"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
domingo, 25 de junio de 2023
CECILIA PONTORNO
2
De barro
Hay
hombres y mujeres de barro.
Llegué
a comprender su silencio de humo
y la tristeza sonora de sus rostros
reales, densos.
Como
una jauría de manos débiles
tratando de sostener el aire
porque la vida es tanta que duele
porque el aire es tan poco que no deja llorar en paz.
Cuando
llegan a sus casas
queman los diarios, los besos y el hambre
guardan las ganas en una caja
y le rezan a un dios de cartón mojado.
Un
viejo dibuja sombras
sueña con morir en una cama.
Otros, sin nombre, con ser pared,
árbol, pan, mejilla,
solo porque otros dicen
que no son nada.
Son
los desesperados.
Un
perro flaco se parece a la indiferencia
desnuda a los pies de todos.
OSCAR DEIGONET LÓPEZ
La marcha de los caídos
De madrugada
surgen niños de sueños azules.
Sus manos al cielo,
quieren alcanzar
la justicia de los duendes.
Sus rostros, la máscara del
reclamo.
Sus cuerpos olor a campesino
olor a maestro, olor a la patria.
Sus voces,
truenos de la exigencia
en plena calle de la vida
pájaros que cantan
en todas partes,
lloran en todas partes.
Con sus gargantas de oro
cuentan los gritos
y cuentan sus muertos
JORGE CASTAÑEDA
III
Los
sonámbulos
Bajo
el volcán
Van apilando el aliento del espíritu
Mojando con la punta del ojo
La ceremonia acuática del comienzo,
(un suelo abstracto
pasapormilado
encadenado a la imagen exacta de la palabra)
la eternidad acostumbrada al ojo
contagiando la lengua enorme de los Huarpes
y convocando al predicador de signos:
se entiende la masacre del pensamiento.
LILIÁN BAÑUELOS
La habitación de los objetos perdidos
A
menudo fantaseo con esto:
Llego a un recinto lleno y pregunto a todos:
¿A alguien le pertenece:
atrás
de nuestros recuerdos se escucha
como música de fondo
una orquesta afinando sus instrumentos?
MARIANA DEL VERGEL
Heráclito
inconstante
con Julia Hartwig
…si
todo cuanto ocurre
ya ocurrió previamente.
*
Quién
va con la mano firme
del pintor en alto, dispuesta
a sellar al fin la marialuisa;
quién con el olfato del poeta,
rompiendo en las esquinas
los azares de su rima
(Vocales
se embisten de polvo
entre ropajes: escuálidos murciélagos
La cara de la luna bosteza
un regusto de tantas pinceladas)
Quién
nos dice
la página termina
cuando no termina esta pregunta,
si en cualquier momento
un óleo póstumo de artista
el verso de algún legítimo poeta,
son desmantelados en una sala del Louvre
si esa tarde pasa un niño con voz muy limpia
y los interroga:
¿a
dónde van los días que se van?
y el
poeta y el pintor
se miran desde el mismo
fondo de su espejo
y descubren en su respuesta
sus rostros pasando como aguas.
ANDRÉS KUSMINSKY
Dos
hermanos
Antes
de que los dos
de nuevo o por primera vez se volvieran uña y carne
(porque
es obvio que no eran uña y carne)
(¿cómo
no serlo después, si había de sobra tiempo?)
él
lo dejó en un lugar aparte
sin
duelo
sin imagen de dolor.
No
es que ocupara más lugar el del padre
que el dolor de la madre
y todo junto casi tapara el del hermano.
Sino
la situación imposible.
Y el
hartazgo
de todo lo que muestra su dolor.
