miércoles, 22 de marzo de 2023


 

ATILIO MILANTA

 

 

 

Hacia mi

  

LAS flores o quizá la idea de las flores.
O el reflejo de la rosa, el silencio del
pensamiento,
o la diadema que ayer habría querido en el jardín, o la anunciada margarita
que ha pasado.

La solapa desierta.
El corazón metido en la cabeza.
Y un bolsillo que enfría la mano.

La mano
aprisiona una idea, un latido.

La flor, tal vez la nada (¿yo
sólo sé quién soy?).

Cada trazo,
la palabra en búsqueda hacia el vacío.

El aroma se pierde y la idea
muere sin confirmar mi muerte.

Desfallezco. Duermo.

 

 

ENRIQUE P. MARONI

 

 

 

 

Te conquistaron con plata 

y al trote viniste al centro,
algo tenías adentro
que te hizo meter la pata;
al diablo fue la alpargata
y echaste todo a rodar;
el afán de figurar
fue tu «hobby» más sentido
y ahora, hasta tenés marido…
las cosas que hay que aguantar.

 

 

VÍCTOR HUGO LÓPEZ CANCINO

 

 

 

 

Me dediqué a quererte


No estoy triste porque ya te vas
pues me dediqué a quererte,
unidos y abrazados más y más
haciendo nuestro amor más fuerte.

Acaricie tus suaves manos
y bien besé tus tiernos labios
contemplé tus lindos ojos negros
y vi contigo el pasar de los años.

Me entregué a tu terso cuerpo
me dediqué a quererte,
y ese fue mi gran acierto:
estar contigo hasta la muerte.

 

 

ARTHUR RIMBAUD

 

 

 

 

El corazón de Rimbaud

 

¡Mi triste corazón babea a popa,
mi corazón que colma el caporal
y me vierten en él chorros de sopa,
mi triste corazón babea a popa:
con las bromas sangrientas de la tropa
que brama un carcajeo general,
mi triste corazón babea a popa,
mi corazón que colma el caporal!

Itiofálicos y soldadinescos
sus chistes sangrientos lo han depravado;
y de noche componen unos frescos
itiofálicos y soldadinescos.
¡Oleajes abracadabrantescos
llevadme el corazón, que sea lavado!
Itiofálicos y soldadinescos
sus chistes sangrientos lo han depravado.

Cuando se agoten sus chimós gargálicos
¿cómo vivir, oh corazón robado?
llegarán con sus estribillos báquicos;
cuando se agoten sus chimós gargálicos
sentiré sobresaltos estomáquicos,
yo, el del corazón despedazado.
Cuando se agoten sus chimós gargálicos
¿cómo vivir, oh corazón robado?

 

 

HILDA CONKLING

 

 

 

La ondulación de la ola

  

Era de noche cuando el cielo era azul oscuro
Y el agua entró con una mirada ondulada
Como una telaraña.
El punto de la pendiente descendió hasta la orilla del agua;
Era verde con un anillo de hadas de nomeolvides y helecho.
La espuma blanca lamió el costado de la pendiente a
medida que subía y se doblaba hacia atrás;
Se acurrucó como un hermoso árbol de ceniza
Doblado por el viento.

 

 

ALEJANDRO ROMUALDO

 

 

 

A otra cosa

 

Basta ya de agonía. No me importa
la soledad, la angustia ni la nada.
Estoy harto de escombros y de sombras.

Quiero salir al sol. Verle la cara
al mundo. Y a la vida que me toca,
quiero salir, al son de una campana
que eche a volar olivos y palomas.
Y ponerme, después, a ver qué pasa

con tanto amor. Abrir una alborada
de paz, en paz con todos los mortales,
Y penetre el amor en las entrañas
del mundo. Y hágase la luz a mares.

Déjense de sollozos y peleen
para que los señores sean hombres.
Tuérzanle el llanto a la melancolía.
Llamen siempre a las cosas por sus nombres.

Avívense la vida. Dense prisa.
Esta es la realidad. Y esta es la hora
de acabar de llorar mustios collados,
campos de soledad. ¡A otra cosa!

Basta ya de gemidos. No me importa
la soledad de nadie. Tengo ganas
de ir por el sol. Y al aire de este mundo
abrir, de paz en paz, una esperanza.