"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 16 de marzo de 2023
MARCELO MOREYRA
Mate,
dios de la libertad
La
muerte mastica la savia
desde el tiempo de los obrajes,
oscureciendo los arroyos
y los designios ancestrales
donde los dioses de la selva
se fueron transformando en mate.
Cuando
el hachero no regresa
de sus comarcas vegetales
la bruma se vuelve plegaria
hundiéndose en las soledades,
cebado rito de la espera
llorando en azules enjambres.
Yerba
de luz y sueños blancos
de las eternas libertades,
barriletes de miel y azúcar
loco tiempo de trashumantes,
sabor que borra las distancias
con aromas de antiguas tardes,
horno de barro, largas lluvias
danza de manos y de panes.
En
las prisiones olvidadas
y el exilio de Patria y sangre,
en parajes de piedra y viento
y en las marinas tempestades,
el mate es el fuego de casa
soleada caricia de madre,
callado signo en las partidas
es el vuelo inevitable.
DANA GELINAS
Por
qué
Las
cosas y los días que suceden
más allá
de los altos muros de agua
de mi patria
se
destilan aquí
bajo
el cielo idéntico
de la casa trece
de esta calle.
ÁNGEL MARÍA GARIBAY
El Ciprés
CIPRÉS
doliente que la paz pregonas
de los sepulcros que amoroso escudas,
vibrar yo siento las plegarias mudas
del himno augusto que a la muerte entonas.
Ni
epitafios, ni cirios, ni coronas
valen sobre las lápidas ceñudas
cual las que tú, de tus cortezas rudas,
lágrimas perfumadas desmoronas.
Ciprés,
yo envidio la suprema calma
con que la muerte y el dolor protejes
mientras se agita rumorando el viento,
y,
al contemplarte tan erguido, siento
ansias inmensas de que tú me dejes
entre tus frondas exhalar el alma.
ALBERT SAMAIN
Las
constelaciones
Al
crepúsculo, Clydia, recostada entre flores,
dirigiendo al oriente sus ojos soñadores,
mira las consteladas diáfanas geometrías
que en el azid nocturno clavan sus pedrerías.
Melanto, con el índice apuntando hacia el cielo,
las descifra y las nombra con misterioso anhelo:
Andrómeda, Pegaso, la insigne Casiopea,
Virgo, Dragón y el Cisne, Lira que centellea,
y el Carro, enorme y fúlgido, que, esquivo de los mares,
sus ruedas solitarias en el éter enciende.
Majestad de los dioses con la sombra desciende,
dotando en calma augusta las cosas familiares.
A otro lado del golfo, lejanos luminares
titilan: Se desliza un bajel fugitivo;
se hace débil del remo el golpe compulsivo…
Y los enamorados, cuya alma el firmamento
embriaga, de la noche con el suave portento,
sus párpados entornan, y con dulce emoción,
ven brillar más estrellas dentro del corazón.
Versión
de Andrés Sobejano
BARRY GIFFORD
En el bar Cherokee, Jackson, Mississippi
Las
palabras se esfuman
en este recinto
onírico
del
sur profundo
En
un gabinete rojo
dos rubias
dejan de murmurar
mientras
los barcos fantasmas
bogan
por la noche perfecta
y azul
ROXANA CRISÓLOGO
Esta
canción parece no salir de mi boca
se
atraganta en mi cuello
se hunde en un pedido práctico
La
canción que fuera inventada para tenernos tranquilos
llenó coliseos
nos llenó la boca de un tipo de silencio
que a veces llamamos música
Movimos
las caderas
cerramos los ojos
vimos la canción meciéndose
en su tubería de gran pista de baile
La
música
dormitaba
en su trono de palabras no dichas
en su muladar de carteles descolgados del mapa
en su dispersión de alas
hasta que el bus frenó de golpe
He
escuchado cosas peores
en el colegio en la calle en las paredes
Pliegos
de reclamos
señales de humo
que la neblina limeña pulveriza
en apretaditos pasos de baile
Siempre
es lo mismo
cuando trato de recordar algo
existe una canción
que nos empuja al fondo
La
persistencia de un DJ
el golpe súbito
del acelerador
Señales
de humo
que la neblina limeña
pulveriza
en apretaditos pasos de baile.
