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sábado, 23 de febrero de 2019

CARLOS ERNESTO GARCÍA





Hamburgo



Las veintiuna y treinta
de un día que no comprendo.
Una amplia avenida que no ven tus ojos.
IDUNA RCA rastad zeit-arbeit
incrustados en un edificio que aún
no conoce la guerra.


lunes, 11 de febrero de 2019

CARLOS ERNESTO GARCÍA





Verano del 80 y cinco



Apoyada contra la pared
una joven de falda corta
quieta espera.
La miro.
Toso.
Doy una bocanada al cigarrillo
que circular se enreda entre sus piernas
— cierra los ojos y suspira —

El metro estacionado ya
abre sus puertas.
Subimos en distintos vagones
y nos dejamos llevar.


martes, 5 de febrero de 2019

CARLOS ERNESTO GARCÍA





III
                       ¡Ay del que tiene, por su mal consejo,
                        el remedio imposible de su vida
                        en la esperanza de la muerte ajena!
                                                           Lope de Vega



Desde la ventanilla del avión
aquel teatro de muerte que era mi país
se fue convirtiendo poco a poco
en una verde postal
llena de ríos
lagos y volcanes

Bajamos al séptimo infierno
para apoyar nuestros ojos en la nada
porque nada es lo que nos esperaba
Todo era silencio
La Avenida de la Reforma
hasta dar con el parque de Chapultepec
era ruta obligada para olvidar
aunque sólo fuese un poquito
México moderno
donde nunca faltan
las peleas de gallos y su tequila
botas con espuelas brillantes
y tiros al amanecer
para no morirse de aburrimiento
al final de la fiesta

La guerra nos lanzaba al camino
para hacernos sonar campanas
en una ciudad perdida
del norte de Europa
Dormir serpientes en la India
Lustrar zapatos en Melbourne
Ser portero de noche
en un viejo hotel de Barcelona
Preparar pizzas en Florencia
Pintar barcos en alta mar
servir cafés en París
cantar rancheras en la Plaza Garibaldi
Conducir una góndola en Venecia
Cruzar en trineo la estepa rusa
Ser perseguido por la policía montada
después de una manifestación
en New York o San Francisco
Todo
menos darnos por vencidos

¡Que se rinda tu madre!


lunes, 28 de enero de 2019

CARLOS ERNESTO GARCÍA





La penitenciaría



Un rosario de cuerpos
extendidos sobre la nada.
Una miserable galera
en la que busco el reposo
tras varios días de encierro
y plantón
en una celda oscura
que llaman el separo.

Con restos de sangre en mi rostro
aún puedo ver a uno de los nuestros
que agotado de la sensación de asfixia
que produce el hacinamiento
en dos metros cuadrados
y harto de mascar periódicos
con sabor a restos de comida
consigue convencer al guardián
de que le vendiera un pedazo de vidrio
con que cortarse las venas.

Cuando los enfermeros llegaron
para trasladarlo a la clínica del penal
en un apretón de manos
como su más valioso presente
nos regaló a todos
aquel trozo de botella rota.
                                       
   
                               Puerto de Veracruz, 1977


martes, 22 de enero de 2019

CARLOS ERNESTO GARCÍA





Alguien



Esta noche supongo
alguien
sin amigos
dormirá aburrido frente a su televisor
a la espera de una llamada telefónica.
Alguien
nombrará cosas inciertas.
Alguien
intentará traspasar
su propia memoria.
Alguien
dejará caer los pedazos rotos
de una fotografía
como si aquello constituyese una venganza.
Alguien
gritará desesperado.
Alguien
volverá los ojos
que ya no quieren ver las mismas cosas.
Alguien
llegará tarde al trabajo
por culpa de esas palabras necesarias
después del amor a la persona amada.
Alguien
que no se ha dado cuenta
aún de su propia muerte
caerá en una calle céntrica
en Nueva York
Berlín
O Londres
con un enorme agujero en la frente.
Alguien
posiblemente como tú o como yo
se levantará de su cama
pensando quizá
que nada
nada de lo que suceda afuera
es más importante
que su pequeño
y miserable mundo.



miércoles, 16 de enero de 2019

CARLOS ERNESTO GARCÍA





En las faldas del volcán

                                  A Alfonso Hernández



Mientras el viento anuncia
esa forma de sepultar madrugadas
que engendra en su interior
la noche
una piel
sumergida entre la vegetación
busca su último refugio
en la tierra.



jueves, 10 de enero de 2019

CARLOS ERNESTO GARCÍA





El perseguidor
                                a M. Allegrini.



María me hace cómplice
del último cigarrillo.

Muy cerca
un niño no cesa de correr
detrás de una pequeña florista
que invita a pensar en una cíngara.

De repente
aquella niña se detiene
y extendiendo sus brazos en cruz
deja caer un ramo de flores
que cubren los pies de su perseguidor.

Al alejarnos de la plaza
sobre el suelo
queda un puñado de violetas
despedazadas por la furia de un niño.


viernes, 4 de enero de 2019

CARLOS ERNESTO GARCÍA





La sombra

                      a M. I. V.




Desde una esquina
me sonríe una sombra
de cuchillos afilados.

La misma que esta noche
tocó a mis ojos
trayendo en sus manos
un puñado de flores
muertas.



domingo, 30 de diciembre de 2018

CARLOS ERNESTO GARCÍA





Yo no tengo casa



La mitad de lo que amaba ya no está conmigo
Unos (casi todos) se han quedado
Otros simplemente partieron

Mi hermano urgentemente me escribe de México:
La casa se derrumba
hay que venderla
y pienso:
es qué aún tenemos casa?

Mi padre se quedó sin comprarse aquella camisa
o aquél pantalón que tanto le gustaba
sin ir al cine los domingos
sin viajar al país con el que tanto soñó
y se conformó con visitar un parque
en donde mirarle el rostro al caballo
y al general que lo montaba en una estatua
Todo por comprarnos una casa
Una pequeña y modesta casa donde vivir
y a la que hoy solamente se le ocurre derrumbarse

Por mí
que se derrumbe si quiere
Si la mitad de lo que amaba ya no está conmigo
si los niños no se amelcochan frente a la ventana
y si a mi hermana se le quebró la sonrisa frente al espejo
aquella terrible noche de junio
antes de la tormenta y el canto del gallo
si el llanto metálico de un niño
no me provoca una tremenda ternura
que haga nacer una canción de amor entre mis manos
por mí que se derrumbe;
y que vuelvan a construir un día si quieren
pero será sobre cenizas

Mi voz
no vibrará más en sus paredes
Tus cartas de amor Mariana
no llegarán con su olor a perfume hasta mis manos
Al caer la Navidad estaré siempre lejos
y solitarias habitaciones poblarán la casa
que según cuenta mi hermano en su carta:
ya perdió sus primeros cristales

Está bien
que se derrumbe si quiere
si es así
olvidarla será mi venganza
porque yo hace tiempo
mucho tiempo
         que no tengo casa.


lunes, 24 de diciembre de 2018

CARLOS ERNESTO GARCÍA





Primer beso

                                 A una muchacha cuyo nombre
                                no recuerdo.



Cuando te besé
(Fue en casa de una amiga tuya
que me gustaba)
era la primera vez que te besaban
Sentí tu cuerpo temblar contra la tierra
Nunca más volví a verte ni besarte
pero cuando te recuerdo
no sé por qué
aún siento tu cuerpo temblar contra la tierra.


martes, 18 de diciembre de 2018

CARLOS ERNESTO GARCÍA





Homenaje



El invierno en Budapest
tiene un gris añejo.
El Danubio como chuchillo
atraviesa el cuerpo de esta ciudad
que vio mil guerras.
Así lo atestigua
el monumento a los pescadores
que recibieron de Turquía sus flechas.
Desde ahí
la imaginación es capaz de cabalgar
sobre los siglos.

Si visitas Budapest en invierno
sentirás su sabor a luto
su sabor a sangre que tiene la tarde.


miércoles, 12 de diciembre de 2018

CARLOS ERNESTO GARCÍA





Presentimiento



La tensión de mi mano
dibuja esa forma mortal que conoces
y que busca terminar
con el dolor de lo que me es ajeno.

Algo inhumano se oculta esta noche
al otro lado de la puerta
dispuesto a envolverme en su regazo
en cuanto cierre los ojos.

            Tendido a lo largo de tu cuerpo
            sólo el silencio
            es nuestro mejor confidente.



jueves, 6 de diciembre de 2018

CARLOS ERNESTO GARCÍA





Breve poema de amor



Vos sabés que yo
vengo de la melancolía a la melancolía
que confundo todos los lugares
la Plaza del Zócalo
con el Parque Ula Ula
el Danubio con el Lempa
a los niños andaluces con los de Panchimalco
la torre de París
con las de electricidad que daban frente a mi casa
allá en San Martín
cerca de Suchitoto


la verdad es que lo confundo todo
hasta el color de tu pelo
con la espesa oscuridad de los cafetales.