de 2026


 

ROCÍO ROJAS-MARCOS

 


 

Gaman-Haikus

 

Vuelan los pájaros

igual que almas errantes,

se mueve el aire

 

De: “Miedo”

 

 

LUIS ALFREDO ARANGO

 

  

 

El tiempo (II)

 

El tiempo

es la espera

de una mañana improbable

o de fecha segura

que no llega

y pasa

y engendra

otra espera.

 

 

CARMEN OLLÉ

  


  

Cavalcanti

  

Si una rosa no alcanza la plenitud, de tu destreza
—Guido— no respondería.
La dama siempre de espaldas sonrió a un paisaje
añorante.
Puesto que esa mujer más que razonar sueña, ella
es en su quietud más vieja que tu exilio,
y si otro besara su cuerpo amado ¿Tu regreso sería inútil?
Como cualquier locura, viento o blasfemia que mueva
a quien tanto ambiciona
puesto que esa mujer no ambiciona sino sueña
se ha mantenido joven en su pobreza.
Y si alguien derramara el vino atento sobre ella,
y otro la besara en su coño, que sería, entonces,
si un viajero…

 

JORDI DOCE

 

 

 

En los tratados de iconografía
se pinta la imaginación
como un hombre de cabellos revueltos,
erizados, en punta: no la racha de aire
que levanta las hojas de la calle,
sino los flecos de los toldos; no un imán,
sino las limaduras de hierro. Algo
le insufla vida, lo ilumina por dentro,
lo exaspera. Pasivamente
espera su destino, ser empujado
o distraído
por fuerzas que lo exceden,
como esta tarde el cielo de septiembre
va alternando sus cúmulos y azules
para verter sobre los pinos
y mis ojos que los contemplan
un sobrante de claridad,
de luz madura.
Una corriente eléctrica, imperiosa
toma el mirar y lo somete.
Una inquietud, como la del poema:
dar cuerpo a la insistencia
del mundo.