"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
jueves, 9 de marzo de 2023
ESTELA PUYUELO
Luz
Entre
el vivir y el soñar
un bostezo se deslumbra,
aún caliente,
manso, bobo,
como recién caído en la cuenta.
Pegados
a los ojos
nadan peces de aceite, espejismos,
su danza de déjà vu,
arropados en piel brillante
de sirena.
Pestañas
y pupilas
se enfrentan sin concilio
y no cejan
en su retórica parca y besuguiana
de parpadeos.
Las unas abocadas
a levantar persianas de realidad
con visos de falacia.
Las otras empecinadas
en tumbarse, en resbalarse
cinco minutos más
en su escondite de sueños.
Entre
el vivir y el soñar
amanece el hambre, o la sed,
o una tos seca, la necesidad de desaguar
el engaño estancado
en las entrañas.
Un ruido, un pitido, un grito.
Y,
con chispas de media tristeza,
el instinto prende
la luz de la inteligencia
y uno comprende
la exacta medida del ser.
JUANA MARÍA NARANJO
XIV
Señor,
tu palabra guarda
los alientos de oro
de las espigas
y resplandece en el corazón
del hombre
nos libera de hecatombes: quédate aquí Señor.
De:
“Abedules de luz”
MANUEL M. FOREGA
Con Leonor
y Kavafis
Tantas veces estuve tan cerca de sus ojos…
K.
Kavafis
A
Eleonora Rella
Quizá
alguien ya te ha dicho
que tus ojos son dos mares.
me da lo mismo;
nadie te lo dijo sobre un dromón bizantino
al pairo frente a las costas de Kavala.
Otro día visitaríamos Eubea,
las Cíclades y Alejandría.
Nimbos
negros como corderos
agredían la luz del Egeo
y el dromón jamás navegaría
porque su réplica anclada ‒como un insulto‒
semejaba un escollo tallado
exultante de grímpolas palidecidas.
De
Kavafis hablé arañando un bao,
de sus versos breves e intensos como un crimen
o como un trago de buen vino,
de sus poemas densos
ataviados de historia y de pecados hermosos,
de su sabiduría,
de cómo sería su cuerpo joven engarzado
de caricias a manera de efímeras joyas
clandestinamente robadas
a los libros y a la noche
(Si de mi amor no puedo hablar
‒hablar de tus cabellos, de tus labios, de tus ojos‒,
Sin embargo tu rostro…)
mientras tus mares se atormentaban y rendían.
Alejandría… Ella fue quien me condujo a la calle Lepsius.
Eleonora…
En el portal oí su voz sonora, dulce:
En esas habitaciones oscuras en que vivo
pesados días, con que anhelo miro a veces
las ventanas ‒Cuándo se abrirá
una y qué habrá de traerme‒
Pero esa ventana…
En
el número 10 de la calle Lepsius, en Alejandría,
vivió el fuego de Konstantino tantos años…
Para
saberlo tuve que apresar tus mares
y llevarlos conmigo.
De: “He
roto el mar”
RENÉ E. RODAS
Noches
de verano
Llueves
sobre mí con tus manos de tormenta.
Traes en los labios racimos de chubascos
que descargas a golpes de lengua sobre mi cuerpo.
Insaciable la tempestad arde en tus ojos.
Montreal, verano 1999.
De: “La
balada de Lisa Island”
PEDRO LASTRA
Algo
nos han dejado los dioses desdeñosos
Con
muy menudos diezmos
y salarios escasos
nos pagaron los dioses
las devociones largas y vigilias:
días veloces
y el amor veloz,
esas fugacidades.
De: “Transparencias”
MARIANA BERNÁRDEZ
El
cuerpo es el lienzo
de tu moradura
la huella en abrojo
o el cardenal del silencio
que en su mesura exaltó
…………………..lo perdido
Bitácora
de la desolación
que dejó la cabeza
…………….sin firmamento
y un desierto creciendo
…………………..en la lejanía
Mudos
han quedado los labios
después del beso
que extendió su tránsito
torciendo el tanto entender
Y no
levantar la voz por temor
………..a una mayor quemadura
por encontrar en el limo
………..el barro de su evangelio
y
ahora ha venido a hincarse
la rabia por la rabia
dejando en su dentellada
el presagio de lo abierto
aquí
estuvo
por aquí el tallo roto
advierte el trazo en el polvo
ven
…….silbo vulnerado
que los pájaros quieren cantar
………..la cólera funesta
en el cardo de tu lengua.
De:
“Tristura”, en Rumor de niebla
