XI
Es
el último día
Es
el último día,
Porfían,
Sobre
el día ya muerto.
Deja
una cosa espesa
Y
grumosa
Ya
no su guijarro.
De:
“Tardía calma”
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
XI
Es
el último día
Es
el último día,
Porfían,
Sobre
el día ya muerto.
Deja
una cosa espesa
Y
grumosa
Ya
no su guijarro.
De:
“Tardía calma”
X
Es
para peor. No siempre lo adviertes
Es
para peor. No siempre lo adviertes,
Pero
cada vez te haces más lento
Más
bajo
Más
débil.
Sientes
que la presión sanguínea aumenta.
Es
la de tu observador privado
Que
camina dentro
Y
empeora contigo.
El
siguiente paso ya es concertado.
De:
“Tardía calma”
IX
No
es solo una tira
No
es solo una tira
O un
simple hilo
Y ni
siquiera una cuerda.
Es
soga
Soga
con mancha roja.
Nudo
que se retuerce
En
la propia soga.
Que
ya apagada
Anhela
aquel impulso del cuello.
De:
“Tardía calma”
VII
Y el
cascarón de nuez
Y el
cascarón de nuez
Que
cruza las aguas como un anuncio
De
lo que nos va a ocurrir.
Uñas
resecas, dientes frágiles.
Naufraga,
naufraga.
Y
uno cree que flota.
Bruma
y penumbra ya es
Con
un suspiro dentro.
De:
“Tardía calma”
VI
Ninguna
otra cosa
Ninguna
otra cosa,
Ninguna
otra cosa que el corazón como signo.
La
ilusión de que deja lugar a otra ilusión.
Que
nada es grave y todo calmo
Entre
las flores blancas
Que
se abren ante nosotros.
Sus
semillas infatigables
Su
deriva.
De:
“Tardía calma”
VIII
No
sabe de frío la luna
No
sabe de frío la luna
Que
asedia.
Flota
o rodea o vuela
Del
centro a la periferia
De
la noche.
Como
midiéndose a sí misma
La
creciente luna.
Y su
tierna hoja,
Aterida,
Ahí
cerrándose.
II
El
consuelo de la palabra tiempo
El
consuelo de la palabra tiempo.
Ni
encono
Ni
infortunio
Tampoco
nostalgia
O
remoloneo:
Consuelo.
Como
si al fin
Me
hubiese extinguido
Con
tu mano
Oculta
En
mi corazón.
De:
“Tardía calma”
III
La palabra tristeza
La
palabra tristeza
Se
hace sitio en la frase.
Una
y otra vez en la mano que la escribe.
Crece
por todas partes.
Brilla
en la punta del cuchillo:
Se
ennegrece
En
la uva vieja del corazón.
De:
“Tardía calma”
V
Veo esa caja por dentro. La oscuridad abajo
Veo
esa caja por dentro. La oscuridad abajo
Y lo
que recoge.
El
polvo que gira lento como si tomara aire
O
temiera algo.
Si
fuera posible,
Limpiaría
la caja para neutralizarlo.
Pero
es crudo el tejido epidérmico
Que
se acumula en el fondo.
Esto
gris en lo pardo.
De:
“Tardía calma”
IV
La mancha se extiende sobre la mano
La
mancha se extiende sobre la mano.
Se
nutre
Camina
Duerme
en la mano rugosa.
Resuella
resuella
Y
esos resuellos
Secan
más la mano.
Y
tras ella,
La
simple ampolla del tiempo.
De:
“Tardía calma”
I
Una
flor se abre
Una
flor se abre
Y se
torna jardín
Se
torna sendero
Y
límpida como tú
Es
el brillo en la enramada
Como
el deseo del cielo
Como
tu voz
De
la que toda luz
Deriva.
De: “Tardía
calma”
Nunca,
como ahora,
Se
espera una oportunidad.
Cualquier
ilusión vana.
Un
simple intercambio de palabras, por ejemplo,
O el
tirón interno de una estúpida felicidad.
Nadie
quiere ser definido por la noche
O
sacado a la fuerza por la parte trasera.
Habríamos
querido llegar a ser nosotros mismos, al menos,
O
acaso corregir el mundo.
Pero
había una trampa
Y
eso entrañaba un borde.
Ahora
que ya no es trampa
Que
solo es borde
O lo
que hemos sido.
IV
Redundancias
cotidianas. Entre las otras,
Las del cuerpo que aún no son dimisiones.
Se tienden de una cosa a otra
De un momento a otro
De un lugar a otro.
Todo invertido
O mentira
O acaso una rajadura
Que pugna
En medio de la repetición del día.
V
Fue
Un
espejismo eso del amor;
Como
si hubiéramos podido vernos
A
nosotros mismos:
Endebles
Pero
atareados en la destrucción del reino.
III
A veces suena a pausa.
Pero después, más allá,
Es una aguja y una noche.
Abajo,
En el pajar,
Una aguja conduce a otra aguja,
Cada vez más lenta
Más sosegada.
Y luego,
Queda solo la noche
Que insiste
Como un suspiro
Por encima del cielo casi negro.
II
Parecía
una mañana más bien predecible.
Su brillo pasajero
Enrollándose por encima de nuestras cabezas,
Por ejemplo.
O el sol como un pinchazo.
Y
enseguida,
La mañana se va quedando atrás.
Pierde su luz
Se decolora
Declina, incluso.
Queda
esa neblina espesa
Que insiste
Hasta hacerse mancha
Ajadura
En la puerta misma del día.