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viernes, 30 de enero de 2015

ANTONIO GALA



Sonetos de la Zubia. Nº 52
 

He llegado hasta el último venero
y he regresado sin haber bebido.
Lo que temí perder ya lo he perdido.
Lo que esperé ganar ya no lo espero.

No habrá de hacerse el corazón de acero
a la dura costumbre del olvido,
que anoche en este huerto me ha vendido
un beso en la mejilla traicionero.

Tan sin remedio estoy, tan acabado,
que me alegra saber que al mediodía
estaré, por mi bien, crucificado.

No me traigan vinagre en la agonía.
Será fácil morir si no está al lado
aquel amor que entonces yo tenía.

 

 

jueves, 29 de enero de 2015

ANTONIO GALA




Sonetos de la Zubia. Nº 23

 

Arrebátame, amor, águila esquiva,
mátame a desgarrón y a dentellada,
que tengo ya la queja amordazada
y entre tus garras la intención cautiva.

No finjas más, no ocultes la excesiva
hambre de mí que te arde en la mirada.
No gires más la faz desmemoriada
y muerde de una vez la carne viva.

Batir tu vuelo siento impenetrable,
en retirada siempre y al acecho.
Tu sed eterna y ágil desafío.

Pues que eres al olvido invulnerable,
vulnérame ya, amor, deshazme el pecho
y anida en él, demonio y ángel mío.

 

sábado, 24 de enero de 2015

ANTONIO GALA

 

Sonetos de la Zubia. Nº 51

  

Tengo la boca amarga y no he mordido;
el alma, atroz, y la canción, tronchada.
No sé qué fuerza traigo en la mirada,
ni qué traigo en mi cuello, de vencido.

No sé ni cómo ni por qué he venido.
Esto es todo: llegué; no sé más nada.
No me importa el quehacer ni la jornada,
y me da igual herir que ser herido.

La sangre, a punto, se impacienta y arde
por inundar la alcoba a la que vine,
donde fui tan feliz que fui cobarde.

Sólo pido al amor que no se obstine.
Me sentaré a su orilla cualquier tarde
para que alguien, de paso, me termine

 

 

viernes, 23 de enero de 2015

ANTONIO GALA




Sonetos de la Zubia. Nº 25

  

Dile a la muerte, amor, que no me olvide;
que tengo el corazón ya bien dispuesto,
y previstos, al fin, palabra y gesto
con que de ti mi cuerpo se despide.

La vida, sólo en vida, no se mide;
ni la pasión, en dulce manifiesto.
Vida y amor no mueren: sobre el resto
es un azar nocturno quien decide.

Yo no soy sino aquello que persigo:
una lluvia de mayo en tu mejilla,
tu fuego en paz, tu bienestar de trigo.


Qué vida, tras la muerte, tan sencilla:
yo, ensimismado, transcurrir contigo
de un sueño a otro, de una a otra orilla.

 

 

domingo, 18 de enero de 2015

ANTONIO GALA

 


Sonetos de la Zubia. Nº 54

 

Hoy encuentro, temblando ya y vacía,
la casa que los dos desperdiciamos
y el vago sueño del que despertamos
sin habernos dormido todavía.

Acordarse del agua en la sequía
no hace brotar ni florecer los ramos.
¿Dónde estás, dónde estoy, y dónde estamos?
¿Qué fue del mundo cuando amanecía?

Hoy me pasa el amor de parte a parte.
Temo encontrarte y no reconocerte.
Temo extender la mano y no tocarte.

Temo girar los ojos y no verte.
Temo gritar tu nombre y no nombrarte...
Temo estar caminando por la muerte.

 

 

sábado, 17 de enero de 2015

ANTONIO GALA


 

Sonetos de la Zubia. Nº 31

 

Atardeció sin ti. De los cipreses
a las torres, sin ti me estremecía.
Qué desgana esperar un nuevo día
sin que me abraces y sin que me beses.

A fuerza de tropiezos y reveses
la piel de la esperanza se me enfría.
Qué agonía ocultarte mi agonía,
y qué resurrección si me entendieses.

Atardeció sin ti. Seguro y lento,
el sol se derrumbó, limón maduro,
y a solas recibí su último aliento.

Quién me viera caer, lento y seguro,
sin más calor ni más resurgimiento,
gris el alma y frustrada entre lo oscuro.

 

 

 

lunes, 12 de enero de 2015

ANTONIO GALA


 

Sonetos de la Zubia. Nº 55

 

Le abriste tu jardín y, conmovida,
se me instalaba el alma en sus umbrales
ante la gracia en flor de tus rosales
y ante tu flor recién amanecida.

Se extasiaba en tu sed, en la encendida
promesa de tus labios veniales,
y creyó terminados ya sus males
por virtud de tu mano bienvenida.

Tendió sus dedos a tu luz: brillaba,
se alzaba hasta tus ojos, los besaba
con la fatiga en paz de quien se entrega.

Y alegremente mi alma repetía:
“Hoy amanece azul. Hará buen día”,
mientras tu mano la dejaba ciega.

 

 

 

domingo, 11 de enero de 2015

ANTONIO GALA



Sonetos de la Zubia. Nº 28
 

Ya yo me voy y tu promesa llevo
como quien agua en unas redes lleva,
que no es aquí ninguna traición nueva
y ningún juramento es aquí nuevo.

No sé por qué razón otra vez pruebo
a darte fe, si soy la viva prueba
de que en ti la mentira se renueva
igual que en el amor yo me renuevo.

Caerá el otoño sobre los frutales;
caerá al lagar el mosto desangrado
y en el campo las lluvias iniciales.

Caerá diciembre y me hallará cansado
de esperar, a destiempo, los rosales
que me ofreciste un día ya olvidado.

 

 

martes, 6 de enero de 2015

ANTONIO GALA


  

Sonetos de la Zubia. Nº 57

 

Porque me vienen siempre al pensamiento
tu esquiva condición y mi quimera,
me rinde, amor, tu falsa primavera,
confundidos en mí risa y lamento.
 
Quisiera deshacerme en un momento
de memorias amargas, y quisiera
abolirte de la árida ladera
por la que hoy sólo hablar se escucha al viento.

Se acercan otros labios a decirme
que es posible olvidar, que tu alegría
fue un milagro que el tiempo no renueva.

No puedo defenderme sin herirme.
Va el tiempo sordomudo, y todavía
no sale el sol y en la llanura nieva

 

 

lunes, 5 de enero de 2015

ANTONIO GALA


  

Sonetos de la Zubia. Nº 38

  

Cuando te vas me duelen la mañana,
el ramo de la acacia, el pensamiento.
De tu recuerdo sólo me alimento
y mi memoria sin error se ufana.

Cuando vuelves, la vida se me aplana,
se achica en ti, ya cotidiano y lento.
Pierdo, sin entusiasmo y sin tormento,
la gana de alagarte la desgana.


Qué puedo hacer con este vaivén triste
que sólo brilla cuando no apareces
y a la razón y al hierro se resiste.

Entre el amor y el desamor se mece:
un amor que marchita y malexiste,
un desamor que vibra y enaltece.

 

miércoles, 4 de abril de 2012

ANTONIO GALA




Me sorprendió el verano traicionero...



Me sorprendió el verano traicionero
lejos de ti, lejos de mí muriendo.
Junio, julio y agosto, no os entiendo.
No sé por qué reís mientras me muero.

Vengan nieve y granizo, venga enero,
vengan escarchas ya, vayan viniendo.
Troncos que fueron nidos ahora enciendo
y no consigo la calor que quiero.

Suelta la vida al viento falsos lazos:
no hay flor, ni luz, ni sed, ni amor, ni río.
Sólo hay un corazón hecho pedazos.

Agosto miente, amor, y siento frío.
Sin la tibia bufanda de tus brazos
aterido sucumbe el cuello mío.

martes, 3 de abril de 2012

ANTONIO GALA




Mediterráneo



Mi cinturón aprieta tu cintura,
y tu sonrisa, mi corazón.
Sobrevolamos las islas indecibles
y a nuestro paso las nubes se disipan.
¿Cómo regresar al beso la armonía
sin que la respiración se entrecorte?
¿Cómo planear la noche compartida
después de tanta ausencia?
Sólo el aire es aliado nuestro
porque nuestro deseo es de aire puro.
Cuando descendamos a la tierra
las alas deberán seguir batiendo:
el aire de las alas
es nuestro sostén único
y las alas del aire nuestro lecho.
Desembocan los ríos en los mares azules
como en tu pecho desemboca el mar.
Abrázame en tus alas
para que otro aire no me roce
sino tu aliento, del que vivo y muero.
Bajo el cielo impalpable
hecho de luz y espera,
abrázame, amor mío, con tus alas.
Abrázame sobre la corrompida
ciudad sagrada de los hombres.

lunes, 2 de abril de 2012

ANTONIO GALA






Maitines



Callad, amantes, y ocupad el labio
con el beso.  No pronunciéis palabras vanas
mientras se busca vuestro corazón
en otro pecho, jadeante y pobre
como el vuestro,
ya al filo de la aurora.

Cuando te poseí por vez primera
tocaban a maitines
en el Convento de las Mercedarias.
La tiniebla del aire estremecieron
repentinos palomos alterados.
Titubeante el alma sonreía,
sin comprender por qué, en torno a tu cintura.
Y luego, hasta la alcoba recién inaugurada,
fueron entrando laúdes y alabanzas
que mi alma repetía con orgullo
suavemente en tu oído.

Callad amantes y ocupad
el labio con el beso....

domingo, 1 de abril de 2012

ANTONIO GALA





Bajo los fuegos de fugaces colores...





Bajo los fuegos de fugaces colores
que iluminan el aire de la noche,
dame tu mano.
Mira abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes;
caen los frutos azules de la altura;
rasgan el negro terciopelo
las estelas de plata...
En tus ojos yo veo el frío ardor,
artificial y efímero
de los castillos que veloces surgen
y veloces se extinguen.
Dame tu mano: es todo cuanto tengo
en medio de esta falsa
riqueza, de esta dádiva
que fugazmente se otorga y se consume.
Así es todo: organizado y yerto
brota el amor, crece, se desparrama, se hunde,
vuelve la oscuridad
en la que, previsto y bien envuelto, yacía.
Nada, nada...
Dame tu mano. Entre los irisados estampidos
alegres sólo para los alegres,
se esfuma el corazón, igual que una girándula
demasiado mojada para arder o dar luz.
En este tornasolado e intrincado bosque
dame tu mano para que no me pierda.


sábado, 31 de marzo de 2012

ANTONIO GALA





Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas...



Bajo qué ramas, di, bajo qué ramas
de verde olvido y corazón morado
la roja danza muerde tus talones
y te estrechan amantes amarillos.

Desde qué repentina lontananza
giras, me nombras, saltas entre el aire,
mientras yo permanezco absorto en sueños
aún dormida creyéndote en mi alcoba.

Qué plateada tristeza te reviste,
si alegre hasta tu alegre voz acudo,
los pies descalzos, para entrelazarme
sal paso de tu danza apresurada.

Dónde te vas cuando te vas y lloran
las colinas, a solas con tu nombre
para siempre, hasta oír al lado mío
tu voz que me pregunta a quién aguardo
.


viernes, 30 de marzo de 2012

ANTONIO GALA




Aún eres mío, porque no te tuve...



Aún eres mío, porque no te tuve.
Cuánto tardan, sin ti,
las olas en pasar...

Cuando el amor comienza, hay un momento
en que Dios se sorprende
de haber urdido algo tan hermoso.
Entonces, se inaugura
-entre el fulgor y el júbilo-
el mundo nuevamente,
y pedir lo imposible
no es pedir demasiado.

Fue a la vera del mar, a medianoche.
Supe que estaba Dios,
y que la arena y tú
y el mar y yo y la luna
éramos Dios. Y lo adoré.



jueves, 29 de marzo de 2012

ANTONIO GALA




Alargaba la mano y te tocaba...



Alargaba la mano y te tocaba.
Te tocaba: rozaba tu frontera,
el suave sitio donde tú terminas,
sólo míos el aire y mi ternura.
Tú moras en lugares indecibles,
indescifrable mar, lejana luz
que no puede apresarse.
Te me escapabas, de cristal y aroma,
por el aire, que entraba y que salía,
dueño de ti por dentro. Y yo quedaba fuera,
en el dintel de siempre, prisionero
de la celda exterior.

La libertad
hubiera sido herir tu pensamiento,
trasponer el umbral de tu mirada,
ser tú, ser tú de otra manera. Abrirte,
como una flor, la infancia , y aspirar
su esencia y devorarla. Hacer
comunes humo y piedra. Revocar
el mandato de ser. Entrar. Entrarnos
uno en el otro. Trasponer los últimos
límites. Reunirnos.....

Alargaba la mano y te tocaba.
Tú mirabas la luz y la gavilla.
Eras luz y gavilla, plenitud
en ti misma, rotunda como el mundo.
Caricias no valían, ni cuchillos,
ni cálidas mareas. Tú, allí, a solas,
sonriente, apartada, eterna tú.
Y yo, eterno, apartado, sonriente,
remitiéndote pactos inservibles,
alianzas de cera.

Todo estuvo de nuestra parte, pero
cuál  era nuestra parte, el punto
de coincidencia, el tacto
que pudo ser llamado sólo nuestro.

Una voz, en la calle, llama y otra
le responde. Dos manos se entrelazan.
Uno en otro, los labios se acomodan;
los cuerpos se acomodan. Abril, clásico,
se abate, emperador de los encuentros.
¿Esto era amor? La soledad no sabe
qué responder: persiste, tiembla, anhela
destruirse. Impaciente
se derrama en las manos ofrecidas.
Una voz en la calle....Cuánto olor,
cuánto escenario para nada. Miro
tus ojos. Yo miro los ojos tuyos;
tú, los míos: ¿esto se llama amor?

Permanecemos. Sí, permanecemos
no indiferentes, pero diferentes. Somos
tú y yo: los dos, desde la orilla
de la corriente, solos, desvalidos,
la piel alzada como un muro, solos
tú y yo, sin fuerza ya, sin esperanza.
Idénticos en todo,
sólo en amor distintos.
La tristeza, sedosa, nos envuelve
como una niebla: ése es el lazo único;
ésa la patria en que nos encontramos.
Por fin te identifico con mis huesos
en el candor de la desesperanza.
Aquí estamos nosotros: desvaídos
los dos, borrados, más difíciles,
a punto de no ser....¿Amor es esto?
¿Acaso amor es esta no existencia
de tanto ser? ¿Es este desvivirse
por vivir? Ya desangrado
de mí, ya inmóvil en ti, ya
alterado, el recuerdo se reanuda.
Se reanuda la inútil existencia....
Y alargaba la mano y te tocaba.

miércoles, 8 de febrero de 2012

ANTONIO GALA




Condena



A trabajos forzados me condena
mi corazón, del que te di la llave.
No quiero yo tormento que se acabe,
y de acero reclamo mi cadena.

Ni concibe mi mente mayor pena
que libertad sin beso que la trabe,
ni castigo concibe menos grave
que una celda de amor contigo llena.

No creo en más infierno que tu ausencia.
Paraíso sin ti, yo lo rechazo.
Que ningún juez declare mi inocencia,

porque, en este proceso a largo plazo
buscaré solamente la sentencia
a cadena perpetua de tu abrazo.