miércoles, 25 de marzo de 2026

DAVID REFOYO

 

 

 

No dijimos idioma
hasta que pudimos entenderte.

Las muecas y los gestos

—insuficientes—
arañaron las paredes de tus manos.

Pero un día, y el pero es importante,
aquello que señalaron tus ojos
salió escupido de tu boca.

Empapadas,
repetimos las sílabas despacito
para que esta jaula que es el lenguaje
no rozara tus rodillas.

Surgió el diálogo:
fundamos una ciudad nueva.

 

De: “Las ganas de comer Oreo”

 

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