miércoles, 25 de marzo de 2026

CARMEN PALOMO PINEL

 

 

Lección de historia universal

  

Hemos logrado tantas cosas.

Hemos domado el fuego, alcanzado la luna.

Hemos auscultado el mundo con nuestros ojos merodeadores, con las videntes manos. Le hemos puesto gasas y catéteres de expectativas y un bypass a la germinación.

Hemos hecho poemas para irrigar la tierra baldía (con tres heridas, tres, y cuatro columnas de cieno que chapotean las aguas podridas, porque a pesar de saber que en tierra en humo en polvo en sombra en nada, y a pesar de y de, la más honda verdad es la alegría).

Metódicamente hemos dudado, y hemos deconstruido y falsado, y también sido falsos. Polinómicamente hemos descompuesto e igualado, y ajustado las fórmulas, los moles, buscado la fusión (con todo) y la fisión (de todo). Entendido. Ignorado. Destruido.

Hemos creído que el nombre de Dios habitaba en las montañas.

Hemos hecho música. Y silencio. Y 4’33’’, John Cage, música que es silencio (porque todo silencio es el eco de una polifonía, o su sombra).

Hasta milagros hemos hecho: pan y vino.

Y hemos hecho la guerra, el ruido, nos hemos roto, no entraba suficiente luz ni suficiente aire, teníamos que rompernos, el dolor truena y nosotros –antes silbos y flautas traveseras– queríamos, errábamos, ya no sabemos nada, pero cuánto lloramos, pero cuánto volvemos a matar.

Hemos mirado a las estrellas como añorando un útero.

Hemos querido enterrar a nuestros muertos, confiando en que lo bello no es inútil.

Todo esto que hemos hecho, y lo que vendrá siempre, no han sido sino modos, más torpes o acertados, de implorar el amor.

 

De: “Ereignis”

 

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