Mi
palabra
Recorrí
el campo
por última vez
antes de entregarlo.
Al
irme y cerrar la portera
me fijé en el poste
que la sostenía:
un molle.
Lo
pusimos
como provisorio
hace varios años
y vino a durar hasta hoy
igual que yo.
La polilla y los taladros
lo vienen acribillando.
Toqué
su madera cansada
y le dije «adiós».
Escuché claramente mi palabra.