martes, 22 de septiembre de 2026


 

ÁNGELA MALLÉN

 

 

 

Vísperas

  

            Luna blanca brillante, cómeme,

            échame en tu olla, luna cara de arroz, geisha gorda.

            Luna llena, ¡levanta!, guía a mi lobo infecto de aridez.

 

            Tanta caricia muerta, suicidada.

            En las islas de dentro, crepúsculo abrasivo.

            Mi Nautilus, mi náufrago, mi Odiseo vagabundo,

            ¿qué me ofrecía tu rostro curtido por el sol?

 

            Tus labios me insuflaban oxígeno viciado.

            De cerca parecías hiperreal, letal, preexistente.

            Te tragó la borrasca. La luna. La negrura.

            No eras mío ni de nadie, como el mar.

  

De: “Ángel de olvido”

 

MIRIAM REYES

 

 

 

INTENTA EXPLICAR CÓMO ES
tener un cuerpo que roza con todo
me pide consejos instrucciones
y cuando respondo
no me escucha
tiene en la cabeza un penedo
cubierto de flores solitarias
y puestos de vigilancia
muy bien camuflados

me llama a formar
un cuerpo de tropas

le digo que esto tiene que acabarse

responde que es la cosa
que le está destinada
y me obliga a dar un rodeo
para desorientar a un perseguidor

cansa mucho deja sin fuerzas
sin que pueda ser de otra manera

  

De: “Nunca muere”

 

ANA ROSSETTI

 


 

Uno

 

Una vela separa del candelabro Imperio
y la enciende, y la mesa recorre.
Sobre el adamascado del mantel
el brillo desigual de la cubertería
y las tenues guirnaldas del Limoges.
Por entre los calados respaldos,
Louis se acerca a los vientres tersísimos
de las copas y los hace sonar.
Introduce los dedos en el estuche blanco
de una cala y ensimismado hurga
y acaricia los bordes de la alargada flor.
La otra mano, agitada, sobre la servilleta
que su mitra distingue ante el sitial del padre
derrama, incontenible, ardiente esperma.
Anna mira un momento y enrojece.
Sube a su cuarto desasosegada.

 

De: “Diminuto cosmos: Antología poética 1980-2022”

 

FRAN PICÓN

 

 

  

EN tu sonrisa se esconde
una cierta tristeza
o, tal vez, un suspiro
que es fuerza entre los ojos;
el grito silencioso de una guerrera
que batalla sin temores
en el firmamento del tiempo,
la rabia incontenida
de un deseo y tantos silencios.

 

De: “Al otro lado del abismo”

 

 

MARTIN SEYMOUR-SMITH

 

 

 

Niño tras la tormenta


Sé que ante una tormenta mis manos
son asesinas: persiguen al tiempo
y crean un patrón de odio
a través de las flores, crean
las nubes reunidas que son mi crimen.
Es su furia, lo que tu corazón defiende,
consigue que este viento se eleve y profane.

La tormenta se descuelga de las Torres
y entonces te pegas a mí asustada:
por lo que mis temores de morir se desvanecen
como si nunca hubiese brillado el sol
porque habíamos construido nuestra historia en dicho sol,
vislumbrado nuestro futuro en aquellas horas-
nuestro niño fantasma hecho solo de tormenta:

No le despertaremos, duerme ahora.
Veo estiradas a través de las flores
telas de araña inmóviles;
y el sol resplandece sobre el tejado
de las altas torres húmedas golpeadas por la tormenta.
Pero no le despertemos: esas tormentas muestran
que su sueño a través de nuestros años será suficiente.

 

De: “Un rastro de sentido”.

Versión de Imanol Gómez Martín

 

MANUEL NEILA

 

 

 

Mediodía de verano

 

Las luces del verano se apoderan
del aire, de los cuerpos. Mediodía,
reflejo de aguas verdes.
Un resplandor de brasas y cenizas.
¿Quién nos vela el mirar? ¿Qué extraña música
nos envuelve en sus ondas? Es el miedo,
miedo a perder la vida,
temor a irnos gastando en el empeño,
en este declinar irremediable,
sin pausa, audible apenas, del estío.
Ahora cierro los ojos,
y se ilumina el cuarto desde donde contemplo
la muerte de la luz. Y esos hombres que pasan:
¿quiénes son esos hombres acosados
por deidades impuestas? Y si es así:
¿cómo olvidar sus gestos, sus dolencias?
Pero el día no sabe del dolor.
Un puro discurrir, se entrega y basta.
Lavado por el agua,
por la luz, sin violencia,
hoy nos llega con destino de hombre.
Y existiendo se irá, desnudo, intacto;
como un cuerpo tendido
se nos brinda, y al darse
ya cumple, se consuma, desfallece
bajo el silencio púrpura del sueño.
Cuánto esplendor aún, cuanta insistencia
la del mundo en ser luz; el tiempo, humo;
la del hombre en abrirse, generoso,
a los demás, que pasan,
y al fuego, que perdura;
la del amor en darse como miel o veneno,
eterno y siempre verde como selva.
No hay salida. Pues que muchas han sido
las sendas transitadas.
Es preciso elegir: cómplice o reo.

 

De: “La llama y la ceniza: Antología poética”

 

lunes, 21 de septiembre de 2026


 

ÁNGELA MALLÉN,

 


 

Epifanía 

En el interior de mi cabeza sólo flotaba,

como si fuera polvo, un apacible silencio.

Haruki Murakami

 

Quise alumbrar tu barca con mi estrella. Pero he caído en mí. Soy torpe. Peso mucho. Los barcos de papel navegan en la fiesta de una noche infinita; y cuando se deshacen, saltan ratas devoradoras de náufragos. He caído

 

a mi isla de alquitrán. Peso mucho. Soy torpe. Los mundos son alegorías. Nacen y crecen en redondo, parecen significativos, vuelan en el sueño de una noche instantánea. Y cuando estallan, producen un acorde de notas supersónicas. He caído

 

dentro de mi cabeza. Nadie me creería si dijera que di con los huesos en el cráneo. La cabeza es foso. Bodega. Chabola. No hay nada más desolador que una cabeza hueca. Hay que divisar un pájaro dorado, acariciar su distante silueta. Interiorizar su danza. Hay tanta melancolía suelta. La belleza de los pájaros efímeros. Su vuelo fugazmente azaroso. He caído

 

a la marmita. A su profundidad candente. Soy la niña que huye en traje de chaqueta de Armani. Dando tumbos. Soy la mujer de bronce que sólo quiere tuitear un verso perfecto. Hay tanta belleza en la brevedad. He caído

 

a la pecera de tus ojos. Tus pececillos se volvieron loros ruidosos en mi parque urbano. Tus ojos eran de otro planeta. Pura kryptonita. Se me pusieron a llorar en verde. Entonces debilitaron mis colores cuánticos. He caído

 

en la densa gravedad de un planeta viejo. Una mujer pasea a sus dos galgos marrones. Casi corren. Flacos. Curvos. Con forma de interrogante. Los perros miran antes de ladrar. He caído

 

a mi estómago corrosivo, saturado de cáusticas imágenes. Los ojos fosforitos del estómago miran cosas indigestas. He caído

 

en el amor. Como gata en un pozo. Como luna en el mar. Te quise a ti y a tus contrarios. Hay que seguir. Doy gracias por el vacío que deja en el aire la caída. Que dejan los cuerpos en una sábana arrugada. Ninguna palabra vale si no está llena de sudor, plumas y piedras. Y vuela. Y pesa como la lluvia. Y cae desde mi boca

 

a tu olvido. Entonces recuerdo mi vida eterna como quien oye hablar en chino. Sé que todo anda suelto, hecho de materia incandescente. Tu barca de vapor roza una orilla de Menfis y un minuto después, una estrella de Andrómeda. He caído

 

en mi ventana. Miro pasar los tranvías. Oigo una voz que me dice: ¿te crees el único ser viviente porque sientes la música de la velocidad, el escalofrío de la brevedad? He caído

 

a la charca tantas veces como pelos tengo en la cabeza. Me levanto. Y sigo. No exactamente como Lázaro. Nadie me lo ordena. A nadie le importa. Me levanto a oler, a rozar la línea que va desde el siempre al nunca más. No busco. Qué voy a buscar si lo tengo ante mí. Ahí están: la estrella que nadie mira y el barco al que nadie espera. He caído

 

con un ángel. Con la diosa

 

De: “Motel Milla Noventa”

 

 

MIRIAM REYES

 

  

 

ME ESCRIBO CON ELLA
lo consiguió con súplicas
con aplausos con cuerdas

ella susceptible de ser olvidada
o de curarse
como cosa de cualquier clase
o persona
que no puede levantarse de la cama

con un eje esquelético sujeta
los extremos de las cuerdas
ata cabos banderas estandartes
canta himnos muy desafiadamente desafinada

prohibida por las leyes
se llama así con fines expresivos
trinchera de las sitiadas
lugar que rodea a otro

con palabras pringa
todo lo que toca
no censura o ataca
representa y defiende sus intereses
dice estar muy agradecida
muy ansiosa de agradecer
y de hacerse de nuevas

con la fibra de su piel marchita
horca que se le pone al cuello
nos transporta
piel desnuda en sitios pedregosos
olfatea animales para orientarse
expone una cosa al viento
con cantar melancólico
y monótono de origen

tiene algo que proponerme
contra las cosas sagradas que no se cuestionan
en desobediencia a la primera mitad
del cuarto mandamiento

vamos
el camino es largo
asegura la carga sujetándola a lazo

no es que la obedezca
voy para ver las cosas de cerca

de manera luminosa
el viento levanta el polvo
levanta a la niña en brazos

una esponja calcárea
una mancha blanca en los ojos
la niña

a veces
a veces se transforma
forma nombres

consolida significados
a veces breve y patética
se dirige a alguien o a algo
solo presente en su imaginación
no a mí

a veces vuelve por entre las piernas
necesita cerciorarse por sí misma
yo también sufro de eso

vuelve por entre las piernas
choca contra las vallas
las alambradas de espino
los contenedores en llamas

antidisturbios largamente entrenados
le frenan el paso

aprovechando descuidos apreturas
se introduce en la abertura de las cosas
mana o sale por orificios
dibujando contornos de islas
en acusado relieve
la boca desportillada
prometiendo o ajustando una cantidad
desde el lugar del miedo

dura demasiado lo que parece que no tiene fin

se introduce en la abertura de algunas cosas
en el vientre
hace un ruido característico
como de paseo bordeado de palmeras
o casa de los horrores

hecha para sangrar
destinada a sostener el extremo
todo lo que le viene encima es escarmiento

 

De: “Nunca muere”

 

 

ANA ROSSETTI

 

 

 

Incitación

 

Escapémonos, huyamos a los cómplices
días de la niñez. Perdámonos inermes
por los intensos vértigos de la piel insabida.
Confundidos, al no encontrar los nombres
para tanto esplendor, inventaremos fórmulas
de un idioma secreto: como antes.
Extraviémonos por la gran pesadilla
de la noche. En los negros pasillos
del horror insistamos hasta que el fiel desmayo
—dobladas las rodillas— nos socorra.
Ven. Miremos por toda bocallave
que encierre algo prohibido,
gravemente matemos mariposas vidriadas,
pisoteemos seda, desgarremos la gasa
que nubla las magnolias,
y la desobediencia sea privilegio nuestro.

 

De: “Diminuto cosmos: Antología poética 1980-2022”

 

 

FRAN PICÓN

 

 

 

ME miro en las fotografías antiguas,
tan decoloradas como irreconocibles,
con los mofletes colmados de esperanza
y la saliva colgando de entre los labios,
con aquel gorrito de lana por fontanela
y un ligero temblor en los pies.
Resulta inquietante verme antes de haberme conocido,
cuando la sombra de lo que quise ser
todavía era un leve trazo en la memoria,
en el instante preciso que pasó de largo
mientras mis dedos se anudaban al viento
tratando de abarcar lo desconocido.
Tal vez nunca fui niño,
salvo en esas viejas y amarillentas fotografías;
quizá la infancia se me olvidó en el andén
de una desangelada estación
y en la próxima boca de metro
encuentre mi reflejo en el expendedor de billetes.
Nunca jamás, nunca fue más que otro nunca
en el horizonte vertical de un rascacielos
y los únicos niños perdidos que alcancé a ver
no querían ser descubiertos.
Y es que esta historia interminable
en busca de mi hada madrina
se termina bruscamente al abrir los ojos
y observar, sin más disfraz que lo evidente,
que el tic tac de los relojes nunca fue un cocodrilo.

 

De: “Al otro lado del abismo”

 

 

MARTIN SEYMOUR-SMITH

 

 

 

Rachmaninov

 

Horrorizado Raschmaninov se llevó las manos a la cabeza
al encontrar su primera sinfonía
insoportable
y al final del primer movimiento
huyó.
Pasó la noche en un tranvía
que se arrastraba ida y vuelta.
Era tan llamativo
que su mente colapsó
pero es bien conocido
cómo fue hipnotizado
y regresó triunfal
a componer el Segundo Concierto.

Ahora soy yo Raschmaninov:
he visto el brillo en la oscuridad
y la oscuridad en el brillo,
he arrastrado mi mente maltrecha entre los términos,
me he recobrado en la serenidad
de una obstinada mirada rusa,
he redescubierto vencedores caminos musicales.

Encogido en mis pieles amenazo
con dígitos silbantes
al auditorio extáticamente silencioso
educado en el espíritu de salones de té adúlteros.

¿Cómo discernir mi verdadera melodía?
Deja al hombre con el que te ibas a sentir culpable,
y ven a mi camerino.
Aunque sea un destierro melancólico
soy más de lo que prodigo en el lecho.
Jugaremos a la Isla de los muertos
y mientras sigues repitiendo la verdad perfecta
de lo infravalorados que son mis Preludios
me llevaré las manos a la cabeza horrorizado.

 

De: “Un rastro de sentido”.

Versión de Imanol Gómez Martín.

 

 

MANUEL NEILA

 


 

Tránsito

 

A la orilla del tiempo
te detienes. La brisa
reviste de oro viejo
los follajes del alba.
¿Quién respira? El sol
pulsa el arpa del cielo.
Floración imprevista
de la luz. Ni sorpresa
ni júbilo: desnuda
celebración del tránsito.

 

De: “La llama y la ceniza: Antología poética”

domingo, 20 de septiembre de 2026


 

VITTORIO SERENI

 


 

Quietud

 

Entre yo y esa sombra en equilibrio entre el río y el mar

sólo una línea de existencia

a contra luz de donde nace el río.

Aquel hombre

remienda sus redes, vuelve a pintar el casco.

Cosas que yo no sé hacer. Nombrarle apenas.

Desde donde estoy, hasta él, sólo quietud.

Cada exceso se va a otro sitio. Oh apagada quietud.

 

Versión de Álvaro Solís

 

JOSU LANDA

 

  

 

40

 

pisadas de tórtola en la arena
sombras exiguas sembradas por el sol del mediodía
signos y más signos…
¿pero cesa el misterio?

 

MARÍA ANTONIETA FLORES

 

 


de cómo el siglo XVI vino a conversar

cuando el alba aparecía

 y toda la bóveda celeste cambiaba

albo el firmamento

 

aparecían

los descubrimientos las guerras los atropellos

las grandes ambiciones derramadas en la tierra

los poemas de Muhibbi y un nuevo mundo

 

la salud no existe, es una ilusión

 

me decías mientras explorabas el mar del sur

recordabas batallas decididas

los cristianos cautivos los otomanos

y los últimos navíos de remo

 

al sueño de los vientos yo me abrazaba

movían las velas hacia rumbos desconocidos

 

venían los secretos susurrados

imperceptibles como gemidos

 

hemos alcanzado la potestad

el absoluto

 

en una partícula mínima

se expanden los sueños

 

De: “Absoluto”

 

 

GABRIEL RUBIO

 

  


 

Qué hacemos con el aire

 

Qué hacemos con el aire

cuando se rompe y cae

a plomo hasta los suelos

y crea ese silencio del abismo

de discontinuidad de la materia

de cápsula de vacío en el vacío

 

y no respiras

porque no está

 

Qué hacemos con el aire

cuando pierde su consistencia de acogida

y se hace grueso

como los muros de una cárcel

y no te une más

a quien tú quieres

 

Cómo se arregla el aire

y vuelve a ser canal de nuestras voces

o mapa del tesoro hasta su boca

o la orilla de todas sus preguntas

 

No eres tú

No soy yo

Es el aire entre nosotros

que se ha roto

y ha dejado de ser el mensajero

del calor o del frío

Tiene que ser el aire

Debe de ser el aire

 

De: “El remero de Ulises”. 

 

 

BOHDÁN-ÍHOR ANTÓNYCH

 

 

 

Atardecer

 

Las nubes se rizan sobre el prado,

ovejas que apacienta la luna.

Entre las hierbas brotan las muchachas

para el deleite de los jóvenes traviesos.

 

Los bueyes clavan sus cuernos

en el sol que sangra.

Los campos se enrojecen y la tarde

supura como una herida.

 

De: “Cántico sobre la indestructividad de la materia: obras selectas”.

Versión de Salomea Slobodian.

 

 

ALFONSO QUIÑONES

 

 

 

Amores exiliados

La tierra nos amaba un poco

Yo recuerdo

Rene Char

 

Emilia era regordeta y bella con labios carnosos

como la pubertad

era un año mayor que yo

dejé de verla hasta que me la devolvió

ya muy abuela una página de Facebook.

 

Bárbara con su cabello negro como una cascada

llena de ternura me esperaba al atardecer

en la esperanza que descargué

por fin en Cienfuegos

también de abuela

Ahora nos enviamos mensajes

más o menos cariñosos

vía messenger

 

Te recuerdo Gladis la calle mojada

tu casa mojada tu vulva mojada

la lluvia en el pelo

no nos volvimos a ver

 

Bajo el candil nos amamos Clara

bajo el candil de la traición

ibas a encontrarte con él

con él con el profesor

resignación

 

Qué habrá sido de Isabelita

de piel morena y ojos de Gioconda

del pintor Victor Manuel que nunca la vio

pero la imaginó para siempre

Queda en cambio la memoria de una guitarra

donde se aprenden dos acordes al sol

olvido de ti

 

María Mercedes mi prima segunda o tercera

con aquellos bucles negros y su piel blanca

bella entre las niñas bellas

a quien pregunté si quería ser mi novia

y nunca me respondió porque Dios

se la llevó con una leucemia fugaz

 

Nos amaban la ingenuidad

el desconocimiento del álgebra

y la química de la vida

Nos amaban la esperanza

y la seguridad de que no había razón

para no seguir queriéndonos.

 

Y tal parece que la tierra en que nacimos

fue las que nos dejó de amar

el día en que ocurrió un cambio de rail

y una parte del tren se fue hacia el mundo

con una locomotora loca como los tiempos

y otra quedó flotando con la inercia

a la deriva en medio de la tempestad

y la niebla de una llanura infinita llamada exilio

 

sábado, 19 de septiembre de 2026


 

JOSU LANDA

 

  

 

31

 

hay una fiebre temblando en resolana

hay un hervor de corazones ahítos de hundimientos:
si acaso flotaciones efímeras

hay un fervor de bocas y semillas:
chispas tácitas en abandono
en el hálito del día

siempre sin palabras

 

 

VITTORIO SERENI

 


 

Esos chicos que juegan

 

un día perdonarán

si prestamente nos quitamos del medio.

Perdonarán. Un día.

Pero la distorsión del tiempo,

el curso de la vida desviado tras pistas falsas,

la hemorragia de los días

por la abertura del entendimiento corrompido:

eso no, no lo perdonarán.

No se perdona a una mujer un amor mentiroso,

el ameno paisaje de agua y hojas

que se desgarra develando

raíces putrefactas, miasma negro.

"En el amor no existen los pecados",

se enfurecía un poeta en los últimos años,

"existen solamente pecados contra el amor".

Y ésos no, no los perdonarán.

 

Versión de Jorge Aluciono

 

 

MARÍA ANTONIETA FLORES

 

 


perfecta gema entre los dientes

engarce

luz aguda como el punzón

 

en cada poro se dilata la miel

bajo la ceniza

en hora descontada a la muerte

unir el borde de las uñas al temblor de la nuca

entrar en los ojos

y cerrar los párpados

 

adentro todo se resquebraja

vencido

el hueso

la voluntad

 

deshecho el éter

amanece

blanco

más blanco

entre la luz que rompe

 

ahí el quejido

una prolongación del destierro

regresados los cuerpos

 

De: “Absoluto”