lunes, 27 de noviembre de 2023


 

EUTIQUIO LEAL

 


 

Horizonte

 

Deshollejando al viento, la dicha, la manzana…
de esta abierta calleja lunática de ahora
se nos ha escapado alguien?

Todo lo que tiene aura, color, canciones, osamenta…
Por ejemplo la luz, el agapanto,
los ojos de la noche, voladores audaces,
la caracola atlada de ilusiones geológicas,
el verbo solferinamente erguido
en jugos cálidos o polen de peñasco y golondrina.

¿Quién habita hoy en estos corredores
del pecho o las estrellas, del calor insurgente,
en nuestras horas lilas empozadas al fondo
de los días traspuestos
o poemas tomados de cofrecillo ajeno?

¿Todo el vacío, toda la negrura,
solo el trueno interior que nos devora
sin ningún cese al fuego, ya sin canto posible?
¿Solo el yelo y ya sola la roseta
de dinamita extraña a alquilada, imprevista,
solo el desplome anónimo de la espiga en la frente?

Atrevida allá al frente
una ventana en alto, su soñador abierto a la mañana,
las barandas del Cosmos, el vórtice del tiempo…
este anhelo amatorio que somos a porfía
con el ritmo vidente, raizal, constitutivo
que aguja desde adentro de la tierra
revivida o tremenda, solidaria o utópica…

 

FEDERICO CÓNDOR

 

 


 

Muerte II

 

Por nuestras venas no corre sangre
sino óxido
ríos de tiempo erosionan las rocas
de nuestras vidas

Por nuestras venas
corren cosas viejas
una noche de miedo
un paseo por el bosque
los juegos que se quedaron atrás

Por nuestras venas corre niebla
espacios abiertos llegan a los ojos
cuando estamos tristes
para que lloremos
Por nuestras venas corren voces
sonidos que estallan cuando llegan a la boca
para que cantemos cuando estemos contentos
o gimamos
cuando estemos lejanos

Por nuestras venas corren enanos con destornilladores
nos aflojan la piel
los ojos
los recuerdos

Cuando terminan
quedamos desparramados en una caja

Por nuestras venas
corre la muerte

 

 

HUGO JAMIOY JUAGIBIOY

 

 


 

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Rompe el aire, Kinde.

En el patio de mi casa
sentado espero tus anuncios;
danzando tus alas
alguien de mi casa
volará el viaje sin retorno;
suspendiendo tu cuerpo
los pasos de un caminante
brindarán su estancia;
cantando tu trompeta
llamas diminutos cristales del alto gris.
debo entrar a mi rancho,
tal vez mi madre esté llorando;
por hoy ya no danzarás más.

Colibrí de verano, vuelve,
quiero saber más.
Aletea tus pasos,
danza con otro ritmo tus alas,
florecerá un retoño.

No cantes tu trompeta
suspende tu cuerpo
disfruta del verano;
también mi madre
quiere sentarse conmigo
a esperar tus anuncios.

 

 

FERNANDA MARTÍNEZ VARELA

 

  


 

una pareja recostada
a un lado de una tienda de retail
comparte en las afueras de la ciudad
ratas que les hurgan los pies
un pedazo de pizza o queso
y masa no crujiente
revela nacionalidad
del cocinero
contrato
edad

el peso de una misma cucaracha
la carcoma de su cuerpo al reventar
sin querer, unos mueren
sin querer,
alguien dice
y los apunta, la saliva
pastosa en comisura
la bocanada de crack
mientras se besan son
ante la gente que los mira
inasequibles

 

 

RUTH LLANA

 

 


 

Casa de madera

 

En la carcomida en la desvencijada tallado con suerte y deseo, sin cimientos honrarás tu nombre nombrarás destellos luz agua acercamiento calcinación de hueco húmedo es el fuego te advertirán al asombrarte en la estructura carcomida la polilla honrará tu casa, la estructura regalada al cobijo diseño perpetuación erigirás monumento erigirás y sin embargo no te será todo dado, habrás de “cortar la madera” “lijar la madera” “barnizar la madera”, tratarla con las manos “sopla sale brizna” centelleo dentro del ojo no se queja al posar la mano clavo contra clavo pulir sus bordes colocar tabla contra tabla tablón no conduce la electricidad pero sí el fuego, construirás casa ceniza en la boca cuando pronuncies “hogar” el nombre del ser amado un refugio que se sucede, manos vacías, una casa calcinada cabe en la palma de la mano

 
You don’t have to consume the space to exist,
distance, point-to-point, in which a beloved
ruin is middle ground, for example.

Mei-mei Berssenbrugge, “Permanent Home”

 

Perder una casa no por cataclismo o inundación, sino por enajenación de los materiales, por distancia entre las paredes, mal calculada, como posición entre el dedo y el rostro, como columna que sostiene la estructura.

Perder una casa por inanición, por plaga, polilla en las vigas. Perder una casa por ojos, por constancia. Perder una casa por ti, por ruptura, por balance.

Como fisura como arriendo como perdura

Perder una casa por temblor de tierra, por alejamiento entre las vigas, por falta de luz, por ceguera. Perder una casa por depravación y enfermedad, por soledad, por atmósfera, por humedad en las esquinas superiores de la sala; perder por vértigo, por maltrato, por abandono, por ocultación; perder por caída en el asfalto, por accidente, por lluvia continuada sobre las tejas, por ladrido de perro, por dejadez.

Una casa por necesidad, por pared contra pared, por ventana de aislamiento, por muebles de madera noble, por decoración y lujo. Una—

Una casa por demolición y herencia, por robo. Una casa por un plato de lentejas. Una casa por golpe de quijada de asno.

Perder una ruina por una ruina. Por el canto de una moneda. Por el filo de un diente perder
por consunción    una casa    un   pedazo   de   tierra

 

 

De: “La primavera del saguaro”

 

MÓNICA BRAUN

 

  

 

Traición

 

Dejaba caer voces de lluvia sobre las paredes de un edificio en cascajo, como su corazón. Aplaudía la sangre ofrecida en espectáculo pues le temía a la navaja del barbero, a un simple cuchillo de cocina. Podía meter un ojo mecánico en su jaula, pero no sacar sus ojos de su encierro.

Vino suplicando un incendio y luego huyó con sus muecas de espanto su hermana sorda su padre esquizofrénico su madre de ojos secos. Buscaba la aridez del jardín bucólico para sembrarlo en su pantano, la perfecta facilidad para tomar un fruto. Era una planicie sin eco, un círculo de perfecta inmovilidad. No era sino el reflejo sordo de mi propio incendio, estrellas muertas.

Dejó un rastro de alfileres rotos. Desfiguró con su voz el aire pronunciado, le quitó su redondez a las palabras. Todo lo empañó su turbia respiración. Le di una cobija y me devolvió una madeja de sucia lana.

Y siempre que prometa su corazón como una ofrenda habrá de recordarlo.