Con Leonor
y Kavafis
Tantas veces estuve tan cerca de sus ojos…
K.
Kavafis
A
Eleonora Rella
Quizá
alguien ya te ha dicho
que tus ojos son dos mares.
me da lo mismo;
nadie te lo dijo sobre un dromón bizantino
al pairo frente a las costas de Kavala.
Otro día visitaríamos Eubea,
las Cíclades y Alejandría.
Nimbos
negros como corderos
agredían la luz del Egeo
y el dromón jamás navegaría
porque su réplica anclada ‒como un insulto‒
semejaba un escollo tallado
exultante de grímpolas palidecidas.
De
Kavafis hablé arañando un bao,
de sus versos breves e intensos como un crimen
o como un trago de buen vino,
de sus poemas densos
ataviados de historia y de pecados hermosos,
de su sabiduría,
de cómo sería su cuerpo joven engarzado
de caricias a manera de efímeras joyas
clandestinamente robadas
a los libros y a la noche
(Si de mi amor no puedo hablar
‒hablar de tus cabellos, de tus labios, de tus ojos‒,
Sin embargo tu rostro…)
mientras tus mares se atormentaban y rendían.
Alejandría… Ella fue quien me condujo a la calle Lepsius.
Eleonora…
En el portal oí su voz sonora, dulce:
En esas habitaciones oscuras en que vivo
pesados días, con que anhelo miro a veces
las ventanas ‒Cuándo se abrirá
una y qué habrá de traerme‒
Pero esa ventana…
En
el número 10 de la calle Lepsius, en Alejandría,
vivió el fuego de Konstantino tantos años…
Para
saberlo tuve que apresar tus mares
y llevarlos conmigo.
De: “He
roto el mar”
No hay comentarios:
Publicar un comentario