Traición
Dejaba caer voces de lluvia sobre las paredes
de un edificio en cascajo, como su corazón. Aplaudía la sangre ofrecida en
espectáculo pues le temía a la navaja del barbero, a un simple cuchillo de
cocina. Podía meter un ojo mecánico en su jaula, pero no sacar sus ojos de su
encierro.
Vino suplicando un incendio y luego huyó con
sus muecas de espanto su hermana sorda su padre esquizofrénico su madre de ojos
secos. Buscaba la aridez del jardín bucólico para sembrarlo en su pantano, la
perfecta facilidad para tomar un fruto. Era una planicie sin eco, un círculo de
perfecta inmovilidad. No era sino el reflejo sordo de mi propio incendio,
estrellas muertas.
Dejó un rastro de alfileres rotos. Desfiguró
con su voz el aire pronunciado, le quitó su redondez a las palabras. Todo lo
empañó su turbia respiración. Le di una cobija y me devolvió una madeja de
sucia lana.
Y siempre que prometa su corazón como una
ofrenda habrá de recordarlo.
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