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De barro
Hay
hombres y mujeres de barro.
Llegué
a comprender su silencio de humo
y la tristeza sonora de sus rostros
reales, densos.
Como
una jauría de manos débiles
tratando de sostener el aire
porque la vida es tanta que duele
porque el aire es tan poco que no deja llorar en paz.
Cuando
llegan a sus casas
queman los diarios, los besos y el hambre
guardan las ganas en una caja
y le rezan a un dios de cartón mojado.
Un
viejo dibuja sombras
sueña con morir en una cama.
Otros, sin nombre, con ser pared,
árbol, pan, mejilla,
solo porque otros dicen
que no son nada.
Son
los desesperados.
Un
perro flaco se parece a la indiferencia
desnuda a los pies de todos.
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