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viernes, 27 de marzo de 2026

DAVID REFOYO

 



Huye de quien te diga resiliencia.

Ya los indios hablaban a través del humo:
primero los exterminaron,
luego les robaron el lenguaje.

Así sucede siempre en la conquista,
así sucede también en el amor.

Así en estos versos de hombre blanco.

  

De: “Las ganas de comer Oreo”

 

jueves, 26 de marzo de 2026

DAVID REFOYO

 

  

La hija, el libro, el árbol.
Pensar en la sequía
y la devastación.

 

De: “Las ganas de comer Oreo”

miércoles, 25 de marzo de 2026

DAVID REFOYO

 

 

 

No dijimos idioma
hasta que pudimos entenderte.

Las muecas y los gestos

—insuficientes—
arañaron las paredes de tus manos.

Pero un día, y el pero es importante,
aquello que señalaron tus ojos
salió escupido de tu boca.

Empapadas,
repetimos las sílabas despacito
para que esta jaula que es el lenguaje
no rozara tus rodillas.

Surgió el diálogo:
fundamos una ciudad nueva.

 

De: “Las ganas de comer Oreo”

 

martes, 24 de marzo de 2026

DAVID REFOYO

 

 

 

Tarareo marchas fúnebres
mientras te duermes en mis brazos.

Primero el pie izquierdo —chan—, luego el otro
—chan-chan—.

Primero un párpado —chan—, luego.

Estás dormida y a la vez despierta.

Entre este cuerpo que te sujeta
y la cuna existe un vacío:

el día y la noche
un tránsito de incertidumbre
como el paso fronterizo
en una zona de guerra.

Es ahí, justo ahí,
en ese metro y medio escaso,
donde hierven ahora todos los poemas.

 

De: “Las ganas de comer Oreo”

 

lunes, 23 de marzo de 2026

DAVID REFOYO

 

 

 

El padre quiere creer
que es el amor
el que alimenta el aguante,
el que empuja a seguir
despierto
otra noche más.

El padre quiere creer
hasta el día que descubre,
pasados ya seis meses,
que el impulso de su odisea
no es el amor
sino el odio.

El padre decide entregarse
a la inercia.

Las palabras mayúsculas
en una esquina de la memoria.

  

De: “Las ganas de comer Oreo”

domingo, 25 de septiembre de 2022

DAVID REFOYO

 

  

Finde

 


Dirá: papá mejor al parque de atracciones

hija qué más arriesgado que bajar de la cruz con Van der Weyden

salir a tiempo del escape room de la familia de Felipe IV

engañar a Saturno que no pueda devorarnos con sus manos ciclópeas

buscas miedo un miedo controlado que derive en risa adrenalina

y si rendimos Breda y si paseamos por el tríptico de las delicias

qué sentiremos entonces si no es miedo ¿acaso belleza?

como si algo fuese más terrorífico que la belleza

que se va como quien parece no haber estado y expira y ya nunca regresa

y tú quieres ir al parque de atracciones y lo entiendo

a tu edad preferí el museo y mírame ahora viejo apocado

incapaz de mirar a los ojos a Velázquez

o sostener esa belleza entre mis versos en un segundo de luz.

 

De: “El fondo del cubo”

 

 

sábado, 24 de septiembre de 2022

DAVID REFOYO

 

  

Semuret

 

 

Por cada caja de cincuenta libros furgonetas tráileres repletos de títulos

de novedades enviadas en veinticuatro horas desde cualquier punto del mapa

si tú en casa el pijama el café caliente y afuera enero el mes cruel

si Luis traspasa la librería el cartel reza y yo rezo por cese de negocio

y la llama que nos alumbra mitiga y el humo del candil nos ennegrece

si fuiste culpable como lo fui yo si el espacio habitado con un móvil es un desierto

Luis coloca el candado en la trapa y dice hasta siempre me voy al pueblo

no quiero más libros no más comerciales no más literatura de saldo

ya no edita ya no lee porque la jubilación porque sus perros y la casa levantada

sobre la tinta y las horas si el reloj dice hasta aquí limpiamos los cristales

retiramos los carteles con cuidado y volvemos a colocarlos sobre el vidrio húmedo

resplandeciente y el reclamo no sirve nadie parece dispuesto a tomar el testigo

nadie quiere inmolarse delante de los camiones pasarán como las tropas moras

pasarán por encima de mí y de tu cómodo pijama y lo harán con urgencia

porque la urgencia y la poesía siempre estarán enfrentadas

 

De: “El fondo del cubo”

 

 

viernes, 23 de septiembre de 2022

DAVID REFOYO

 

  

Los santos inocentes

 

 

Cogíamos el agua de las fuentes públicas

yo que nací en mil novecientos ochenta y tres

que lo tuve todo al alcance

la escarcha sobre los dedos y el mismo sudor de cada verano

con el que pagaba la matrícula

pero robábamos el agua de las fuentes

como los gitanos del extrarradio

y limpiábamos cristales

 

Esta calle hijo nos pertenece

veintitrés comercios veintitrés familias

veintitrés saludos impolutos desde primera hora

 

Buenos días señor Gobernador

no necesito escolta no aquí

donde me reconocen los obreros

                        buenos días

 

antes de las diez posábamos el cubo sobre los escaparates

ellos vendían zapatos y camisas que no podíamos comprar

que anhelábamos mientas pasábamos la gamuza

 

Madrugar tenía un sentido Dios no ayudaba

pero teníamos el refranero

 

La multitud dejaba sus riquezas

en los labios de los comerciantes

nosotros cargados con el cubo

en dirección opuesta

 

De: “El fondo del cubo”

 

 

jueves, 22 de septiembre de 2022

DAVID REFOYO

 

  

Deseo

 

 

Dime un lugar hija la cocina

un lugar donde quisieras estar ahora la cocina

no la cocina no no fuiste concebida para responder cocina

minúsculo universo si yo te soñé libre

no sé Pensilvania o Moscú no sé

 

un lugar simplemente un lugar

la cocina no solo un lugar ¿eh?

papá me gustan las postales y los imanes de Praga

un lugar ¿eh? el frigorífico

sí el frigorífico

allí conservamos inmune nuestro deseo

  

De: “El fondo del cubo”

 

miércoles, 21 de septiembre de 2022

DAVID REFOYO

 

  

El guardián

 

 

A esas pinturas papá se dice cuadros se dice lienzos a esas pinturas

pásales un plumero un trapo seco dales un soplido pero no utilices químicos

un van Dyck un Rubens un Juan Gris un dibujo de Sorolla

las paredes de la casa son frías son como dormir en un museo sin que nadie mire

son frías porque el arte que desconocemos resulta ingrato y nos observa desde arriba

 

la Marquesa solo en los veranos el guarda de la finca el año entero

le digo Rubens con las cuatro pinceladas aprendidas en historia del arte

se encoge de hombros silba a los galgos tira mendrugos de pan con moje

agua hervida y pimentón típico de Castilla los podencos corren animosos

él mira de soslayo y disimula entre algazaras desmonta escopetas

las lubrica un paño con ungüento y tres en uno sobre los resortes

camina con los hombros encogidos toda la tarde

 

postura inmisericorde hasta que la Marquesa regrese a la ciudad

cuando septiembre se pose sobre las alas de las perdices 

  

De: “El fondo del cubo”