"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
miércoles, 14 de junio de 2023
LEONARDO SINISGALLI
Los niños chocan…
Los niños chocan las monedas rojas
contra la pared. (Caen esparcidas
por el suelo con dulce rumor.) Gritan
a voz en cuello con pasión guerrera.
Se intercambian apodos soberbios,
dulcísimas injurias. El ocaso
incendia las frentes, encrespa los cabellos.
Es como sangre en las baldosas calientes.
La quietud vuelve a la plaza.
Una moneda lanzada se detiene
junto a otra, a un palmo de distancia.
Y el niño aprieta contra el suelo
su mano victoriosa.
Versión de Guillermo Fernández
STAMATIS POLENAKIS
Hasta allí donde voy siguiendo los hilos de este
poema
Tarde o temprano en esta tierra se dará un final.
Porque volvemos a la tierra como ángeles que se derrumban
y como conozco bien lo frágil que es la tranquilidad
de esta noche quiero escribir para ti este poema
antes de que suenen las campanas del fin de los tiempos
y el gran péndulo oscuro comience a balancearse de nuevo.
Podríamos, si quisiéramos, hacer milagros
pero es preferible, amor mío, el paso por
dentro de estos bosques que se incendian. Así aceptamos
el sufrimiento terrenal y viviremos hasta el fin, leprosos
entre los leprosos. Avanzo siguiendo el hilo
de este poema que no conduce a ninguna parte. Como
nos encontramos en esta tierra amarga en momentos previos
al fin del mundo, nada volverá a ser
como antes y sumergí la mirada en la terrible
hendidura que hay dentro de ti que únicamente veo yo.
Si volvemos a la tierra como ángeles que se derrumban
nada volverá a ser como antes y no hay ningún
sitio para refugiarnos en el momento del gran peligro.
Hoy te toco con mano de ciego en esta cama
de lágrimas, en esta tierra amarga donde lenta
o súbitamente habrá de darse un final.
Versión de Natalia Moreleón
SARA BORJAS
Todos los hombres que cuido de algún modo
A mis habitués y amigos
del bar The Falls
Jairo, el dolor que sientes nunca te dejará
como sé que Valeria sí lo hizo.
Ian, tengo pavor a quedarme dormida
pensando que estoy sola yo también.
Raúl, no puedo asegurarte que verás nuevamente El
Salvador
pero tú puedes ser aquí quien quieras.
Ray y Freddie, lamento haberles dicho mexicanos
cuando ambos son salvadoreños. No se lo vuelvo a hacer a nadie.
Arthur, nunca seré capaz de convertir tu intensidad
en amor. Te lo ruego, no me hagas decírtelo.
Papá, este trago no salvará tu vida
pero, a veces, me salvará la mía.
Phil, hay tanta tragedia en tus chistes que, cuando
río contigo, creo que lloramos y estamos en las mismas.
Matt, eres el más valiente; amaste a una mujer
lo mejor que pudiste doce años antes de conocer a Mark.
Mark, si yo fuera hombre, los dos sabemos
que sería tú.
Francis, mereces más de lo que te permites
y lo sabes.
Modesto, me haces sentir orgullosa de ser morena.
Que
te amen mejor tus hijas de lo que yo amo a mi papá.
Courtney, mi amor te daría miedo.
Te dejo donde estás por el bien de los dos.
Eddie, nunca te cuido y eso es algo
que me aterra ya no saber hacer.
Hermano, siempre estuviste demasiado lejos
como para tenerte a salvo. Eres, después de mí, lo que menos conozco.
Andrew, me odio por amarte pese
a tu blancura. Lo digo de verdad. Me odio por eso.
Dios, no puedes chocar conmigo cada vez
como botella rota de cerveza contra la diminuta cabeza de un mosquito.
Versión de Hernán Bravo Varela
FABIO PUSTERLA
La anguila del Rin
Ahora sí, hermana, y más que antes,
si coleas desesperada entre residuos de atrazina
y chorros de aceite viscoso;
o si golpeas con la cola, extenuada,
la caricia de la ola de fosfatos que ennegrece
en la grava de la orilla
(la orilla, el pedregal,
el arenal fangoso
inspeccionados por linternas de escuadrillas,
salen pitando helicópteros, destellan
azuladas las sirenas bitonales),
si ahora está perdido incluso el Báltico,
el viaje circunscrito
en la armilla de incendios y explosiones,
y te hundes de nuevo en los desechos, los tesoros del fondo,
quillas corroídas y cadenas de anclaje,
a pico por corrientes verticales, masas de agua
más frías, en donde descubres tu escalofrío,
un instinto de nado, porque el mar
es un perfume muy lejano, la sospecha
de un sueño interrumpido poco antes del alba,
cuanto basta a la aleta y a tu terco
latido de las branquias, para arrebatarle
un instante a la asfixia, una idea de vida
a la evidencia de los hechos, último reto al ansia, una utopía
al miedo de todos.
De: “No la perla”
Versión de Pablo Ingberg
VANIA VÁLKOVA
Un encuentro a la distancia
Un carrito, con manejo a distancia,
atravesó
Superando todas las barreras
y continuó por delante de aquel muchacho cubierto por
una mascarilla de diseño
Se puso las gafas de cristales naranjas y continuó
por delante de mí
Los colores y las formas transformaron el día.
19 de marzo, 2020 (al comienzo del estado de alarma
en Sofía)
De: “Urban Perfume”
Versión de Marco Vidal González
MANUEL PARRA AGUILAR
Esta que aquí ves es la vieja
guarda del viejo retablo,
de la vieja granja detrás de un set donde quien se asoma es
Ajay
Kumar.
Eso de más allá es una vieja poltrona sobre un
viejo puente
que se inclina para que la gente que disfruta del show entre al viejo set de
Ajay
Kumar.
Aquellos que están más allá son los ventiladores de
los viejos vientos
que asemejan la vieja lejanía de un bostezo en la vieja granja de
Ajay
Kumar.
Si la vieja muerte viniera un día a descomponerlo
todo
donde solo la voz suele perderse,
y si la vida tuviese la misma y linda perspectiva que solo brinda el tiempo,
Ajay
Kumar permanecería atado a su cuerpo.
Pero tú y yo sabemos que el ideal no es este de
hoy, ni el set de fantasía,
y esto que cae no es agua de lluvia sino un pacto posible para el desespero de
Ajay
Kumar.
De: “Los
muchachos del Guinness Book”
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